viernes, 12 de marzo de 2021

Lucha de sillones (uf, esto no huele nada bien)

 Cada día los hechos dejan constancia de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¿Qué digo dos? y doscientas también. No quería hablar de nada que tuviera que ver con la pandemia actual que padecemos, pero es que no solo padecemos la pandemia, sino que también estamos acorralados por una deficiente gestión de la misma, que a falta de ser sanitaria es más política que otra cosa.

    No se entiende que con lo que la población estamos  padeciendo con las consecuencias de la pandemia, nuestros políticos se dediquen a proponer mociones de censura para intentar afianzarse en el poder. Si por mi fuera dejaría los temas políticos en pausa total hasta que se solucionara la pandemia, y desde luego hay muchos que dan muestras claras de que no merecen gobernar. Y no me refiero solo a los que se han saltado las listas para vacunarse antes, me refiero también a los partidarios de imponer normas discriminatorias que confunden a la población. Cuando deberían calmar a la población, la están alterando cada día con tanto despropósito. Porque no se entiende, por mucho que ellos lo quieran justificar con argumentos sin sentido, que los españoles estemos con confinamientos perimetrales y se está dejando entrar extranjeros que circulen libremente por nuestro país. Nos dicen que vienen con pcr y no es cierto, no hay más que ver los que se cuelan por las fronteras de a pie sin ningún tipo de control. Y así, mientras los españoles nos quedamos en casa, sin poder reunirnos con los nuestros, tenemos que ver cómo los de otros países se saltan toques de queda y organizan fiestas. 

   Pues no se puede entender que estemos sin poder visitar a nuestras familias y para ellos ancha es Castilla. 

    Y esto es solo por poner un ejemplo, pero hay muchos más. 

    El último lo que ha pasado en la Comunidad de Murcia, Madrid, Castilla y León. Que parece que los políticos hayan saltado al circo y como leones intenten asegurarse un puesto que no merecen. Poco sentido común. 

    Yo eliminaría a todos los políticos de la nación mientras siga muriendo gente y pondría unos gestores, que fueran expertos en gestión de pandemias, para se colocaran al frente, libres de ideologías que empañaran su gestión; que muchas veces esas ideologías no hacen sino enmascarar los intentos descabellados por permanecer  en el poder, un poder que ni merecen ni saben gestionar a la vista de los resultados. Y todo ello abogando que lo hacen por los ciudadanos: si de verdad les importáramos se dejarían de luchas internas por conseguir sillones y se preocuparían de que no siga muriendo gente por esta pandemia. Porque estaréis de acuerdo conmigo en que hay un olor extraño en nuestro país que no huele nada bien...

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lunes, 8 de marzo de 2021

Pinceladas del 8 de marzo.

 Nunca he sido de celebrar "días de" porque creo que no sirven para nada más que para crear un alboroto que casi nunca llega a ninguna parte. Lo siento. Pero es lo que pienso. Sin embargo, y sea una excepción, este año hablaré sobre el 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, o sea de todas las mujeres, porque todas trabajamos de un modo u otro.

   Soy también una mujer "antimanifestaciones", que son muy patentes pero de escasos resultados. Y es que las guerras muchas veces no se libran solo en el frente. Y, como es el caso del feminismo, más de lo mismo. No me parece que salir a dar gritos sea algo de lo que te debas sentir orgullosa, entre otras razones porque siempre he pensado que conseguir las cosas a gritos no es de personas educadas ni maduras. Como tampoco pienso que las reivindicaciones que se hacen a pecho descubierto sean la mejor manera de representar colectivos de ninguna clase. Reivindicamos la igualdad con los hombres, y sin embargo a veces nosotras mismas nos rebajamos sin darnos cuenta. 

     Hay muchas feministas que confunden el feminismo con actitudes de odio a los hombres. Pero hay muchos hombres, cada vez más, feministas. No  tenemos por qué enfrentarnos a ellos, sino caminar con ellos en igualdad de condiciones; de eso se trata ni más ni menos. Y para eso no hace falta dar gritos. Muchas mujeres a lo largo de la historia han sido feministas sin gritar, con acciones más contundentes. Durante la guerra de la independencia en 1808  las mujeres salieron a pelear junto a los hombres; Agustina de Aragón sin plantearse su igualdad a los hombres hizo lo que pensó que debía hacer; coger las armas y salir a la calle, junto a otras muchas mujeres que la imitaron. Años más tarde en 1838 también fueron las mujeres las que durante el sitio de Zaragoza pelearon con todas las armas a su alcance para conseguir la victoria y utilizaron cacerolas, sartenes, aceite irviendo y todo lo que se les ocurrió para conseguir el retroceso de los franceses. Y no habían salido a gritar pero hicieron lo que había que hacer. 

