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viernes, 22 de marzo de 2019

Mañana 23 de Marzo....un no cumpleaños más....

El 23 de marzo cumpliría 61 años, pero como sabéis se marchó con 53 y yo aunque no soy dada a celebrar fechas, hoy me ha dado por escribir, mientras escucho a Rod Stewart,  y he visto en el reloj del escritorio del ordenador que mañana estamos a 23. El subconsciente me ha traicionado, porque la música de  Rod Stewart nos acompañó muchos momentos e inconscientemente algo dentro de mí me ha impulsado a encender el ordenador y buscar el repertorio en la carpeta de música. No es lo mismo porque él ya no está y una parte de mi no ha superado que así sea, por eso de vez en cuando vuelvo a escuchar nuestras canciones mientras le añoro acariciando su fotografía. 
     Pero como a él no le gustaban los dramas no me voy a poner dramática. Pero quería recordarle en este su no cumpleaños reviviendo esos momentos tan felices que compartimos, gracias a los que sigo en pie todavía; cuando por primera vez me invitó a cenar patatas  con huevo frito y después nos dimos un baño a la luz de la luna, a pesar de que era junio y en el Pirineo hace fresquito todavía; cuando nos acorralaron unas vacas en el puerto de Biescas porque nos confundieron con los que les llevaban sal; cuando un mes de febrero se empeñó en que subiéramos al monte con el lada y nos quedamos atascados en la nieve, él en lugar de preocuparse abrió el capó del vehículo y sacó una botella de cava y dos copas, me había preparado esa bonita sorpresa; cuando en vacaciones recorrimos toda la costa española; cuando disfrutábamos mientras trabajábamos, porque mira que lo pasábamos bien; cuando me animaba a escribir; cuando me dio la rosa el día de nuestra boda. Hay tantos "cuandos" que no terminaría en un día entero.
      Él era así y así le recuerdo. Así le sigo echando de menos, aunque pase el tiempo, porque la huella que dejó en mí no se borrará nunca. Y mientras le "no felicito" por su "no cumpleaños" de nuevo vuelvo a tararear nuestra canción en un "no cumpleaños más"
     

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sábado, 23 de marzo de 2013

La misma rabia de aquel día

Saltar al vacío y seguir cayendo sintiendo la fuerza inexorable del viento empujarte hacia abajo, con el pelo alborotado tapándote el rostro, moviendo los brazos como intentando volar sin conseguirlo.
Caminar por el desierto días y días buscando agua, imaginar un espejismo y al llegar a él darte cuenta de que no existe. Dormirte cada noche con el único deseo de que venga a visitarte a tus sueños y despertar con la decepción de no haberle visto. Recordar aquellos días cuando parecía que todo era alcanzable y que podían cumplirse los sueños y al  ver vacío su sitio en el sofá, en la mesa, su lado de la cama, su taza favorita, volver a preguntarte ¿por qué?
Hoy hubiera sido su cumpleaños y me sigo preguntando por qué mientras camino sin rumbo hacia ninguna parte y  sigo sintiendo  la misma rabia de  aquel día.



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domingo, 23 de marzo de 2008

¡Cumpleaños Feliz!

Hoy ha amanecido el día en Biescas con un viento muy frío, que trae pequeñas bolisas de nieve, pero de momento parece que no va a nevar demasiado, a pesar de los pronósticos. Será por eso, que ya comienzan a verse equipajes en las aceras de los visitantes, que adelantan la marcha, no sea que les pille la nevada por el camino. Será mejor ser previsores y salir temprano por si acaso (o por si las moscas como decía mi abuela).
Anoche tuvimos celebración en La Bernarda, por el cumpleaños de mi jefe y gran amigo. A las doce en punto, cuando comenzaban a sonar las campanadas de la Iglesia, que nos decían que estaba a punto de comenzar el día 23, se paró la música y se apagaron todas las luces. Escondida en un rincón de la despensa y lista para hacer su entrada triunfal, permanecía una sabrosa tarta de mousse de chocolate con dos números clavados en una de sus esquinas. Comenzamos a cantar "cumpleaños feliz", mi jefe, que había estado ajeno a todo el preparativo (aunque casi estuvo a punto de descubrirlo, pero la actuación rápida de la barricada de prohibido el paso lo impidió) se quedó con una cara de sorpresa nunca antes vista. Sopló las velas y todos comenzamos a aplaudir. La emoción bullía en el ambiente. La presencia de los amigos inundaban el local. Luego tuvo lugar la degustación de la tarta (pobrecita, ella no se imaginaba el final que se le avecinaba cuando estaba escondida en la despensa), que llegó hasta todos los rincones de La Bernarda. Y los brindis continuaron con una celebración sencilla pero emotiva.
El homenajeado no tenía palabras y, aunque intentaba disimularlo, un nudo se le había apoderado de la garganta. Nos dio las gracias y se quedó la mar de contento. Terminó sus palabras con un emotivo recuerdo para su madre, que falleció el Noviembre pasado, que con toda seguridad le hubiera gustado participar de la fiesta.
Desde aquí les quiero dar las gracias a nuestros amigos Antonio, María José y Tere, que me ayudaron en la preparación con todo el cariño.
¡Felicidades en tu cincuenta cumpleaños, José Luís, que lo celebres con alegría!.

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