martes, 14 de agosto de 2012

Abrazos, besos ....la vida sigue

Y por fin ha llegado  el mes de Agosto y las calles se han llenado, aunque dicen que menos que otros años. Y digo "dicen" porque nunca había contemplado las calles desde este lado de la barra. Los que me conocen saben de qué hablo. A mi me parece que hay más gente, aunque, eso sí, menos consumo. No puedo evitar pensar en otros veranos, cuando  los días se transcurrían unos a otros a velocidad de vértigo, juntándose en las inciertas horas de la madrugada, cuando cansados por el ajetreo de las fiestas regresábamos a casa. Con escasas horas para descansar porque apenas nos echábamos en la cama, contábamos las horas que faltaban para regresar a la taberna.Había que preparar el vermut, las tapas. Había que estar listos para recibir a nuestros clientes. Y me vienen a la cabeza aquellas frases de José Luis, cuando al decirle yo "tus clientes te esperan" el me respondía "nuestros clientes nos esperan a los dos".
Esos mismos clientes que ahora me encuentro paseando por la calle y me paran para abrazarme y me preguntan cómo estoy, cómo me va, sí voy a trabajar, cómo he pasado estos meses, ya casi nueve. Y en el fondo de sus palabras puedo comprobar el gran aprecio que le tenían. Estos que fueron primero sus clientes, más tarde, los nuestros,  ahora forman parte en el recuerdo de esos años maravillosos que compartieron con él, de esos años mágicos que parecía que iban a ser eternos y que se han desmoronado de repente. Esos años cuando el saltaba detrás de la barra y yo le decía "eres como un niño y tu taberna es tu jueguetito preferido" esos años cuando al grito de "las pelotillas" nos poníamos en guardia para que no le faltaran a nadie.
Y ahora recorro las calles y tengo ganas de salir corriendo, pero cuantas más ganas tengo de huir más me empeño en permanecer, para seguir dando besos y abrazos. Dios mío, me digo a mi misma, con lo poco besucona que soy, estoy dando estos meses más besos que durante  toda mi vida, no me lo puedo creer. Pero esas personas que me paran se merecen que las reciba con los brazos abiertos, porque formaron parte de una época entrañable y ahora permanecerán en mi recuerdo para siempre en un lugar especial.
Ya no está la taberna, que seguirá siendo un hueco vacío en nuestro corazones, pero cuando pase el verano y todo vuelva a la normalidad y yo haya puesto en orden mi vida, comenzará una nueva etapa. Volveré al trabajo, quizá de nuevo detrás de una barra, y volveré a verles en el otro lado. Y es posible que sea capaz de trasmitir todo lo que aprendí con él y quién sabe si su espíritu seguirá latente a nuestro lado animándonos a ser felices. Yo de mayor quiero ser feliz, decía a menudo. Y cuantos le conocían saben que nos enseñó la manera de conseguirlo.
Gracias a todos cuantos pasasteis por La Bernarda y seguís dándome muestras de cariño. Este verano es mi prueba de fuego, con vuestro cariño ha sido más fácil.

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