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viernes, 12 de marzo de 2021

Lucha de sillones (uf, esto no huele nada bien)

 Cada día los hechos dejan constancia de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¿Qué digo dos? y doscientas también. No quería hablar de nada que tuviera que ver con la pandemia actual que padecemos, pero es que no solo padecemos la pandemia, sino que también estamos acorralados por una deficiente gestión de la misma, que a falta de ser sanitaria es más política que otra cosa.

    No se entiende que con lo que la población estamos  padeciendo con las consecuencias de la pandemia, nuestros políticos se dediquen a proponer mociones de censura para intentar afianzarse en el poder. Si por mi fuera dejaría los temas políticos en pausa total hasta que se solucionara la pandemia, y desde luego hay muchos que dan muestras claras de que no merecen gobernar. Y no me refiero solo a los que se han saltado las listas para vacunarse antes, me refiero también a los partidarios de imponer normas discriminatorias que confunden a la población. Cuando deberían calmar a la población, la están alterando cada día con tanto despropósito. Porque no se entiende, por mucho que ellos lo quieran justificar con argumentos sin sentido, que los españoles estemos con confinamientos perimetrales y se está dejando entrar extranjeros que circulen libremente por nuestro país. Nos dicen que vienen con pcr y no es cierto, no hay más que ver los que se cuelan por las fronteras de a pie sin ningún tipo de control. Y así, mientras los españoles nos quedamos en casa, sin poder reunirnos con los nuestros, tenemos que ver cómo los de otros países se saltan toques de queda y organizan fiestas. 

   Pues no se puede entender que estemos sin poder visitar a nuestras familias y para ellos ancha es Castilla. 

    Y esto es solo por poner un ejemplo, pero hay muchos más. 

    El último lo que ha pasado en la Comunidad de Murcia, Madrid, Castilla y León. Que parece que los políticos hayan saltado al circo y como leones intenten asegurarse un puesto que no merecen. Poco sentido común. 

    Yo eliminaría a todos los políticos de la nación mientras siga muriendo gente y pondría unos gestores, que fueran expertos en gestión de pandemias, para se colocaran al frente, libres de ideologías que empañaran su gestión; que muchas veces esas ideologías no hacen sino enmascarar los intentos descabellados por permanecer  en el poder, un poder que ni merecen ni saben gestionar a la vista de los resultados. Y todo ello abogando que lo hacen por los ciudadanos: si de verdad les importáramos se dejarían de luchas internas por conseguir sillones y se preocuparían de que no siga muriendo gente por esta pandemia. Porque estaréis de acuerdo conmigo en que hay un olor extraño en nuestro país que no huele nada bien...

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martes, 12 de enero de 2021

Un pueblo tirado en la cuneta. Menos reñir y más trabajar.

      Hace unos meses nos obligaron a llevar una mascarilla contra el covid y pensábamos que esto era la solución para combatir esta pandemia. Pero en  lugar de ir a mejor, hemos empeorado considerablemente y hemos llegado a unos límites que no nos imaginábamos ni remotamente. La mascarilla no es la panacea que terminará con esta pandemia, porque hasta no hace mucho no se sabía ( y si se sabía, se ignoraba) que este virus se propaga por aerosoles. Y tuvimos que tirar de diccionario para averiguar qué demonios eran los aerosoles, que a la mayoría nos sonaban a desodorantes o ambientadores al uso, y averiguamos con horror que estábamos metidos de lleno en la guarida del lobo.
     Los aerosoles son muy peligrosos en sitios cerrados y no es muy lógico que se obligue a la población a llevar mascarilla en sitios abiertos, cuando la transmisión se lleva a cabo en sitios cerrados, donde hasta hace poco nadie llevaba mascarilla. Porque incluso en nuestro domicilio deberíamos llevarla si es así. 
     Dando por hecho que la gestión de está pandemia deja mucho que desear, tenemos que constatar otros aspectos. Se primó apoyar la economía en la medida de lo posible, porque entre morir de covid o de hambre no hay tanta diferencia. Pero resulta que en sitios donde la economía ha estado más parada, tampoco se ha solucionado mejor la situación y allí donde las medidas han sido más estrictas tampoco gozan a estas alturas de mejores resultados. 
     Y entre col y col... va y llegan los españoles, que son muy bravos y algunos se saltan las medidas a la torera porque el tema no van con ellos. Que son una minoría, pero una minoría que se nota mucho y está contribuyendo a la propagación de la pandemia, provocando que gente que sí que ha cumplido las normas, enferme. Y se han criminalizado sectores de la población, lo cual es bastante injusto, porque como digo los incumplidores son los menos y no es razón de criminalizar a nadie. Sobre todo se ha criminalizado a los jóvenes cuando hay una mayoría d e ellos que están siendo cumplidores con las medidas. Porque, claro, hay que culpar a alguien. Y al gobierno le va bien que nos peleemos entre nosotros. ¿Qué si no ha hecho el gobierno durante todo este tiempo, sino hacer que parezca que la propagación de esta pandemia se deba los incumplimientos de las normas por parte de los ciudadanos y no a la gestión tan nefasta que se está haciendo de ella por parte suya?

