miércoles, 17 de diciembre de 2025

MILAGRO/REALIDAD

      


Cuando se acerca la Navidad suele hablarse de milagros, rara es la cadena de televisión que no emita películas en las que se obren algunos milagros. Nos emociona oír que en algún rincón de la tierra alguien ha sido merecedor de alguno de estos milagros. 

Pero luego llega la realidad donde muchos miles de personas se quedan con la insatisfacción de no haber sido los receptores de uno de ellos.  Será porque los milagros no existen.

 A pesar de saberlo, María Calamidad no se resigna a quedarse sin su milagro particular. Este año lo necesita más que nunca. A menudo se dice a sí misma que si otros tienen suerte con su milagro por qué ella no. 

En Navidad vuelven a casa los hijos, se reúnen las familias, se olvidan las discrepancias, las disputas para pasar una velada armoniosa y feliz. Pero en la familia de Calamidad todo es diferente y no sabe si por fin se llevará a cabo el milagro que espera. Mientras tanto ella está muy triste y cansada y le pasan por la cabeza ideas descabelladas que no sabe si un día llevará a cabo. Está muy cansada, a menudo piensa que no puede más. Porque cuando pensaba que ya merecía vivir tranquila y pasar sus últimos años en paz, le han dado la mayor bofetada que le han dado nunca. Le ha dolido porque no la vio venir y no pudo abrir el paraguas que amortiguara el chaparrón. 

Calamidad ha sido siempre muy fuerte pero ahora llora a escondidas y cuando menos lo espera le vienen lágrimas a los ojos que no puede contener. Hace unos años no pensaba que pudiera llegar a estar tan mal. Se siente derrotada y sin fuerza y lo que es peor, sin ilusión por la vida. Por esa vida que tanto le ha constado construir y tanto dolor le ha hecho soportar. 

Nadie mejor que ella lo sabe, incluso los que creen saberlo todo de ella, no saben ni la décima parte de lo que pasó y de las andaduras por las que ha tenido que pasar. Ahora la han derrotado, después de ganar cientos de batallas por fin ha perdido la guerra, esa guerra a la que se vio abocada al nacer que ni ella pidió, ni se merecía.

Por eso más que nunca este año necesita ese milagro que quizá no llegue. 

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lunes, 15 de diciembre de 2025

YA NO SUENA LA MÚSICA

          Hace mucho que no hablo de mi personaje favorito, María Calamidad. Y es que María Calamidad ha estado muy ocupada estos años. TODA su vida la ha pasado cuidando personas; de niña cuidaba hermanos, más adelante cuidaba hijos, luego cuidó a su marido, más tarde a su padre y desde hace más de dos años está cuidando nietos. 
          Hace tiempo que ya no hace planes, que no dice de esta agua no beberé, porque siempre que lo ha dicho ha terminado bebiendo, queriendo o sin querer. Ahora Calamidad está muy triste, porque se acercan las navidades y en estas fechas se agudiza la pena del hijo ausente, que falleció hace más de cuatro años; la pena de que sus otros dos hijos no se hablan; la pena de que le ha pasado lo que jamás pensó que le pasaría. La pena de que esta navidad su familia ya no es familia y no cenarán juntos y puede que no se vean ni que se feliciten, de que se ignoren. Porque le ha pasado lo que nunca pensó que le pasaría. 

          Por eso ya no dice de esta agua no beberé, que sea lo que el destino quiera. 
          Calamidad está triste porque no entiende qué le está pasando, por qué las luces se han apagado y no suena la música. 
           No sabe si queda agua por beber, pero si queda seguro que se la bebe toda.    
          Aunque siempre le quedará el plan B. 

          

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viernes, 12 de diciembre de 2025

ESCRITO EN 2022

 Cuando tomamos decisiones es frecuente analizar los pros y los contras y poner cada uno en su lado de la balanza. Pero ¿Qué pasa cuando la balanza está equilibrada? El mismo número de pros y de contras. Está claro que si la táctica de la balanza no funciona habrá de buscar otras estrategias.

