Los días de lluvia entristecen a Calamidad, no por la lluvia en si, sino por los recuerdos que le vienen a la memoria, la mayoría de las veces de acontecimientos que prefiere olvidar. De su infancia recuerda pocas cosas, todas relacionadas con sus hermanos; porque ya de muy niña tenía que ayudar a cuidarlos. Recuerda el miedo que pasaba cuando se quedaba sola con ellos; recuerda que no le hacían caso cuando les recriminaba su comportamiento; recuerda aquella primera tortilla y cuando un día se le cayó un huevo dentro del bolsillo del delantal y se puso a llorar; recuerda aquellas papillas, las de maicena las odiaba porque siempre quedaban llenas de grumos y las de fruta le daban arcadas debido a la acidez de la naranja, Pero sobre todo recuerda aquel día, cuando desesperada porque sus hermanos no le hacían caso salió al balcón de su habitación y pensó mientras, miraba a la calle, lo fácil que sería acabar con todas las penalidades. Pero no acabó. Y ¡Cuántas veces desde aquel día lo ha recordado! Debió de atreverse a saltar pero no lo hizo. No quería darles ese disgusto a sus padres, ni a sus hermanos. Sus padres nunca supieron el enorme drama que le creaban cada vez que la responsabilizaban de sus hermanos porque cuando regresaban a casa ella les decía que se habían portado bien. Con sus padres en casa ya nada importaba.
Recuerda que no tenía tempo de jugar; sus muñecas se quedaban siempre nuevas. Era una suerte poder jugar con muñecos de carne y hueso, como le decía su padre.
Pero ahora ya nada de eso importaba, su niñez fue un buen aprendizaje para cuando fue madre de verdad.
Y mientras sigue lloviendo no puede evitar sentir esa sensación, esa vieja e intensa sensación cuando la tristeza le llenaba por dentro hasta hacerla enfermar.
(Esto no acaba aquí)


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