En un segundo nos cambia la vida. No sabemos cuándo ni cómo, pero tarde o temprano asistimos a ese cambio expectantes ante lo que nos deparará el destino. Eso acaba de ocurrir en mi vida y lo único que sé es que ese cambio vino de donde menos lo esperas y de quién menos te imaginas.
Los tortazos duelen pero los que más duelen son los que no ves venir. Te van horadando el corazón hasta que lo destrozan por completo. No lo viste venir y no te dio tiempo a abrocharte el impermeable y abrir el paraguas. Cuando te diste cuenta de lo que pasaba, ya estabas totalmente empapada de dolor y de rabia.
Ese tortazo era demasiado invisible para que lo vieras venir. Y cuando te diste cuenta , era demasiado tarde....


No hay comentarios:
Publicar un comentario