Calamidad tiene la mala costumbre de pensar y a veces da tantas vueltas a las cosas que parecen girar como en una noria cuyo freno se ha roto. A veces se le enquistan los pensamientos permaneciendo dentro de un círculo del que no pueden escapar.
Le ocurrió cuando se divorció y se quedó sola con sus tres hijos. Le ocurrió cuando perdió a su segundo marido J.L. Le ocurrió cuando falleció su hijo T. Le ocurrió cuando su nuera le montó una bronca semejante a un volcán en erupción. Le ocurrió cuando colgada de un precipicio su hijo I le soltó la mano. Le acurre a cada momento cuando su hijo J le promete cosas que no puede cumplir.
A veces se pregunta si hubiera sido diferente de haber tenido una hija. Seguramente la habría comprendido mejor o seguramente no. Es posible que se hubiera sentido más acompañada o es posible que no. Pero eso no se puede cambiar y tiene que apechugar con lo que le ha tocado. Lo que si puede cambiar es esa maldita manera suya de pensar, aunque es verdad que no puede evitarlo. Pensar, pensar y pensar. Es lo único que le queda, sus pensamientos y ella acurrucada en una esquina esperando a ver si le llevan a alguna parte o quizá nacieron para ser solo pensamientos.
Leer más...

