domingo, 23 de agosto de 2015

Las fresas no son eternas (reflexión de una cabra loca)

Tras el descanso veraniego en el que no he tenido tiempo de escribir me dispongo a retomar mis escritos. Os  preguntaréis cómo siendo descanso no he tenido tiempo de escribir. Los que me conocen sospecharán, llegando a este punto, que me refiero a descanso con toda la ironía del mundo. O sea, que no he descansado nada.
Pero el verano ha sido fructífero porque ahora ya estoy preparada para la siguiente etapa de mi vida. Ignoro todavía cómo será pero ya me iré dando cuenta. Totalmente ubicada en mi nuevo destino, al que llegué hace ocho meses, ya es hora de dar un paso adelante. No me refiero solo a temas laborales, también personales. Mientras encuentro trabajo me dedicaré a terminar todos los escritos que tengo empezados, que ya es hora.

Mientras tanto una reflexión de esta cabra loca.

Últimamente me ha dado por pensar que no reconozco algunas etapas de mi vida, es como si alguien me las hubiera cambiado por otras totalmente desconocidas. Es una extraña sensación. He reflexionado mucho porque se me han caído algunos pilares en los que me sostenía desde siempre. Es posible que a todos nos pasen cosas parecidas. He descubierto que las personas cambian. 

Es posible que las personas no cambien tanto como pensamos a veces, lo que ocurre es que hay etapas en la vida que nos ayudan a conocer mejor a esas personas. Es como si cayese el velo que les cubría el rostro. Un rostro no tanto oculto en si mismo como desconocido. No conocíamos a esas personas en la totalidad, tan solo veíamos lo que queríamos ver o lo que nos enseñaron a ver desde que éramos niños.


La vida que ante todo es enseñanza, un buen día decide que ha llegado la hora de saber cómo somos en realidad. De saber cómo son en realidad los que nos rodean. Es posible que no nos guste lo que descubramos porque será como ver desaparecer ante nuestros ojos nuestro pasado o parte de él. Será como sentir que nos han cambiado la vida de la noche a la mañana. Porque al ver que las personas con las que hemos convivido recuerdan el pasado de manera diferente a la tuya, no podremos evitar hacernos preguntas, porque llegaremos a pensar que quizá no hemos vivido lo mismo, aún habiendo compartido el mismo techo.
Está claro que cuando esta experiencia pasa ante nuestros ojos, lo que debemos hacer es un profundo análisis para despojar de la paja lo que en verdad importa. Como cuando desenvolvemos un regalo valioso, cuidadosamente empaquetado y envuelto con esas virutas de madera para que no se rompa. Y después de varias capas de paja y papel de seda finalmente encontramos un regalo. 
Ocurre a veces que nos entretenemos tanto en el envoltorio que cuando llegamos al interior ya no queda nada. Porque hay regalos que no duran siempre y al envejecer dentro de los envoltorios quedan en nada. Imaginar por un momento que el regalo es un cesto  de fresas que no duran eternamente. Si tardamos demasiado a quitar los envoltorios que nos impiden llegar a ellas puede pasar que al final nos encontremos con fresas podridas. Lo mismo pasa con la vida, nos demoramos tanto en solucionar los problemas que cuando llegamos al final del envoltorio nos encontramos con lo que queda y no con lo que pudo haber sido, unas fresas magníficas que se pudrieron cansadas de esperar a que nos deshiciéramos de la paja que las cubría. Los sentimientos son como esas fresas, que si tardas en llegar a ellos es posible que cuando lo hagas no quede nada.