     Y ,como si no fuera bastante larga la lista de despropósitos, nos cae encima un temporal y nieva donde no suele hacerlo y ¡venga, todos a  tirarnos bolas y a presentarnos en lugares públicos abarrotados de gente, que la nieve es muy bonita!, en lugar de quedarnos en casa aprovechando la circunstancia para contribuir a frenar la pandemia. Lo que deberíamos saber es que  la nieve es bonita en otras circunstancias, no ahora, cuando estamos  con la soga al cuello. Luego vienen los patinazos, las caídas, los golpes, que nos obligan a saturar las urgencias, más de lo que están, contribuyendo a una situación que nunca debería haberse dado en estas circunstancias porque mientras se pone yeso en una pierna rota, se deja de vacunar a equis personas o de atender a equis covid. 

    Un poco de sentido común, que aunque sea el menos común de los sentidos, debería darnos las claves de lo que podemos o no hacer, independientemente de la mala gestión de esta crísis. Porque ellos, los políticos, ya tienen bastante con echar balones fuera, inculpándose unos a otros todo el rato, olvidando lo que hace meses les rogaron los ciudadanos: que hicieran un frente común y se pusieran a trabajar por este pueblo que les necesita y al que han dejado tirado en la cuneta. Porque sí, así es y así nos sentimos todos. 

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miércoles, 19 de agosto de 2020

