domingo, 7 de junio de 2015

Vivimos como soñamos, soñamos que vivimos

A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, sumergido en un error sin retorno, cuando un buen día te despiertas y al mirar por la ventana todo  es desconocido para tí. Sales a la calle y nada es igual; la vieja tienda de ultramarinos ya no es una tienda de barrio; los bancos del paseo, carcomidos por el paso del tiempo dejan ver cientos de astillas que se han convertido en un peligro; el kiosco de los helados con sus persianas bajadas ha dado paso al olvido. 
Será por eso que todo es desconocido, porque ha sido olvidado. Aquellas praderas verdes, donde jugabas de niño ahora son un secarral lleno de pinchos, como aquellos pinchos de aquellos veranos de la infancia olvidada.

A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, sumergido en un sueño imaginario que ya no tiene razón de ser. Aquel sueño donde te escondías para hacer la vida más llevadera y soportable. Y de pronto te viene a la cabeza aquella noche que, presa de la desesperación intentaste saltar por la ventana y no tuviste valor; y te preguntas si también fue un sueño. Recuerdas aquellas excursiones al río donde al atardecer te acribillaban los mosquitos y te preguntas si también fue un sueño ¿Aquellos bocadillos de pan tomate es posible que fueran también un sueño? Seguramente serían un sueño porque has intentado repetirlos cientos de veces y no lo has conseguido. Le echas la culpa a los tomates, que ya no son como antes, para luego darte cuenta de que la culpa es del sabor de la vida. Que no es lo mismo sentirla con los labios de niño, que descubrirla con los del adulto. Luego recuerdas aquellas lechugas  amarillas, que sabían a lechuga y cometes el mismo error de echarle la culpa a las lechugas, que tampoco son como antes. Y no tienen la culpa las lechugas, que es posible que tampoco sean como aquellas, la culpa es tuya por aferrarte a ese sabor que nunca debió estar en tu boca.
A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, y mientras recorres esas calles desconocidas, con casas desconocidas, paseos nuevos, tiendas nuevas, vuelves a preguntarte sin el sueño fue aquello o lo es ahora. Incluso te pellizcas en el brazo para despertar.


Pasa el tiempo y sigues sin reconocer nada a tu alrededor. Es posible que hayas inventado tu pasado y al descender a la realidad todo te suena a nuevo. Es como si hubieras vuelto  a la vida tras estar años en coma. Quizá durante esos años soñaste tu vida. Sí, debe ser eso, te dices a ti mismo. He estado demasiado tiempo dormido. 
Por fortuna ahora te has despertado y aunque todo a tu alrededor es distinto te preparas para vivir tu vida, tu nueva vida, con tomates y lechugas nuevas que no saben como en tus sueños, pero ya no importa. 
De pronto te alegras de no haber saltado al vacío aquella noche. Espera, te dices, quizá nunca quisiste hacerlo, quizá aquello también fue un sueño. Pero ya no quieres cometer más errores, así que  recoges tus recuerdos soñados y los encierras en el fondo del cajón, de ese cajón que nunca abres. Y si esto es un error, te dices, ya lo averiguaré cuando vuelva a despertar.

2 comentarios:

Julita Fernández dijo...

"Poder disfrutar de los recuerdos es vivir dos veces" nos dice MARCO VALERIO MARCIAL, poeta italiano.
Preciosa entrada, Sofi.
Un abrazo.

Sofía Campo dijo...

O "recordar es volver", que escribieron las monjas escolapias donde estudié en la insignia que nos entregaron en C.O.U. Lo que ocurre que a veces recordamos las cosas y no encajan con nuestro presente.