miércoles, 12 de abril de 2017

Un viejo armario (reflexión del 12 de Abril)

En otras ocasiones he hablado de los círculos de la vida que se abren y se cierran. Lo que no he dicho es que cuando esos círculos se cierran pueden resultar doloroso porque es posible que signifique que se cierra una etapa de la vida que, como todas las etapas, no vuelve. 
Las personas nacemos en el seno de una familia donde, mejor o peor, satisfacemos nuestras necesidades vitales. Somos como armarios que poco a poco se van llenando de toda clase de artículos. Somos como actores secundarios en una obra donde los protagonistas son aquellos que nos propician todos esos artículos. Poco a poco vamos cogiendo protagonismo en la medida que comenzamos a decidir nuestras vidas hasta convertirnos en el protagonista principal. 
Es entonces cuando otros, a menudo, rebuscan en nuestro armario y van tomando artículos para satisfacer sus necesidades. Y buscan y buscan mientras sigue habiendo objetos que necesitan. Algunos  dejan dentro de ese armario dosis de cariño a cambio; otros se olvidan de hacerlo. 
Va pasando la vida y poco a poco perdemos protagonismo en la medida que aquellos que vaciaron nuestro armario, lo van cogiendo. Y de ser protagonistas pasamos a convertirnos en actores secundarios. Es entonces cuando las visitas al armario se reducen porque ya no necesitan nada de nosotros. Ya solo abren la puerta de vez en cuando hasta que un día dejan de abrirla. 
Esos armarios que al principio ocupaban un lugar importante en la casa, poco a poco van siendo relegados en habitaciones que casi nadie ocupa. Y un buen día, cuando nos damos cuenta de que la vida  ha pasado a demasiada velocidad, descubrimos que estamos en un desván abandonado, donde nadie se acerca para seguir abriendo las puertas de ese armario y comprobar si sus bisagras siguen funcionando, si su madera ajada por el paso del tiempo necesita una capa de barniz. Es entonces cuando hemos dejado definitivamente de ser protagonistas, ni siquiera secundarios, del teatro de la vida; actores silenciosos sin papel a los que nadie llama; actores olvidados que ya cumplieron su cometido y como los demás están ocupados en ser protagonistas de sus vidas, cosa normal y necesaria, no recuerdan que en un desván oscuro y solitario pasa sus días ese viejo armario que hace mucho ocupó el salón principal de la vida, porque su círculo se ha cerrado, tan solo por eso. Ley de vida. 

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miércoles, 1 de marzo de 2017

Te llames como te llames


    Me invade últimamente una especie de hastío cada vez que escucho el telediario, porque cada vez manipulan la información más impunemente. Hay que ver con qué facilidad lavan la cara de algunas noticias o ensucian la de otras. Un caso reciente lo hemos tenido en el veredicto del caso Nóos; yo creo que si siguen hablando de él, terminarán pidiendo la canonización de la Infanta. Me asombro al ver la frialdad con que se han hartado de pregonar casi unánimemente la inocencia de la Infanta. Vamos a ver, inocencia lo que se dice inocencia creo que la perdió hace mucho, algo así como el día que se prestó a beneficiarse de los desfalcos de su marido y se gastó con total conocimiento de causa lo que le dio la gana. Si estuviera tan exculpada no tendría que pagar casi un cuarto de millón de euros como responsable civil de lo acontecido.

Ella sigue diciendo que es inocente, y su marido también. Pues que sepa que a la Pantoja por decir lo mismo le cayeron dos años y fue derechita a la cárcel. Que ella, la Infanta, no sabía nada de nada de los ires y venires de su Iñaqui. A ver si va a  resultar que con esto de "no sabe, no contesta" y con aquello de hacerse la tonta, se ha librado del zancocho, como el que no quiere la cosa. Pues que mala vista tienen los de la Caixa, que llevan años pagándole su buen sueldo, solo por hacerles el paripé; porque si es tan tonta como ha intentado hacernos ver, no lo entiendo. 
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No solo con esto, ha salido publicado en los medios que está muy disgustada por la condena de Urdangarín. A lo mejor es que quería que le añadieran años; porque pensar de otra manera sería entender que se está riendo de los españoles. 

Absuelta sí, queda absuelta aunque multada; pero esto no evita que el pueblo, que no nos tragamos lo de la tontería, pensemos que ha sido culpable al menos de reírse de un pueblo  que , entre otras cosas, la ha mantenido muchos años; al que no estaría nada mal que pidiera perdón. Por lo menos, hasta dónde yo sé, no lo ha hecho. 
Por cierto, no entiendo esa insistencia casi enfermiza de pregonar que por fin se ha demostrado que la justicia es igual para todos. Ignoro a qué se refieren, porque demostrar lo que se dice demostrar lo único que ha quedado demostrado algo que sospechábamos hace mucho, que existe un doble rasero para impartir justicia según  los apellidos que lleves o  la clase social a la que pertenezcas. Porque lucrarse a costa del pueblo es grave, pero hacerlo cuando el pueblo pasa hambre es un delito que no debería tener perdón, te llames como te llames o seas todo lo tonta que quieras ser. 



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viernes, 6 de enero de 2017

Las cosas no cosas de la Navidad


Recuerdo que cuando era niña la víspera de Reyes solíamos colocar los once pares de zapatos (padres y nueve hermanos), llenos de turrón para obsequiarles cuando llegaran cargados de regalos. Yo siempre me había preguntado cómo eran capaces de comer todo el turrón que les daban en las casas. Cuando descubrí la respuesta sentí un gran alivio. Porque entonces me di cuenta de por qué otros niños recibían mejores regalos. 
Cuando mis hijos eran pequeños jamás les oculté quienes eran de verdad los Reyes, para que entendieran por qué sus regalos eran diferentes (peores). 
Pero un día me dí cuenta de que hagas lo que hagas siempre lo harás mal. No se trata de mantener la ilusión, ni de bajar a la realidad; se trata de hacer siempre lo que crees mejor. Y aún así te estás equivocando. 
Hace poco me llegó una felicitación que decía que las mejores cosas, no son cosas. Y es verdad. Y esas "no cosas" son lo que de verdad importa. 
Que este Año los Reyes nos traigan a tod@s montones de "no cosas" que por lo menos yo ya me estoy cansando de tanto carbón.

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