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jueves, 11 de junio de 2015

Triana, allá donde quiera que estés

Los que no conviven con animales no saben cuánto se puede llegar a quererlos. Llega un momento en que son uno más de la familia y así se les siente. Por eso cuando se van de este mundo se siente su pérdida con dolor, se les echa en falta, se nota su ausencia, te vienen los recuerdos de cómo llegó a ti, como le criaste, lo que ha significado. 
Digo esto porque ayer José, el adiestrador de Chula y mío,  me contó que se le ha muerto una yegua que se llamaba Triana que solo tenía siete años  y conforme me hablaba le estaba entendiendo perfectamente, estaba leyendo su sentimiento en los ojos, su pena en sus palabras, incluso sus gestos delataban que lo estaba pasando mal. Tríana era muy querida por él y toda su familia, sobre todo por su hijita mayor que incluso  aprendió a montarla a pesar de su corta edad  y ahora cuando  le digan  que ya no está lo va a pasar mal. Se lo van a decir un día de estos porque , como sabía que estaba enferma, no hace más que preguntar por ella y José está preocupado. La enfermedad le surgió de repente y no han tenido tiempo de reaccionar y hacerse a la idea. 
Entiendo como se sentirán ahora cuando vayan a la finca y no la vean. 
Y es que los animales te enganchan y te agarran el corazón. Te enseñan lealtad, te dan compañía, son agradecidos, no son nada rencorosos. Y tienen ese sentido especial con el que detectan tus estados de ánimo. Por eso cuando te faltan lo sientes de verdad, es como si te hubieran arrebatado algo. Chula no es mi primera perra, ya de soltera tuve a Coba, una sabuesa cariñosísima que cogió el moquillo y se quedó paralizada de las patas traseras, era una pena verla arrastrarse y cuando empezó a sufrir la tuvimos que llevar a sacrificar; también tuve a Marqués, un  perro pastor del pirineo que se nos murió de una gastroenteritis que le produjo una hemorragia interna. Por eso sé lo mucho que se siente su pérdida. Y ¿Sabéis qué caracterizaba a todos mis perros? que te daban cariño sin pedir nada a cambio, que siempre están allí y conocen el valor de tus carantoñas, que agradecen como si les estuvieras dando un tesoro.
     Por eso me apetece hoy hacerles una dedicatoria en este blog  a Coba, a Marqués , pero sobre todo a Triana porque ha dejado una profunda huella en la familia de José. Seguro que allá donde quiera que esté sigue apreciando lo mucho que la quieren. No he tenido la suerte de conocerla, pero tal como me han hablado de ella, seguro que era una gran yegua. Hasta siempre Triana.

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domingo, 7 de junio de 2015

Vivimos como soñamos, soñamos que vivimos

A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, sumergido en un error sin retorno, cuando un buen día te despiertas y al mirar por la ventana todo  es desconocido para tí. Sales a la calle y nada es igual; la vieja tienda de ultramarinos ya no es una tienda de barrio; los bancos del paseo, carcomidos por el paso del tiempo dejan ver cientos de astillas que se han convertido en un peligro; el kiosco de los helados con sus persianas bajadas ha dado paso al olvido. 
Será por eso que todo es desconocido, porque ha sido olvidado. Aquellas praderas verdes, donde jugabas de niño ahora son un secarral lleno de pinchos, como aquellos pinchos de aquellos veranos de la infancia olvidada.

A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, sumergido en un sueño imaginario que ya no tiene razón de ser. Aquel sueño donde te escondías para hacer la vida más llevadera y soportable. Y de pronto te viene a la cabeza aquella noche que, presa de la desesperación intentaste saltar por la ventana y no tuviste valor; y te preguntas si también fue un sueño. Recuerdas aquellas excursiones al río donde al atardecer te acribillaban los mosquitos y te preguntas si también fue un sueño ¿Aquellos bocadillos de pan tomate es posible que fueran también un sueño? Seguramente serían un sueño porque has intentado repetirlos cientos de veces y no lo has conseguido. Le echas la culpa a los tomates, que ya no son como antes, para luego darte cuenta de que la culpa es del sabor de la vida. Que no es lo mismo sentirla con los labios de niño, que descubrirla con los del adulto. Luego recuerdas aquellas lechugas  amarillas, que sabían a lechuga y cometes el mismo error de echarle la culpa a las lechugas, que tampoco son como antes. Y no tienen la culpa las lechugas, que es posible que tampoco sean como aquellas, la culpa es tuya por aferrarte a ese sabor que nunca debió estar en tu boca.
A veces puede ocurrir que descubres que has pasado toda una vida confundido, y mientras recorres esas calles desconocidas, con casas desconocidas, paseos nuevos, tiendas nuevas, vuelves a preguntarte sin el sueño fue aquello o lo es ahora. Incluso te pellizcas en el brazo para despertar.


Pasa el tiempo y sigues sin reconocer nada a tu alrededor. Es posible que hayas inventado tu pasado y al descender a la realidad todo te suena a nuevo. Es como si hubieras vuelto  a la vida tras estar años en coma. Quizá durante esos años soñaste tu vida. Sí, debe ser eso, te dices a ti mismo. He estado demasiado tiempo dormido. 
Por fortuna ahora te has despertado y aunque todo a tu alrededor es distinto te preparas para vivir tu vida, tu nueva vida, con tomates y lechugas nuevas que no saben como en tus sueños, pero ya no importa. 
De pronto te alegras de no haber saltado al vacío aquella noche. Espera, te dices, quizá nunca quisiste hacerlo, quizá aquello también fue un sueño. Pero ya no quieres cometer más errores, así que  recoges tus recuerdos soñados y los encierras en el fondo del cajón, de ese cajón que nunca abres. Y si esto es un error, te dices, ya lo averiguaré cuando vuelva a despertar.