     Y qué mejor estrategia que analizar qué es lo que queremos de verdad. Porque sí, a menudo no nos atrevemos a enfrentarnos a lo que de verdad queremos. Hay cosas que nos condicionan, como el qué dirán, cómo se lo tomarán los otros, o dónde hago más falta. Pero olvidamos lo importante, convencernos de que nos merecemos ese cambio; olvidamos pensar en nosotros mismos y eso, y más llegando a determinada edad, es lo importante y lo único que debe estar en nuestros planes.

    Sin embargo qué fácil es decirlo. Toda la vida pensando en los demás y cuidando personas, primero hermanos, luego hijos, luego marido, luego padre, luego, luego, luego....Pero ¿Cuándo va a ser el momento de cuidarnos a nosotros mismos?. 

     No sé si os pasará a vosotros, pero a mí me pasa que a veces tengo la sensación de que he vivido la vida de los demás y he olvidado vivir mi propia vida. Siempre mirando por los demás y sin tiempo de concederme un capricho porque siempre había situaciones donde hacías más falta. Y a pesar de eso nunca he olvidado de buscarme a mí misma, aunque deberé seguir buscando porque todavía no me he encontrado. 

    He empezado de cero varias veces, aunque a veces tengo la impresión de que empiezo de cero cada mañana. Pero momentos cruciales de resurgir de las cenizas he tenido varios. A los 17 años, a los 22, a los 38, a los 55, a los 58. El cuerpo vuelve a pedirme empezar de cero.... ahí lo dejo. Y todas las veces ese cambio ha venido precedido de un momento doloroso. Suele pasar que cuando la vida nos azota nos hacemos planteamientos más serios que nos empujan a cambiar, a buscar lo que de verdad importa. Esos momentos nos obligan a relativizar todo y terminamos viéndolo todo desde diferente perspectiva. Cosas que nos ayudaban ayer dejan de hacerlo y dirigimos la mirada hacia lugares que nunca habríamos imaginado. 

      Son mis reflexiones de andar por casa.....continuarán


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EL TORTAZO INVISIBLE

                 En un segundo nos cambia la vida. No sabemos cuándo ni cómo, pero tarde o temprano asistimos a ese cambio expectantes ante lo que nos deparará el destino. Eso acaba de ocurrir en mi vida y lo único que sé es que ese cambio vino  de donde menos lo esperas y de quién menos te imaginas.  

     Los tortazos duelen pero los que más duelen son los que no ves venir. Te van horadando el corazón hasta que lo destrozan por completo. No lo viste venir y no te dio tiempo a abrocharte el impermeable y abrir el paraguas. Cuando te diste cuenta de lo que pasaba, ya estabas totalmente empapada de dolor y de rabia. 

     Ese tortazo era demasiado invisible para que lo vieras venir. Y cuando te diste cuenta , era demasiado tarde....

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viernes, 5 de diciembre de 2025

hola

 hola

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miércoles, 6 de abril de 2022

Los que el gobierno no iba a dejar atrás.

      A la vista de las últimas noticias parece ser que éste sigue siendo un país de despropósitos. Nuestro gobierno nos tiene bien acostumbrados a ellos. Primero fue la gestión de la pandemia, atiborrada de normas y restricciones que no han servido de mucho. Parecía que con la implantación de las mascarillas todo se iba a solucionar, pero fue al contrario, no solo no frenaron la propagación sino que a partir de ese momento tuvimos que pasar por oleadas mucho más peligrosas. Y si no mirad las zonas donde no han habido tantas restricciones y veréis que no lo han pasado peor que nosotros. Ahora se han relajado las medidas y ya no tenemos obligación de usarlas al aire libre, en interiores se va a quitar la restricción en breve. 

