Calamidad había pensado durante mucho tiempo que había sacado adelante a sus tres hijos sin ayuda de nadie y hasta estaba orgullosa por ello, pero con casi setenta años descubrió que tan solo habían sobrevivido, que ninguno de los valores que había intentado inculcarles había hecho mella en ellos, porque ellos se habían creado sus propios valores, lo cual no era del todo malo, pero ella se sentía profundamente decepcionada.
Siempre deseó que sus hijos estuvieran orgullosos de ella, pero cada día que pasaba se daba cuenta de que quizá ese deseo no se cumpliera nunca. Al fin y al cabo quedaban ya muy lejos aquellos años de penurias que durante su matrimonio casi acabaron con ella. Sus hijos algo sabían, lo que unos niños de corta edad pueden entender, ya que Calamidad les ocultaba casi todas las calamidades por las que tenía que pasar a diario desde su divorcio. Después de tanto tiempo ella casi lo había olvidado y tampoco lo voy a mencionar aquí porque no serviría de nada.
Su hijo mayor había perdido toda empatía con ella; quizá era este el precio que debía pagar por haberles dado una infancia de mierda, mientras ella les buscaba un futuro feliz. A lo mejor un día lo entienden y recuperan el amor que un día sintieron por ella.
A veces para salir a flote hay que hundirse del todo, para darse impulso y salir a la superficie. Lo que ocurre que mientras se hundían para salir a flote, pasaron muchas cosas penosas, que no sé si ellos recordarán, dentro de la apreciación que un niño puede tener de un problema grave.
Pasado tanto tiempo ya no importa. Lo que tenga que ser será.


No hay comentarios:
Publicar un comentario