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martes, 2 de junio de 2015

El caso es pagar el pato.




          Recuerdo que cuando comenzaron  a salir casos de corrupción nos llevábamos las manos a la cabeza y casi nos rasgábamos las vestiduras. A estas alturas, estamos tan acostumbrados a que nos roben que ya ni nos inmutamos. Nuestro interés lo despiertan más Ortega Cano y Pantoja con sus idas y venidas a la cárcel, que puestos a sacar beneficio, esto vende más. Y puestos a padecer, es inútil padecer ya que no podemos hacer nada por acabar con la corrupción. Eso sí, los gobernantes que nos ha tocado en suerte si que están intentando acabar con ella, a costa del contribuyente final, del que sacan pingües propinas extras con argucias varias.
Porque digo yo. Si compras un piso y pagas rigurosamente al fisco su correspondiente diez por ciento del valor de compra, y luego viene hacienda y te dice que has comprado por debajo del valor real que le debes pagar más y te añaden una cláusula de que como están luchando contra la corrupción a ti  te toca pagar más; es esto una argucia abusadora para sonsacar o ¿no?. Y claro, luego te das cuenta de todo lo que han robado y de que nadie devuelve nada y se te queda la cara de atontado cuya expresión no puedes borrar por más que lo intentes. 
Porque claro nos hemos rasgado las vestiduras con tanto mangoneo, pero a qué esperamos, digo yo, para reclamar que devuelvan lo robado ¿Somos tontos o qué? Que dirían en mi pueblo. 
¿Este gobierno va a acabar con la corrupción a costa de quienes han comprado un piso con mucho esfuerzo, mientras otros que lo tienen todo sin esfuerzo, siguen robando? Aquí hay algo que no encaja, que diría un amigo mío. 
Claro, tratándose de política lo raro es que algo encajara, pero como tenemos tan metido que la política es un mal necesario, nos importa un comino encaje o no, seguimos pagando de más para facilitar futuros expolios sin tan siquiera una queja. Porque ¡de qué sirve quejarse! Si ya te lo dicen en la administración misma , quéjate quéjate, que no te va a servir de nada. Al menos a mi me lo dijeron. Pues si señor, me quejé, que el derecho al pataleo no me lo pierdo. Eso sí, no me sirvió de nada, como muy bien me dijeron el día que llevé las alegaciones. 
Y se entiende porque como han robado tanto, ya va quedando menos y hay que volver a llenar los cajones, para que cuando lleguen los que tienen que llegar se encuentren alguna chuchería en las arcas y no las encuentren vacíos. Porque no nos engañemos, que los que llegan nuevos van a seguir lo propio, que una vez en el poder, es muy difícil seguir siendo honrado. Que de un modo u otro van a seguir robando. O si no, tiempo a la historia. Que todo esto de la historia es cíclico, se repite una y otra vez. A ver por lo menos si le roban a gente distinta para que no tengamos que pagar el pato siempre los mismos. 
(Filosofía de andar por casa)

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jueves, 28 de mayo de 2015

Poner la vela donde sopla el aire y no viceversa

Acabo de encontrar en google un escritor y clérigo francés del siglo XVII Jacques Benigne Bossuet (1627-1704) que definía la política así:

"un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir" 

Y me ha chocado porque sin conocerlo justo ayer escribí en mi facebook algo relacionado con esta idea:


Reflexión de andar por casa sobre el resultado electoral: los que han ganado, no han ganado porque no pueden gobernar; los que no han ganado porque no les llegan los votos pero harán coaliciones, han ganado haciendo trampas entrando con otra marca; los unos preparan su salida por la puerta de atrás, los otros haciendo trampas entran por la puerta de atrás. Vaya follón se va armar como no ensanchen la puerta de atrás. Los que salen por los que entran, más de lo mismo.

Por cierto aquí ¿También aplicarán la norma de "antes de entrar, dejen salir"? 
Lo que yo veo es que parece que los que salen no tienen prisa en salir, pero los que entran lo hacen a toda velocidad. ¿Será que no quieren quedarse sin sillón? Porque en este batiburrillo ¿habrá sillones para todos?.......


