jueves, 30 de octubre de 2008

Adiós a los geranios y a las víboras


De repente los balcones se han vestido de blanco, por la llegada temprana de la primera nevada. Los geranios se han llevado una sorpresa por el manto frío que los ha cubierto. Las llevaban anunciando hace días, que iban a llegar las primeras nieves y, cuando parecía que se habían olvidado de este pueblo, las hemos visto llegar esta mañana.
La nieve caía tímida, casi sin querer acabar de caer, casi con miedo de que su llegada precipitada alborotara el ecosistema. Las golondrinas hace días que se marcharon hacia África, y los gorriones ya han buscado los escondrijos donde pasarán las horas frías del invierno, aunque los días soleados seguiremos viéndolos volar de aquí para allá, en busca de migajas y otros alimentos. Pero a los geranios, que andaban un poco despistados, les ha sorprendido la llegada del blanco elemento y, sin darles tiempo a guarecerse, se han visto cubiertos por ese manto frío que, con toda seguirdad, terminará con su vida; solo unos pocos, los más privilegiados, lograrán sobrevivir al invierno, para volverse a engalanar la próxima primavera.
Pero mientras tanto permanecen en los balcones, observadores de cuanto les rodea, porque saben que serán contadas las veces que vean los montes altivos, las cornisas temblorosas, la noche silenciosa. Pocos días les quedan de escuchar el griterío de la gente, el murmullo de la vida. Pocos días faltan para que dejen de despertarse cada mañana y den gracias por el nuevo día.
Queridos geranios, amadas gitanillas, es ley de vida, que nacistéis ayer para morir pasado mañana, que después de haber engalanado los balcones con tanta alegría
nadie os recordará la siguiete primavera.
Qué pena que cuantos miraban hacia arriba, para ver vuestra hermosura, y la veían tan grande, no pudieran soportarla y cegándoles la envidia, como ladrones en la noche, se adentraran en los balcones, sin permiso de sus dueños y violaran una intimidad, que no les estaba permitida, para maquinar males y hacer daño. Qué pena que haya gente tan malvada y tan rastrera que aproveche la belleza para hacer mal, porque no entiende que mucha gente ama las plantas por su belleza nada más. NADA MÁS.
Pronto los balcones estarán vacíos. Qué lejanas quedarán aquellas gitanillas tan hermosas, que sucumbieron al frío del invierno. Pero qué lejano quedará también, el espíritu de la víbora, que aprovecha la belleza para hacer daño y con su lengua viperina lametea por el suelo con la pena de no tener nunca tanta belleza. Esto es lo bueno del invierno que, aunque mueren las flores, desaparecen también las víboras. La Naturaleza es perfecta ¿verdad?.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Geranios, césped, hojas caidas.
Este año no me preocupan en mi parcelita, pero querría tener un momento para poder vaciar el agua de las cañerías para que no se congelen y revienten, calentador, desagües, con un poco de sal...
Ignoro si podré acercarme.
Saludos