Querida Amiga:
Por fin pasó la Navidad. Y si digo por fin es porque cada año que pasa me gustan menos estas fiestas. Este año se ha rizado el rizo, que más que un rizo ha parecido un tirabuzón.
Una de las leyes de Murphy dice que si "algo puede salir mal, saldrá mal" y nunca mejor dicho porque estas navidades han sido catastróficas. Ni en el peor de los escenarios me podía imaginar que me pasaría lo que me ha pasado este año. Vamos, que si no es por un par de detalles puedo decir que no he tenido navidades. Mi hijo mayor me ha privado de celebrarlas con mis nietos y no solo eso sino que tampoco he recibido felicitaciones de su parte, tampoco han habido besos ni abrazos ni jolgorios. Lo peor de todo es que no he hecho nada para merecer esto. Que sigo encerrada en un fuego cruzado que al final terminará conmigo.
Me he acordado mucho de mi otro hijo que nos dejó hace más de cuatro años. El era el alma de las fiestas siempre, le encantaba la Navidad y para él todo era poco con tal de pasarla en familia y sobre todo junto a su hija. No faltaban bromas y risas, sobre todo recordando aquella famosa Navidad cuando la dorada me salió saladísima y no la pudimos comer. Cada año, como si fuera una obligación, salía a colación aquella dorada y volvíamos a reír como la primera vez. Pero él ya no está porque el cruel destino tuvo otro planes para él y nos lo arrebató.
Menos mal que mi tercer hijo no se ha movido de mi lado y ha intentado hacerme pasar una Navidad alegre; pero los dos hemos echado en falta aquellas navidades alegres cuando esta familia era todavía una familia.
La visita de mi nieta mayor ha sido un soplo de aire fresco porque cuando ella viene es como si su padre regresara a la tierra y siguiera con nosotros. Esos días lo siento más cerca que nunca y pienso que el estaría feliz de ver que su hija me sigue visitando varias veces al año. Ella está a gusto aquí y aunque no hacemos nada del otro mundo, excepto ir a Puerto Venecia de compras, estamos felices de compartir esos momentos.
NO me gusta hacerme propósitos pero este año haré una excepción y me propondré disfrutar de los pequeños momentos que encuentre por el camino, porque los grandes momentos ni los quiero ya ni los espero.
Un abrazo
Calamidad
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