Poco a poco las aguas vuelven a su cauce, el árbol, que los vientos incontrolables intentaron derribar, se alza majestuoso, como si tras la cruel embestida, se hubiera fortalecido todavía más. Con frecuencia ocurren estas cosas, que los que intentan hacernos daño, sin quererlo consiguen justamente lo contrario, y el daño que no pudieron ocasionarnos se vuelve contra ellos inmisericorde, dejándolos en la más profunda desolación.
Pero por fortuna la naturaleza que es sabia, termina poniendo las cosas en su sitio y cada cual encuentra lo que es más justo y los que viven para hacer el mal, ven con horror que ya es demasiado tarde, para enmendar lo que nunca debió ocurrir.