Y esto no es nada comparado con la sarta de insensateces que todos ellos, los "ganapierde" y los "pierdegana", están diciendo y haciendo desde que se conoce el resultado de las elecciones, esperado por otra parte. 
Los primeros porque no se resignan a dejar de gobernar, tradúzcase abandonar sus sillones, y los segundos porque ya antes de comenzar a gobernar se están saltando algunas de sus premisas politiqueras; que antes de las elecciones no se hablaban con sus contrarios y ahora milagrosamente han comenzado a hacerlo. Porque la política manda y pueden ser necesarios algunos pactos para que finalmente lleguen a ocupar sus sillones de mando. 
Y es que la política es así, donde ayer dije digo, ahora digo Diego. Y todo vale con tal de gobernar. 
 Ya veremos cuando los que llegan, si es que consiguen finalmente entrar, y se encuentren con lo que se van a encontrar, ya veremos digo por dónde les da el aire. Ya veremos si van a poder cumplir tanta promesa. Porque según dicen los expertos hacer promesas está bien para que te voten, pero que luego hay que gobernar, que es muy distinto y no es tan fácil; que los toros se ven muy bien desde la barrera, pero las cornadas se sufren en el ruedo. 
Y los toros últimamente andan un poco revueltos, por aquello de los descalabros ocasionados por el gobierno "saliente que no quiere salir". Ya veremos si el gobierno que "quiere entrar pero todavía no le dejan" puede arreglar el desaguisado o finalmente tendrá que tirar por la calle de en medio que decimos en mi pueblo, o sea hacer lo que se pueda y tirar para delante. 
Mucho me temo que los que quieren entrar a toda prisa bien pronto se van a encontrar con alguna sorpresa, porque no deja de ser extraño que, precisamente ahora, los que salen que no quieren salir hayan comenzado a destruir documentos haciendo limpieza en los cajones. Que bien está que tiren sus caquitas, para que los que entran puedan guardar las suyas. Porque tratándose de política sean unos u otros, mierda va a haber mucha, seguro. 
Así que mientras patalea la señora Aguirre igual que una niña que ha perdido su muñeca, los otros van ganando posiciones y se van haciendo su composición de lugar.
Eso sí yo les diría bien claro que posiciones pueden ganar todas las que quieran pero que lo que se dice tomar no queda ya mucho que tomar, que está todo tomado. O sea que no queda ya nada que robar. Porque en otras ocasiones ha pasado que, palabrerías y promesas aparte, lo que de verdad les interesaba a tantos políticos eran esas arcas, que se prometían bien llenas. Pero los tiempos han cambiado y desde que empezó la crisis por lo visto comenzaron a robar más deprisa y del tesoro del pirata ya no queda nada.
Porque la política es pura piratería y si no, tiempo al tiempo, que ya discurrirán estos la manera de sacarnos lo poco que nos queda con cualquier pretexto sutil para llenarse los bolsillos. 
Y no nos llevemos a engaño que, sorpresas  va haberlas, porque ya lo dijo Jardiel Poncela (1901-1952), ilustre escritor, que "los políticos son como los cines de barrio, que primero te hacen entrar y luego te cambian el programa". Por cierto este mismo escritor dijo también que "el que no se atreve a ser inteligente, se hace político". 
Ya me lo diréis en una temporada. A ver si los que llegan son capaces de poner la vela donde sopla el aire  y no viceversa.