    Este año hay mucha polémica con respecto a la celebración del día de la mujer, que, debido a la pandemia, va a ser diferente. Pero no hay que rasgarse las vestiduras. Hay muchas maneras de reivindicar nuestros derechos a través de otros muchos medios. Están las redes sociales con una influencia mucho mayor que varias manifestaciones juntas, que no hace falta dar gritos, cuando a través de las palabras se puede conseguir lo mismo. Que no se diga que las mujeres del Siglo XXI no sabemos hacernos oír porque nos impiden salir a la calle. En estos momentos nuestros problemas no se solucionan cogiendo las armas, pues utilicemos el diálogo, los buenos argumentos y el trabajo de cada día,  para derrotar al enemigo, que hoy por hoy sigue siendo la desigualdad social. Pero no olvidemos una cosa, el feminismo no es solo cosa de mujeres de izquierdas. 

    Todos los medios son igualmente válidos para hacerse oír. A mi personalmente hay feministas que no me representan, además ¿por qué necesitamos que nos representen? Debemos bastarnos para representarnos a nosotras mismas, con nuestra manera de ser personal. 

    A veces el feminismo peca de intolerante con otras mujeres que piensan diferente; olvidan que quizá hay mujeres que  quieren ser feministas de otro modo y se sienten bien en su rol de "mujeres florero". ¿Por qué habría de importarnos? ¿Por qué tenemos que ser todas iguales? ¿por qué pensamos que las mujeres florero son menos feministas? Podría hablar un  día entero sobre esto pero tampoco voy a disertar sobre un tema del que ya tenemos datos más que de sobra. Son pinceladas.

     Nunca me he parado a pensar si soy o no feminista, no necesito poner nombre a mis actos porque esto no explicaría del todo mi manera de pensar. Soy una mujer que vino a este mundo dando guerra, y que su lucha de esos primeros días han sido un avance de toda una vida. Y no soy guerrera, soy muy normalita y desde la sombra he reivindicado lo que creía y no pienso que por reivindicar desde el silencio  sea ni menos ni más que otras, lo importante no es encasillarse en un nombre sea el que sea, lo importante  es ser coherente. Y en estos momentos de pandemia lo coherente sería demostrar que las vidas nos importan más que salir a dar gritos. Que ya habrá tiempo de gritar cuando la gente deje de morir. 

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lunes, 15 de febrero de 2021

Enamorarse. Reflexión de andar por casa.

      Sus amigos de aquella época la llamaban Cataclismo, que para abreviar le decían Cata. Y es que Cata era mucha Cata para según que cosas, como las que tenían que ver con el corazón. A esas alturas de su vida ya no creía en los apasionamientos desorbitados, ni en los flechazos, y se había vuelto de los más práctica, que no estaba la vida para desperdiciarla en tonterías. 

      Después de descubrir que el príncipe azul las más de las veces desteñía, se había propuesto seguir una regla de oro, creada por ella misma, para averiguar cuándo era amor y cuándo cualquier otra cosa.

     A menudo las personas no saben si están o no enamoradas, pero ella lograba saberlo siguiendo una regla la mar de sencilla. Cuando le gustaba alguien hacía una lista de defectos del susodicho y si a pesar de todos los defectos que, a menudo eran muchos, le seguía gustando es que estaba enamorada. Una regla casi infalible y digo casi porque nada hay perfecto en este mundo y menos en el  de los sentimientos. No era muy romántica pero a ella le servía para no equivocarse. Tampoco es que se enamorara a dos por tres y cuando lo hacía , no fallaba. 

     Y es que Cata cuando amaba lo hacía de verdad, con todas sus consecuencias y si había que arrasar, lo hacía. 

     A su edad los amores platónicos estaban de más, porque demostrado estaba que con ellos casi nunca te comías un rosco y tampoco estaban las cosas como para desperdiciar años. En otra época ella había sido más romántica, pero la vida que enseña de todo, la convenció de que las sensiblerías no llevan a ninguna parte. No le importaba equivocarse y cuando se equivocaba, lo hacía con el estilo que le daban los años, que ya cargaba sobre su espalda. Que para todo hay que tener estilo. 

