viernes, 31 de octubre de 2008

Camina

Camina descalzo por el asfalto mojado y resbaladizo, sin sentir el agua que fluye bajo sus pasos. Y conforme se va acercando al muro se pregunta si estará haciendo bien, empeñándose en seguir adelante, aún cuando todos les dicen que no lo haga, que se detenga, aunque es demasiado tarde, porque ya se ha cobijado en sus sueños y no puede deternerse.
Y sigue caminando mientras sueña que no tiene frío, que lleva zapatos, que al final del muro le sigue esperando.....y la lluvia no cesa....mientras sus sueños siguen soñando.....

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jueves, 30 de octubre de 2008

Adiós a los geranios y a las víboras


De repente los balcones se han vestido de blanco, por la llegada temprana de la primera nevada. Los geranios se han llevado una sorpresa por el manto frío que los ha cubierto. Las llevaban anunciando hace días, que iban a llegar las primeras nieves y, cuando parecía que se habían olvidado de este pueblo, las hemos visto llegar esta mañana.
La nieve caía tímida, casi sin querer acabar de caer, casi con miedo de que su llegada precipitada alborotara el ecosistema. Las golondrinas hace días que se marcharon hacia África, y los gorriones ya han buscado los escondrijos donde pasarán las horas frías del invierno, aunque los días soleados seguiremos viéndolos volar de aquí para allá, en busca de migajas y otros alimentos. Pero a los geranios, que andaban un poco despistados, les ha sorprendido la llegada del blanco elemento y, sin darles tiempo a guarecerse, se han visto cubiertos por ese manto frío que, con toda seguirdad, terminará con su vida; solo unos pocos, los más privilegiados, lograrán sobrevivir al invierno, para volverse a engalanar la próxima primavera.
Pero mientras tanto permanecen en los balcones, observadores de cuanto les rodea, porque saben que serán contadas las veces que vean los montes altivos, las cornisas temblorosas, la noche silenciosa. Pocos días les quedan de escuchar el griterío de la gente, el murmullo de la vida. Pocos días faltan para que dejen de despertarse cada mañana y den gracias por el nuevo día.
Queridos geranios, amadas gitanillas, es ley de vida, que nacistéis ayer para morir pasado mañana, que después de haber engalanado los balcones con tanta alegría
nadie os recordará la siguiete primavera.
Qué pena que cuantos miraban hacia arriba, para ver vuestra hermosura, y la veían tan grande, no pudieran soportarla y cegándoles la envidia, como ladrones en la noche, se adentraran en los balcones, sin permiso de sus dueños y violaran una intimidad, que no les estaba permitida, para maquinar males y hacer daño. Qué pena que haya gente tan malvada y tan rastrera que aproveche la belleza para hacer mal, porque no entiende que mucha gente ama las plantas por su belleza nada más. NADA MÁS.
Pronto los balcones estarán vacíos. Qué lejanas quedarán aquellas gitanillas tan hermosas, que sucumbieron al frío del invierno. Pero qué lejano quedará también, el espíritu de la víbora, que aprovecha la belleza para hacer daño y con su lengua viperina lametea por el suelo con la pena de no tener nunca tanta belleza. Esto es lo bueno del invierno que, aunque mueren las flores, desaparecen también las víboras. La Naturaleza es perfecta ¿verdad?.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Un gatito salvado por los pelos

Lo vi hace unos días, un gatito de apenas un mes de vida, que iba a ser sacrificado y alguien lo salvó, pero estaba muy débil e ignoro qué habrá sido de él. Tan insignificante que cabía en la mano de Juli, su nueva ama, pero tan poca cosa que más bien parecía tener una patita en el otro mundo. Estoy segura de que Juli le habrá cuidado muy bien y seguirá vivo. Porque ella sabe de gatitos, que éste no es su único gato, y sabe cómo cuidarlos, darles mimos y juguetear con ellos. Además es una chica solidaria y amante de la naturaleza y de los animales. Ojalá todos siguiéramos su ejemplo.

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martes, 28 de octubre de 2008

El Broche (desenlace)

