Parecía decidida a llegar hasta el final cuando entró en el ascensor unos segundos antes. Y sin embargo no había hecho más que ponerse en marcha cuando empezaron sus vacilaciones y sus dudas. Había esperado durante meses que se llevara a cabo aquel encuentro, había soñado con aquel momento; pero ahora no estaba tan segura de lo que iba a hacer. Le había conocido en una charla de chat unos años antes y le pareció sencillamente maravilloso, parecía el hombre perfecto, alto, atlético, moreno semi cano. Al menos eso le había dicho y así lo mostraban las múltiples fotos que le había enviado durante esos años. Sus charlas a través del Messenger habían sido deliciosas. Sin duda que había disfrutado con aquella amistad. Pero cuando el ascensor se puso en marcha, a ella le pareció el efecto contrario. Cuanto más subía el aparato más le parecía bajar al sótano de la desilusión, al infierno del miedo y de las dudas. Y comenzó a hacerse preguntas. Recordó a Ícaro y se le antojó que comenzaban a derretirse sus alas para seguidamente caer irremediablemente a lo hondo del abismo de la decepción. Y si… ¿Y si las cosas no fueran como ella las había soñado?, ¿sí él no fuera más que fruto de su imaginación o de su necesidad?, ¿si le había mentido y no era quien decía ser? El ascensor subía casi sin hacer paradas y eso acortaba los minutos que tenía para tomar su última decisión. Miró a su alrededor, sus compañeros de viaje, absortos en sus pensamientos, parecían ajenos a todo. El ascensor se detuvo en el piso noveno y entonces le entraron ganas de salir corriendo escaleras abajo, pero algo la detuvo en su interior. Comenzó de nuevo el ascenso; había superado la primera ocasión para huir, pero no por ello habían desaparecido sus cavilaciones y sus dudas. Y si… ¿y si en aquella dirección resultaba que no vivía nadie?, ¿si era todo una broma cruel del destino?, ¿si el se decepcionaba al verla y decidía no abrirle la puerta? Comenzó a pensar que hacía mal en ser tan confiada. Que era una loca por seguir adelante con aquella aventura. Sin embargo una fuerza interior la animaba a seguir adelante. El ascensor seguía subiendo, parecía que ya no había marcha atrás, cuando se detuvo en el piso quince y todas aquellas personas la dejaron sola. Así que tuvo que seguir su viaje a solas con sus pensamientos. Y si… De nuevo aquellas dudas. Y si resultaba todo falso, si tampoco existía la puerta C, si él en realidad era un monstruo, un enfermo, un tarado, un loco… Miles de preguntas se agolpaban en su cabeza como queriendo hacerla reflexionar. Y todo comenzó a girar a su alrededor. Pero… ¿cómo iba a sentirse ella si aquello resultaba una cruel mentira del destino?, ¿y si sólo habían querido reírse de ella?... Había llegado al piso veinte, su destino. … Se abrieron las puertas… y sin dudarlo dos veces, levantó su mano y pulsó el botón de la planta baja. Respiró aliviada... en un segundo lo vio todo claro. Y conforme el ascensor bajaba a velocidad de vértigo, decidió que prefería que aquella historia y aquel hombre permanecieran en su recuerdo tal y como los había soñado... Al salir a la calle tropezó con un hombre moreno, atlético, semi cano. Y si... ¿Y si fuera él...?
jueves, 6 de diciembre de 2007
Y si.......(relato)
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Sofía Campo Diví
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martes, 4 de diciembre de 2007
Ser (poema de mi amigo Robleviejo)
por encima del nombre, la palabra
o su intento, la brizna
que se pierde en el aire como dicha
por un pájaro incierto que ignora
que deseas volar feliz.
De olvido. Ser de olvido,
un distante sonido en la memoria,
el abrazo que busca perpetuar lo invisible,
o el rumor de las ondas que la piedra
resucita en el agua,
alzando desde el fondo el vuelo transparente
de sueños sumergidos.
Ser sombra,
altura de la sombra,
clemencia de la sombra en la frontera
donde nadie vigila ni el vuelo recuerda
la presencia que fue.
Ser,
en la tarde,
un hueco respetado por la brisa,
una forma, un vacío a quien rodea,
sin rozarlo,
la mirada poniente del vuelo en retirada.
Ahí donde estás,
donde siempre has estado,
y aquí, donde no vas a dejar de estar
porque no podrán las lluvias deshacerte.
Donde el sueño fue todo
para ahora ser nada,
tras la nada que sigue siendo todo
y el todo que sin ti nunca será nada,
la que siempre serás continuará volando.
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Sofía Campo Diví
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Etiquetas: foto: árbol en Orós Bajo (Biescas)
Un viaje especial
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Sofía Campo Diví
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lunes, 3 de diciembre de 2007
Integración de discapacitados
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Sofía Campo Diví
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Olor a ozono (relatos que inventé)
Salí de casa, como cualquier otra mañana dispuesta a iniciar un nuevo día de trabajo. Y como cada día, desde hacía veinte años, me puse al volante de mi taxi dirigiéndome a la empinada rampa, que separa mi plaza de aparcamiento de la calle. Me pareció que hacía un buen día y aunque el asfalto estaba todavía mojado por el chaparrón que acaba de caer, todo hacía suponer que aquel iba a ser un día espléndido.
Apenas comenzaba a incorporarme a la circulación, cuando llamó mi atención la imagen de un hombre que insistente alzaba su mano solicitando mi servicio. Me detuve junto a él y abriendo la puerta del vehículo le invité a subir. Su aspecto descuidado me hizo desconfiar al principio de él, pero conforme pasaban los minutos, fui ganando en confianza porque solo su conversación producía en mí una sensación de bienestar, que hacía mucho que no sentía.