      Nunca se había parado a pensar cómo sería su hombre ideal, porque daba por hecho  que no existe nadie ideal, ni hombre ni mujer. Porque lo interesante era encontrar alguien que te cuadrara con todas sus anomalías e imperfecciones. Claro que lo difícil era encontrar a alguien del otro sexo que pensara como ella, porque la mayoría de la gente tiende a ser romántica en cuestiones del corazón. Tampoco entendía la idea de posesión que despertaba el amor en las personas, cuando lo bonito es dejar volar libre a quien quieres, respetar el espacio del otro y dejarle respirar, sobre todo dejarle respirar. 

     Esa era su teoría del amor incondicional, la teoría de Cataclismo. Me pregunto cuánta gente que ha celebrado este año S.Valentín pertenecen a este grupo...


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jueves, 4 de febrero de 2021

Calamidad es mucha Calamidad.

      Hace tiempo que no vemos a María Calamidad por estos lares y es que está tan aburrida y cansada de esta pandemia y de la ineptitud de los políticos que no saben por dónde cogerla, que no le quedan ganas ni de respirar.

     Pero Calamidad ha sacado fuerzas de flaqueza para expresar sentimientos; porque nos estamos olvidando del mundo de los sentimientos. Nos estamos olvidando de sonreír aunque sea con los ojos, de besar aunque sea con el alma, de abrazar aunque sea con las palabras, de caminar hacia delante aunque sea saltando vallas. Estos tiempos atroces que nos están tocando vivir están minando la moral y Calamidad está cansada. Ella vive prácticamente confinada hace meses, porque solo sale para ir al supermercado, al estanco, a la farmacia y a pasear a su perra. Y si no fuera por la perra todavía saldría menos. 

     Pero Calamidad tiene su mundo de  fantasía, que la visita un día si y otro también para recordarle que la fantasía también es un modo de vida. ¿Qué sería ella sin la fantasía? Ella no necesita atravesar un espejo para sumirse en un mundo imaginado donde pasan las cosas que tienen que pasar. A ella le basta cerrar los ojos para sentirse transportada a un mundo que solo existe en la mente de los valientes, de los incoformistas, de los luchadores. Un mundo donde se puede ser transgresora ignorando normas carentes de sentido, que llevan a la infelicidad más absoluta. Esta es mi Calamidad, la mujer que cuando hace falta sabe saltar sobre los principios porque piensa que las personas son más importantes. 

     Ella también querría ser importante para alguien. Que hubiera alguien que por ella fuera capaz de saltarse los principios y sortear los prejuicios que joroban las relaciones. Aunque mucho se teme que no existe ese alguien. 

     Calamidad solo habla con su perra desde hace meses, es la que mejor la entiende, la que siempre está dispuesta a sentarse a su lado para recibir sus caricias, caricias que enamoran el alma de la perra. 

     Calamidad tiene unos ojos que también enamoran, por lo menos eso le han dicho en algunas ocasiones. Será porque el color gris refleja la intensidad de su mirada, que no desperdicia rincones, que no pasa por alto otras miradas. Porque los ojos hablan y los de Calamidad lo dicen todo cuando la miras. No hacen falta palabras, ni gestos. Solo mira sus ojos y sabrás cómo es, cómo siente, cómo ama. Podrás descifrar lo que siente por ti, lo que le duele de ti, lo que espera de ti y lo que sabe que no le darás. 

     Mírala de cerca y observa como se estremece, con un temblor imperceptible para otros, pero no para ti. Y temblará porque te ama, o porque te odia, o porque no sabe lo que siente por ti. Pero temblará por ti. Mira de cerca su ojos y sentirás que te cuchichean al oído palabras inaudibles para otros, pero no para ti. Solo tienes que escuchar su mirada para saber que nunca una mujer estuvo al mismo tiempo tan cerca y tan lejos de ti.

     Y como siempre le pasa, Calamidad se ha dejado llevar por su imaginación y ha tirado para el monte, donde viven las cabras y se ha subido con ellas al peñasco más alto. Ella se siente bien allá arriba porque no ve peligro. Algunas personas que la han visto dicen que a veces, cuando cree que nadie la ve, de esconde tras unas rocas y mira fijamente al infinito, sin hacer nada...y pasa  horas así. Solo mira y espera...Y es que Calamidad es mucha Calamidad. 

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martes, 12 de enero de 2021

Un pueblo tirado en la cuneta. Menos reñir y más trabajar.