     Siguen habiendo miles de casos de covid y no se entiende que ahora se eliminen las mascarillas, a no ser que hayan descubierto estos gobernantes, tan lúcidos que tenemos, que dicha medida no servía de mucho. Yo me pregunto si el resto de las restricciones tampoco han servido de gran cosa y si estas normas solo han sido un justificante para que pareciera que los gobiernos estaban haciendo algo. A falta de mejores razonamientos se han dedicado a imponer normas, algunas anticonstitucionales, para dar una imagen de interés y eficacia. 

    A pesar de lo que nos han dicho, es posible que las ¿vacunas? tampoco sean todo lo eficaces que pretenden vendernos y mientras tanto venga dosis de vacunas. Ahora da la sensación de que hayan tirado la toalla por no saber por dónde van y que Dios nos coja confesados a todos. Dicen que lo tienen controlado, que esto es ya como una gripe. Pero a diferencia de la gripe que es estacional, este virus es para todo el rato. Lo que quiere decir que a partir de ahora vamos a estar mucho más acatarrados durante todo el año y la mayoría no llegaremos a saber si tenemos covid o un catarro común. Mientras tanto venga a contagiar gente porque como se podrá ir a trabajar y hacer vida social esto será ya el cuento de nunca acabar. O quizá no ¿quién sabe? Cosas más raras se han visto.

     Mientras los gobiernos han inventado toda clase de restricciones, muchas empresas  se han enriquecido; las farmacéuticas, los fabricantes de mascarillas y pruebas de diagnóstico, y los gobiernos que habrán tenido su pellizco de la transación. Y mientras ellos se enriquecían, los de siempre, el pueblo llano ha estado pasando penurias; miles de personas abocadas a los ertes o al paro, miles de negocios cerrados. Porque aquella frase de que el gobierno no iba a dejar a nadie atrás se ha quedado en agua de borrajas y muchos miles de ciudadanos se han visto en la estacada. 

     Ahora tenemos la guerra contra Ucrania y hemos tenido la huelga de transportistas que le han servido al gobierno para echarles la culpa de todo. Ah. El gobierno lo ha hecho todo de maravilla y si hay problemas es culpa de los otros. Porque para este gobierno, la culpa siempre es de los otros. Y claro, como siempre, los otros son la causa de la brutal subida de precios, unos justificados otros no tanto (porque a río revuelto...) ,que está dejando miles de hogares sumidos en la miseria. Pero ¿sabemos cuantos millones de euros se va a embolsar hacienda por esta subida de precios? Ahí lo dejo.

     Improvisar, improvisar, improvisar. Este gobierno solo sabe improvisar y dar palos de ciego por si aciertan alguna vez. Prometer, prometer y prometer para luego decir "que de lo dicho nada, que mire es usted quien lo entendió mal. Que si se ha quedado usted en la estacada ellos no saben nada...".

    Mientras los políticos siguen con sus trapicheos cotidianos, miles de hogares en este país no pueden llegar a fin de mes, ni pagar las hipotecas, ni encender la calefacción y muchos miles ni comer algo digno. 

     Pero ellos si que pueden atiborrarse de langostinos y cava, que ese es otro tema que dejo para otra ocasión.

     Que bueno es que siempre haya gente a quien echar la culpa, llámese guerra, o huelga o como quiera que se llame que un gobierno por norma no asuma sus culpas. Y mientras tanto algunos no dejan de conjugar el verbo lucrarse a su manera. "Yo me lucro, tu no puedes lucrarte, el pasa hambre, nosotros nos lucramos, vosotros os aguantáis y ellos se quedan sin trabajo, sin empresas, sin dinero". 

    Y para terminar más de lo mismo: ¿llegará a saber este gobierno por dónde le da el aire?...