No sabía si comenzar un nuevo relato o intentar escribir de nuevo el que acababa de perder, para que se lo publicaran en el siguiente número de la revista. El solo hecho de pensar en escribir sobre lo mismo le aburría, pero no se sentía con fuerzas de inventar una historia nueva, así que optó por lo primero.
Comenzó a escribir sin energía pero, conforme avanzaba el relato, su memoria le iba dictando paso a paso cada frase, cada párrafo. Pero cuando llegó al final decidió cambiar el desenlace.
Se había terminado la tinta de la máquina de escribir. Posiblemente, su padre guardaba alguna cinta nueva en su despacho, así que se dirigió hacia el lugar y cuando rebuscaba por los cajones, algo la sorprendió.
Acababa de encontrar la cinta, cuando al intentar cerrar de nuevo el cajón, observó un envoltorio, atado con un cordel, que parecía muy antiguo. Lo cogió y lo guardó en su bolsillo, para verlo con más calma cuando estuviera en su habitación. Un objeto guardado durante tanto tiempo, tenía que ser lago interesante.
Cerró la puerta del despacho con sigilo y caminó casi de puntillas, para no ser oída. Por suerte no se tropezó con nadie por el pasillo. Cerró la puerta y se sentó sobre su cama para mirar el interior del envoltorio. El corazón le palpitaba y le temblaban las manos mientras deshacía el nudo del cordel y comenzaba a abrirlo. Miró de reojo, con miedo por una de las rendijas que iban quedando al descubierto, pero no podía ver nada. Dentro del papel había una cajita de escasas dimensiones atada con otro cordel, le deshizo el nudo y se dispuso a abrirla, pero un extraño temor se le apoderó del cuerpo y en el último momento se echó atrás, cerró de nuevo la caja y la envolvió dejándola donde la había encontrado. Prefería no conocer ese enigma y quedarse con la duda sobre lo que había dentro. Nunca lo sabría y quizá era mejor así. Ya había tenido bastantes sobresaltos. Decidió dejar el final de la historia sin escribir, porque ella misma temía el final, que acababa de inventarle minutos antes.
De este modo fue cómo nunca llegó a conocerse del todo el enigma del misterioso broche, el enigma de una historia inacabada que ¡quién sabe si terminará algún día!
A continuación se abrió la puerta mientras se oyó una voz que le decía: “apresúrate, Elena, que se enfría la sopa”. Elena cerró el libro y lo dejó sobre la mesilla. El final le había sorprendido, pero también le había dejado un mal sabor de boca, le hubiera gustado que el broche apareciera, después de tanto misterio, dentro de la cajita, para poder seguir imaginando cosas fantásticas. Pero eso seguramente sería materia para otra historia.
Por cierto, le dijo su padre mientras cenaban, ¿sabes, Elena, que han publicado ya la segunda parte de “El broche”?....

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lunes, 27 de octubre de 2008

El Broche (parte III)

Tocó el broche con sus manos y comprobó que seguía prendido en su toquilla…..

María continuó un largo rato escribiendo hasta que hubo terminado su relato, al que había encontrado un final sorprendente. Lo tituló “El broche”. Cogió sus folios y se fue a entregarlos a la revista. Aunque el plazo de entrega estaba a punto de expirar, debía pasar por la copistería para hacer un par de copias para ella. Así que salió a toda prisa, pero, al atravesar el puente, resbaló y al apoyarse en la barandilla para no caer, soltó los folios que volaron por los aires y uno a uno cayeron al río irremediablemente.
Regresó a casa con un profundo dolor por lo ocurrido, y con la rabia de haber visto destruido su trabajo de tantas horas, en unos instantes. Ni siquiera tuvo valor para asomarse en la barandilla, e hizo mal, porque si lo hubiera hecho hubiera visto cómo un hombre de mediana edad, que paseaba por la orilla del río en ese momento, al ver caer los folios al río, se acercó y los cogió uno a uno, ayudándose con su bastón, y los puso a secar. Por fortuna había llegado a tiempo, y apenas estaban deteriorados. Cuando estuvieron secos, los guardó en una bolsa y se dirigió a su casa.
María pasó muchos días sin poder escribir, envuelta en una vida aburrida y hastiada por todo. Había puesto demasiadas esperanzas en la publicación de su relato y necesitaba tiempo para recuperarse de su decepción. Pero un día ocurrió algo inesperado. ´
(Próximamente el desenlace)

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jueves, 23 de octubre de 2008

¡Hasta el lunes 27!

El próximo post se publicará el próximo lunes, día 27. Por motivos laborales no voy a tener tiempo de ocuparme del blog hasta ese día. Hay una feria en el pueblo donde vivo y estaré trabajando todo el día. Cuidad el blog mientras tanto. Gracias.

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martes, 21 de octubre de 2008

El Broche (continuación II)

Por más que pensaba no podía entenderlo, todo lo demás estaba igual que entonces, y sin embargo, la tumba de su madre no estaba en su sitio. La tierra que, supuestamente la había acogido, estaba ahora intacta, como si nunca hubiera existido allí tumba alguna.
De nuevo, la invadió por completo esa vieja sensación del tiempo detenido ante sus ojos, como si ella y su entorno pertenecieran al cuadro de un museo. Salió de aquel lugar, con esa inquietud en su interior de no entender qué estaba pasando a su alrededor. Con la cabeza a punto de estallar y el cuerpo convertido en un tormo de hielo, seguía arrebujada dentro de la toquilla caminando de un lado a otro, sin rumbo fijo, hasta que algo llamó su atención.
A través de un escaparate vio cómo un hombre de mediana edad, sostenía un broche idéntico, con intención de comprarlo. Aquel hombre le resultaba extrañamente familiar, su sombrero, sus guantes, incluso el abrigo. Esperó un rato que se girara para verle la cara, pero parecía que él no tenía ninguna prisa en abandonar el establecimiento, así que decidió marcharse y olvidarse de todo.
Cuando llegó a casa, entró en su habitación y se dirigió hacia la mesilla y cogió el broche entre sus manos. Lo observó un momento. Era extraordinariamente bello. Lo insertó entre la lana de la toquilla y se dirigió hacia el espejo, que había sobre la cómoda, para comprobar cómo se veía con él. Pero cuando levantó los ojos, el asombro volvió a ponerle la piel de gallina. El broche no se reflejaba en el espejo....
(continuará)

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