      Hace unos meses nos obligaron a llevar una mascarilla contra el covid y pensábamos que esto era la solución para combatir esta pandemia. Pero en  lugar de ir a mejor, hemos empeorado considerablemente y hemos llegado a unos límites que no nos imaginábamos ni remotamente. La mascarilla no es la panacea que terminará con esta pandemia, porque hasta no hace mucho no se sabía ( y si se sabía, se ignoraba) que este virus se propaga por aerosoles. Y tuvimos que tirar de diccionario para averiguar qué demonios eran los aerosoles, que a la mayoría nos sonaban a desodorantes o ambientadores al uso, y averiguamos con horror que estábamos metidos de lleno en la guarida del lobo.
     Los aerosoles son muy peligrosos en sitios cerrados y no es muy lógico que se obligue a la población a llevar mascarilla en sitios abiertos, cuando la transmisión se lleva a cabo en sitios cerrados, donde hasta hace poco nadie llevaba mascarilla. Porque incluso en nuestro domicilio deberíamos llevarla si es así. 
     Dando por hecho que la gestión de está pandemia deja mucho que desear, tenemos que constatar otros aspectos. Se primó apoyar la economía en la medida de lo posible, porque entre morir de covid o de hambre no hay tanta diferencia. Pero resulta que en sitios donde la economía ha estado más parada, tampoco se ha solucionado mejor la situación y allí donde las medidas han sido más estrictas tampoco gozan a estas alturas de mejores resultados. 
     Y entre col y col... va y llegan los españoles, que son muy bravos y algunos se saltan las medidas a la torera porque el tema no van con ellos. Que son una minoría, pero una minoría que se nota mucho y está contribuyendo a la propagación de la pandemia, provocando que gente que sí que ha cumplido las normas, enferme. Y se han criminalizado sectores de la población, lo cual es bastante injusto, porque como digo los incumplidores son los menos y no es razón de criminalizar a nadie. Sobre todo se ha criminalizado a los jóvenes cuando hay una mayoría d e ellos que están siendo cumplidores con las medidas. Porque, claro, hay que culpar a alguien. Y al gobierno le va bien que nos peleemos entre nosotros. ¿Qué si no ha hecho el gobierno durante todo este tiempo, sino hacer que parezca que la propagación de esta pandemia se deba los incumplimientos de las normas por parte de los ciudadanos y no a la gestión tan nefasta que se está haciendo de ella por parte suya?

     Y ,como si no fuera bastante larga la lista de despropósitos, nos cae encima un temporal y nieva donde no suele hacerlo y ¡venga, todos a  tirarnos bolas y a presentarnos en lugares públicos abarrotados de gente, que la nieve es muy bonita!, en lugar de quedarnos en casa aprovechando la circunstancia para contribuir a frenar la pandemia. Lo que deberíamos saber es que  la nieve es bonita en otras circunstancias, no ahora, cuando estamos  con la soga al cuello. Luego vienen los patinazos, las caídas, los golpes, que nos obligan a saturar las urgencias, más de lo que están, contribuyendo a una situación que nunca debería haberse dado en estas circunstancias porque mientras se pone yeso en una pierna rota, se deja de vacunar a equis personas o de atender a equis covid. 

    Un poco de sentido común, que aunque sea el menos común de los sentidos, debería darnos las claves de lo que podemos o no hacer, independientemente de la mala gestión de esta crísis. Porque ellos, los políticos, ya tienen bastante con echar balones fuera, inculpándose unos a otros todo el rato, olvidando lo que hace meses les rogaron los ciudadanos: que hicieran un frente común y se pusieran a trabajar por este pueblo que les necesita y al que han dejado tirado en la cuneta. Porque sí, así es y así nos sentimos todos. 

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jueves, 5 de noviembre de 2020

Más batiburrillo .

  Esta mañana he abierto el facebook que me ha preguntado "¿Qué estás pensando Sofía?" Y si yo le dijera lo que estoy pensando igual me echaban del facebook. Así que seré cauta y precavida y escribiré solo los pensamientos que se puedan leer.

Por si no era suficiente el batiburrillo politiquero que tenemos montado, ahora vienen los estado unidenses a liarla m ás gorda todavía. Bueno, ellos no, pero parece que D. Trump la está preparando bien pero que bien gorda. Ya se veía que él no era de perder, o mejor dicho, de bien perder. Pero como no se sabe todavía qué va a pasar, de momento dejo este tema.
Que por ahora ya tenemos bastante con lo nuestro y nuestro modo de afrontar la pandemia, que no es otro que hacer cada cual lo que nos parece. Valga esto también a nivel de administraciones, que tenemos tantas que no sabemos qué hacer con tanta norma. Porque primero viene el presidente de la nación y pone sus normas, luego están los presidentes autonómicos y añaden las suyas; pero es que luego están los alcaldes que siguen añadiendo otras. Y con tanta norma, llegamos a un punto que no sabemos qué norma vale y qué norma no, qué norma era de ayer que ya no vale hoy y qué norma de hoy seguramente no valdrá mañana. Luego están las recomendaciones, que se mezclan con las normas y nos pasamos el día preguntándonos "¿esto será norma o recomendación?" Porque claro las recomendaciones se cumplen a criterio de cada cual y todos tenemos mucho.