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martes, 26 de mayo de 2015

A clase con Chula

Ahora vivo en una localidad donde hay muchos perros y a Chula no le ha quedado más remedio que aprender a convivir con ellos. Antes temía a los perros que no conocía debido a que le mordieron dos perros cuando era una cachorra, pero poco a poco ha perdido el miedo y ahora disfruta mucho jugando y corriendo con ellos. Digo esto para introducir lo que quiero contar hoy.
     El hecho de ver y observar la cantidad tan grande de razas de perros que hay por aquí me ha llevado a unas reflexiones. La mayoría   de las veces a quienes hay que adiestrar es a los amos, la mayoría o la totalidad de las veces. Ahora que hemos estado yendo las dos, Chula y yo, a unas clases de adiestramiento, me he dado cuenta de la cantidad de cosas que hacen mal casi la totalidad de personas que tienen perros. 
     Ambas hemos aprendido mucho, a caminar juntas sin tirar una de la otra, por ejemplo; ella ha aprendido a obeceder y yo a dar ordenes. Chula es ya capaz de caminar a mi lado sin necesidad de correa (aunque por el casco urbano se la pondré por aquello de las multas, ya que está prohibido llevar perros sueltos); ya no persigue ardillas y no se altera cuando ve gatos. Esto entre otras cosas. 
Se sienta, se tumba, se hace la muerta (bueno esto último lo estamos practicando todavía).
     Lo básico del aprendizaje es que ella sepa que deba obeceder y yo sepa darle ordenes oportunamente. Así de fácil. O así de fácil se vuelve después de haber practicado lo suficiente.
Una cosa que no hay que olvidar es que hay que practicar siempre una vez que has aprendido los mecanismos, ya que si dejas de practicar ambos, amo y perro, se vuelven perezosos y olvidan las cosas aprendidas. 
Chula  en el pipican mirando un perro que se acerca
     Esta mañana cuando hemos llegado al pipican un perro ha subido las patas a mi camiseta y su ama tan tranquila. Si a ese perro no le enseñan que eso no se debe hacer ¿cómo lo va aprender? El otro día un hombre iba con dos perros sueltos que se abalanzaron sobre nosotras y el amo tan tranquilo; le dije que si sus perros acostumbraban a hacer eso debería llevarlos atados, me respondió que solo querían jugar, como si eso justificara su actuación; otro día me abalanzaré yo sobre él a ver qué le parece. A esto voy cuando digo que hay que adiestrar a los amos también. 
     Tener un perro conlleva saberlo cuidar y entre las cosas que le debemos proporcionar para atenderlo adecuadamente es la educación que necesita para saberse comportar. Que no solo de pienso se alimentan los perros sino de todos los mecanismos educativos que necesita para vivir en sociedad. 

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sábado, 2 de mayo de 2015

Una Persona llamada madre

Cada año cuando llega el día de la madre, además de odiar profundamente este día, me hago muchas reflexiones, que casi nunca llegan a ninguna parte. Todos los días del año deberían ser el día de la madre, o si no, seamos madres solo el día de la madre. 
Hay  madres de infinitas clases, diría yo que tantas como mujeres e incluyo también a las que no han tenido hijos. Sus maneras de ejercer la maternidad se despliegan en un abanico amplio de posibilidades, todas igualmente importantes. Y lo importante no es la manera en que cada mujer se desarrolla como madre, sino como se siente. 
Voy  a decir una barbaridad que muchas me reprocharéis, hay un adjetivo que nos une a todas las madres, que el corrector no me deja escribir, así que figuraros y tendréis que quedaros sin saber qué era. Pero hacer uso de la imaginación y lo averiguaréis.

No sé si os habréis parado a pensar alguna vez cómo os ven vuestros hijos. Si lo hacéis es posible que muchas os llevéis una sorpresa soberana.
Una vez uno de mis hijos me dijo "mamá tu has nacido con 45 años" (de esto hace ya algunos años).  Me quedé pensando y me di cuenta de que tenía razón, era así como me veía. Ellos no nos ven como personas,  nos ven como entes raros que estamos allí para lo que necesiten a cambio de una carantoña de vez en cuando. Y lo curioso es que nos basta con esa carantoña para sentirnos bien.

Una convicción que tengo hace años es que los hijos casi nunca conocen a sus madres en profundidad, a lo mejor es que tiene que ser así. Hacer la prueba y preguntarles a vuestros hijos cuál es vuestro color favorito, qué tema musical os hace vibrar, cómo son vuestros compañeros de trabajo, cómo son vuestros amigos, cuántas veces habéis ido al médico el último año, qué libro habéis leído hace poco, cuales son vuestras ilusiones y vuestros sueños.
Digo esto sin acritud, pero parece que las madres solo estemos allí para dar y somos tan tontas que si no damos no estamos contentas. Y los hijos están allí para pedir, porque hasta cuando dan están pidiendo. Si no cuando tu hijo te bese pregúntate cuánto te va costar este beso. Y siempre siempre los besos tienen un precio.
Una amiga me contó una vez que su hijo solo la llamaba para pedirle y ella se lo reprochó; al día siguiente la llamó y hablaron de varias cosas, ella se sorprendió de que no le pidiera nada a lo largo de la conversación; colgaron y a los cinco minutos el hijo la volvió a llamar y le dijo que necesitaba unas deportivas nuevas. Me reí porque al menos en esa ocasión el hijo se hizo un poco su propio marketing, la primera llamada había sido gratis. 
Cualquier tipo de madre lo único que quiere para sus hijos es que sean felices y pagamos el precio que sea preciso con tal de  verlos bien. Y no importa la edad que tengan los hijos, porque, como dijo una vez una amiga mía, los hijos son como una enfermedad crónica, no se acaban nunca. Digo esto desde el humor, que nadie lo malinterprete.
Y Por si algún hijo del mundo mundial lee esto quiero decir: 
¡¡¡¡somos madres, pero también somos personas!!!


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