Aproveché que tuve que detenerme en un semáforo para volverme hacia él y observar su rostro, sus ojos azules y su mirada expresiva me recordaron algo incierto, de mi pasado quizá, pero quitándole importancia dejé de pensar en ello. Sin embargo, al cabo de unos minutos no pude evitar recordar aquella mirada y fue entonces cuando un escalofrío me recorrió el cuerpo y me dije a mi misma que no podía ser. Como quien quiere evitar enfrentarse a algo a toda costa, intenté convencerme de que todo era fruto de una casualidad. Hacía mucho tiempo de aquello y seguramente aquel hombre, que yo recordaba con aquella misma mirada dulce y serena, habría muerto hacía mucho tiempo.
Cuando el semáforo volvió a estar verde reemprendí la marcha para llevar a su destino a mi singular viajero. "Me gusta la lluvia sobre el asfalto" dijo de repente "y el olor a ozono, que queda en el aire después de las tormentas de verano". Aquellas frases pronunciadas por aquel hombre volvieron a ponerme la piel de gallina. Había pasado mucho tiempo, era cierto. Pero quizá no tanto como parecía. Y casi sin querer me vi. envuelta en aquella nube de mi infancia y recordé que a menudo, cuando salía a pasear por el bosque solía hablar largas horas con un hombre, vecino de mis abuelos, que pasaba largas temporadas en el campo para reponerse de una enfermedad. Pero era un hombre de ciudad y a menudo decía "me gusta el campo infinitamente, pero nada es comparable con la lluvia sobre el asfalto de mi ciudad y el olor a ozono que dejan las tormentas de verano". Y siempre, cuando nos despedíamos me decía lo mismo " cuando eres un hombre de ciudad se aprenden a valorar estas cosas" y yo le contestaba " pues me gustaría ser una chica de ciudad". Y nos alejábamos el uno del otro entre risas y carcajadas. Ambos sabíamos que volveríamos a vernos el día siguiente.
Finalmente llegamos al destino, que me había solicitado el hombre. Y movida por una extraña sensación me giré hacia él y le dije "cuando eres un hombre de ciudad se aprenden a valorar estas cosas ¿verdad?". Y él, como si lo hubiera sabido desde el primer momento me contestó "por fin conseguiste ser una chica de ciudad". Le miré de frente y vi sus ojos brillantes y me pareció que le temblaba la voz. Pero esta vez no había risas y carcajadas en nuestra despedida. Ambos supimos en aquel instante que no volveríamos a vernos nunca.
Tuve razón aquella mañana cuando imaginé que aquel iba a ser un día extraordinario. Porque tuve la ocasión de realizar el mejor viaje de mi vida. Efectivamente no hemos vuelto a coincidir. Murió poco tiempo después y cuando volví a visitar su tumba descubrí, que él había hecho grabar en la lápida "nada es comparable con el olor a ozono que dejan las tormentas de verano".
Y, efectivamente, nada es comparable.
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Sofía Campo Diví
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domingo, 2 de diciembre de 2007
Entresijos de la Hostelería
Ahora que ha comenzado la temporada de nieve me parece el momento oportuno para comentar algunos aspectos que no se saben cuando se llega por primera vez a un hotel. La vida laboral de las personas que trabajan en hostelería no es nada paradisiaca, por decirlo de alguna manera. Yo he trabajado trece años en hoteles, de camarera de pisos y los dos últimos de gobernanta, hasta que lo dejé hace algo más de un año. Así que hablo por experiencia. Las condiciones laborales no son siempre las mas idóneas, porque normalmente los propietarios, entre los que incluyo las cadenas hoteleras, más que favorecer la vida laboral del trabajador, lo que hacen es explotarlo con bastante frecuencia. El optimizar resultados siempre está en la lista de preferencias de estas personas o entidades, pero siempre a costa del trabajador, sometiéndole a muchas ocasiones a horarios y condiciones de trabajo inhumanas.
Cuando trabajas en hostelería no tienes vida familiar,la conciliación de vida laboral y familiar no existe, lo que a veces nos crea malestar. En hostelería se trabaja todos los festivos, trabajas cuando otros descansan y descansas cuando otros trabajan, lo que te hace imposible la vida social.
Como de dirección presionan a los jefes de departamento, éstos a su vez presionan a los trabajadores, en la base de la pirámide, que casi siempre deben rendir por encima de sus posibilidades y de sus obligaciones, trabajando a un ritmo, sobre todo las camareras de pisos, que limita con lo inhumano.
Yo he conocido personas que se quejan del servicio de los hoteles, con la intención de que les apliquen descuentos, lo cual tengo que decir sucede a menudo. Yo he visto enviar un ramo de flores y una caja de bombones a unos clientes que formularon una queja (que encima no tenían razón). Pero en hostelería el cliente tiene siempre la razón. LO que no saben esos clientes es que cada vez que se formula una queja hay alguien que paga el pato (el supuesto culpable) y a ese alguien le caen unas broncas impresionantes o incluso se le sanciona. Por favor, señores clientes, piensen dos veces antes de quejarse, que a lo mejor no es para tanto; en lugar de ir a dirección, si tienen alguna pega se lo digan a los trabajadores, que son al fin y al cabo los que se la va a solucionar y además con sumo agrado, se lo aseguro.
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sábado, 1 de diciembre de 2007
Un servicio mas serio, por favor
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