Mientras tanto los ciudadanos de a pié, esperamos con preocupación que no vuelvan a confinarnos en casa, que bastante tuvimos la otra vez. Porque los confinamientos trajeron muchas consecuencias colaterales, que todavía pululan por el ambiente. Pero lo que más nos preocupa es si volverán la gestapo de los balcones y las miradas tras los visillos, inquisitivos ambos, intentando coger in fraganti infractores para dar aviso a las fuerzas del orden, que en su día pidieron colaboración ciudadana y algunos se lo han tomado muy a pecho.
Una de las cosas que he aprendido de esta pandemia es que yo casi siempre vivía en fase 2, con lo cual la desescalada se me terminó antes. Si yo, con que me dejen caminar con mi Chula doce kilómetros todos los días me conformo. No es mucho pedir. Pues ya verás como viene alguien y lo jode.

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miércoles, 21 de octubre de 2020

Otra vez noviembre. (Reflexiones de andar por casa)

      Lo he escrito otros años. No me gusta noviembre, nunca me ha gustado y desde hace un tiempo  menos. Es un mes frío, triste, melancólico. Y eso que en la Comunidad Valenciana todo comienza ahora a vestirse de color naranja. Nunca mejor dicho. 

     Cuando pintaba de pequeña, aunque pintaba poco, porque ni me gustaba ni lo hacía bien, nunca elegía este color para mis dibujos. Sin embargo ahora reconozco que es un color que decora el ambiente y anima cuando sales a pasear. Porque otra cosa no , pero sitios para pasear, todos los que quieras. Y como hoy no tengo ganas de reivindicaciones politiqueras, me dedicaré a reflexionar en voz alta. Porque esta cabra loca o calamidad de mujer, aprovecha los largos paseos obligados con Chula, que es mi perra, para pensar en todo tipo de cosas. 

     Si todos pensáramos más es posible que el mundo fuera mejor; pero la prisa de la rutina y de los quehaceres diarios nos sumerge a veces en un sinsentido del que nos es imposible salir. Porque no pensamos. Yo tengo el defecto de pensar demasiado y, aunque no arreglo el mundo, saco conclusiones sobre los acontecimientos que me rodean día a día. Tengo que reconocer que me dan ganas de salir corriendo, mejor dicho, huyendo. Pero ya descubrí hace tiempo que las huidas solo llevan a demorar soluciones que deberían llegar más bien pronto que tarde o que nunca. Así que dejaré de huir, aunque mis reflexiones a menudo me inciten a ello.

     Antes pensaba que ya lo tenía todo hecho, que, con la edad que tengo, no necesitaba descubrir nada nuevo. Y me equivocaba. Porque a pesar de la edad, ahora es cuando necesito descubrir esas cosas o tener esas sensaciones que la vida te pone por delante para que las disfrutes. Con la edad aumenta la libertad que tienes para disfrutar, porque vas de vuelta de muchas cosas y has terminado de descubrir que si no disfrutas, nadie lo hará por tí. Ya no nos importa lo que piensen los demás, o nos importa mucho menos. No necesitamos dar explicaciones de nuestros actos, aunque siempre haya alguien que nos las pida. Vemos el concepto libertad de diferente manera y sobre todo, nos atrevemos a disfrutar, quizá mejor que cuando éramos más jóvenes; no nos ruborizamos, no nos asustamos de nada, no nos rasgamos las vestiduras. Porque el paso de los años nos enseña a vivir de diferente manera, en plenitud. 

     Por ello quiero  reorganizar mi vida, porque me niego a pensar que mi única función en esta vida sea la de ser una vieja cascarrabias, que hace de criada del ocupa de  su hijo  todo el tiempo. De ahora en adelante no quiero ser solo madre porque necesito SER PERSONA ante todo y que la gente me vea como persona. Porque cuando tienes hijos parece que te encorseten en el papel de madre y de ahí ya no sales, dejas de ser persona para ser la madre de tal o de cual. Pero esa es una faceta que debe dejar sitio a todas las demás que nos convierten en seres vivos pensantes. 

     Por eso a partir de ahora QUIERO SER UN SER VIVO PENSANTE, le pese a quien le pese. Y PERSONA.

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