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lunes, 14 de marzo de 2022

Una fuente que mana siempre

      Por fin han llegado las esperadas lluvias que tanto necesitamos. Sin embargo a pesar de que sabemos que la lluvia es buena para todos no podemos evitar, cuando la vemos llegar, sentir cierta tristeza y nostalgia. Sucede que los días lluviosos nos llaman a la melancolía; el triste ambiente gris nos envuelve con su manto y, como si  nos abrigáramos con una manta, nos dejamos envolver por esas horas tristes.

    Podríamos pensar que con lo que está cayendo en Ucrania, con los desastres de la pandemia y con  el dolor de tantos seres humanos, es egoísta sentirse triste porque llueve. Pero la vida sigue a pesar de todas esas inclemencias , la del tiempo también. Por ello tenemos todo el derecho a sentirnos como nos sintamos.

     Porque los días grises nos hacen rememorar los malos momentos que, como si volvieran a suceder, nos producen el mismo efecto del día que los sufrimos por primera vez. Son cosas del ser humano que no pueden evitarse por más que nos lo propongamos. 

     Hoy es uno de esos días y mira por donde que me ha dado por escribir, mientras mi rumba se pasea por la casa haciendo su trabajo y mi perra cambia de sitio constantemente sintiéndose acosada por esa extraña compañera. 

     Debido a la lluvia el paseo mañanero de todos los días se ha visto reducido por una breve caminata a los arboles más cercanos para que mi Chula estire un poco las patas y se desahogue. Ejem. No sé si mi perra entiende de nostalgia, de días tristes y no tengo ni idea de cómo le afectan; pero  seguro que de alguna manera ella lo sabe. Sabe cómo me siento y sabe que es un día diferente porque se sienta frente a mí mientras me mira con insistencia, como si me dijera "¡venga ánimo que yo estoy aquí contigo!"

    Recuerdo que de niña tampoco me gustaban los días de lluvia, porque me obligaban a permanecer en casa; aunque tengo que reconocer que ya de adulta la lluvia nunca me ha impedido llevar a cabo un plan que tuviera previsto. Si había que mojarse, pues se mojaba una. 

     Desde hace unos días estoy pensando en un proyecto, que nada tiene que ver con la lluvia, quiero escribir mis memorias. No es la primera vez que lo pienso, pero de nuevo me encuentro con un dilema. El dilema de cómo contar la verdad sin que mi narración hiera sentimientos de terceras personas. Esta duda me ha echado para atrás en otras ocasiones aunque ahora me siento con más fuerza para hacerlo. Porque tengo mucho que contar y quiero que mis hijos y mis nietos me conozcan y sepan cómo he vivido y cómo me he sentido a lo largo de mi vida. Ellos han participado en muchos de esos momentos y sin embargo a veces pienso que no han llegado a comprenderme. 

     Creo que los hijos no llegan a conocer a sus padres porque solo los ven en su faceta de padres, como si exclusivamente es lo único que fueran. Es que para ellos solo somos padres, que les hemos dado la vida y les hemos criado mientras intentábamos enseñarles, como podíamos, cómo enfrentarse a ella. Y si no haced la prueba; preguntarles a vuestros hijos si saben cuál es vuestra lectura favorita, cuándo fue la última vez que fuisteis al médico, cómo y quiénes son vuestros amigos, cuál es vuestra fruta preferida, qué viaje os ha emocionado más, cuáles son vuestros planes para el futuro. Preguntadles si sois felices.

     Porque ellos no se paran a pensar que tenemos emociones, ilusiones, carencias. Porque para ellos solo somos padres. Y es lo mismo que nosotros  pensábamos de los nuestros, que unos padres son como una fuente que mana constantemente a la que siempre podemos ir a beber. 

     Hay que ver lo que inspira un día de lluvia, que de un tema te lleva a otro sin que te des cuenta de que están pasando los minutos y es hora no sé si de salir a la calle a mojarse o de tomarse un café caliente, que por cierto mi rumba ya ha terminado su faena y mi Chula se ha dormido en su rincón favorito (mi sofá). 

     Seguiré pensando en la forma de escribir mis memorias. Ya os iré contando. 

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