Mascarillas, normativas y otros sinsentidos politiqueros

  •      Cada día estoy más convencida de que nos encontramos en un "déjà vu", porque yo diría que se repiten las mismas situaciones de la primavera pasada. A pesar de que no se esperaba la segunda ola de la pandemia hasta entrado el otoño, la tenemos aquí hace días, en pleno verano. Y mientras los mismos errores del pasado se suceden en una interminable sucesión de sinsentidos, algunos nos preguntamos si las medidas que se están tomando son todo lo eficaces que pretende el gobierno. 
  •     Permitidme que lo dude, porque algunas medidas se están llevando a unos extremos sin horizonte. El uso de las mascarillas al aire libre, por ejemplo, me parece absurdo cuando se puede mantener la medida de seguridad. Además de que las mascarillas nos pueden dar una sensación de seguridad peligrosa; porque a ver ¿quién la cambia cada cuatro horas?. Nadie. Porque el precio excesivo te impide utilizarlas como se debería. Hace falta un buen presupuesto extra para hacer acopio de todas las mascarillas que hacen falta en un hogar de 4 personas para todo el mes. Y como muchos se han quedado en el paro o tienen bajos ingresos no pueden permitirse hacer ese gasto; con lo que las mascarillas se reutilizan durante días, cuando solo deberían durar 4 horas. En esa situación esas mascarillas dejan de ser seguras, porque ni protegen a los demás ni al que las lleva. 
  •     Desde hace días  no me fío de la gente que lleva mascarillas, porque ya doy por hecho que están sobre utilizadas, o sea inservibles. Sumando a esto toda la gama de mascarillas de tela que se están vendiendo de todas las formas, colores y estilos, que, váyase usted a saber si de verdad protegen o solo te sirven para que no te pongan una multa. Porque esa es otra. Yo llevo mascarilla no porque crea que es útil y protejo a los demás, que no lo creo (todo es una industria de intereses creados), sino para que no me multen. Es triste desgracia. 
  •      Aunque parece ser que este temor a las multas, que nos ha estado acosando desde hace meses, no lo es tanto para tantos insensatos que acuden o acudían (porque ahora lo van a tener más difícil) a los botellones o eran asiduos del ocio nocturno. Ya que no tenían ningún miramiento en hacer toda clase de tropelías con tal de hacer de la diversión su objetivo más fundamental de existencia. 
  •      Para muchos la obligatoriedad de las mascarillas no es sino un obstáculo más que les impide salir a la calle, porque,  yo me cuento entre ellos, solo de pensar que tienes que estar todo el día con la mascarilla puesta se te quitan las ganas de salir. Ya solo queda la opción de reunirse en casa, que será lo siguiente que nos prohiban, cuando vean que la gente que ha dejado de salir, se lo monta en casa y se sigue contagiando. Al final no dejarán que vivamos. Porque poco a poco nos van quitando junto con la libertad, la vida misma. 
  •      Mientras tanto el presidente,  de vacaciones; cuando el noventa por ciento del país se ha quedado sin ellas debido a la pandemia, él por su cara chula se va de vacaciones, dejando el país sumido en el desconcierto. Pero la política es así, aunque no ha sido así en los países donde sus mandatarios han permanecido al pie del cañón. Porque sí, en una situación como la que estamos viviendo no queda sitio para descansar cuando la nación entera está en pie de pandemia. Lo malo va a ser que ahora, cuando vuelvan de vacaciones nos a poner la soga al cuello con más normas y van a terminar de cargarse la poca libertad que todavía nos queda, o debo decir, quedaba. 
  •      Y si las mascarillas son tan efectivas ¿cómo es que cada día siguen aumentando los contagiados? Porque con mascarillas o sin ellas, seguimos como seguimos y la ola pandémica sigue su evolución. Yo creo que, independientemente de que debamos cuidarnos, las actuales normas no sirven para nada. Como no sirvió de nada quedarnos en casa, cuando nos quitaron la libertad de desplazarnos para procurarnos el sustento. 
  •      Mientras tanto vemos hundirse negocios cada día, porque lo que se ha hecho con los autónomos es obligarles a un suicidio sin precedentes. Si, se les permitió aplazar las cuotas a la seguridad social; pero ahora hacienda se está quedando la devolución que les correspondería de la declaración de sus rentas. La seguridad social está retrasando el pago de los ertes, abocando a tantos empresarios a una muerte indigna de sus negocios. Para que mientras tanto nuestro presidente se vaya de vacaciones, sin  sentir el más mínimo escrúpulo por abandonar el barco y mirar por su recreo, cuando esos ciudadanos a quienes ha despojado del pan caminan hacia el precipicio. ¡Qué valiente es nuestro presidente! 
  •      Ignoro cómo podrá sobrevivir gran parte de la hostelería, si no se reinventa, a todo este despropósito; no sé cómo podrán salir adelante tantos miles de familias si el gobierno corta la fuente de sus ingresos. Porque quitar el ocio nocturno es a mi parecer una barbaridad. ¿Acaso el virus solo se transmite a partir de la una de la madrugada?¿Me quieres decir que hay más movilidad a esas horas, que a las ocho o a las dos de la tarde? 
  •     Sin duda que no, pero hay que prohibir algo para que parezca que quienes gobiernan y se han ido de vacaciones, están haciendo algo. Algo si que están haciendo, dar palos de ciego y si aciertan será por pura casualidad no porque haya habido inteligencia en el golpe. 
  •      Ignoro qué nos queda por hacer sino tener paciencia y esperar que el virus caiga derrotado, no sé si por el efecto de una vacuna o porque alguna de las medidas que se han tomado haya funcionado de casualidad. 
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domingo, 19 de julio de 2020

El retorno de lo absurdo y vuelta a tropezar con las mismas piedras.

     
     Después del descanso politiquero que me he  tomado, aburrida de tanto desatino y cansada de ver cómo nuestros políticos se pelean, retomo mi blog con la esperanza de poder comentar algún día alguna cosa positiva, como por ejemplo que ha terminado la pandemia. 
    Mucho me temo que tenemos todavía covid19 para rato, porque con la vuelta a la "nueva normalidad" los brotes se han disparado de nuevo. Puede ser  que la  gente no tiene claro todavía que hay que mantener distancia de seguridad y usar mascarilla. Porque tenemos los dos contrapuntos, los que la llevan a todas horas y los que no la llevan nunca. Pero claro si cada día estamos viendo las disputas y rencillas de quienes gobiernan ¿cómo vamos a creer que están en lo cierto cuando nos imponen estas medidas y que verdaderamente nos van a servir para algo?
     Podían empezar por renunciar a las dietas por desplazamiento, ya que no se han desplazado, salvo unos pocos. Porque es una vergüenza que solo un político lo haya hecho, Odón Elorza. Además de que tampoco han trabajado pero sí que han cobrado su sueldo íntegro. ¡En qué país vivimos! 
     En cuanto a la "nueva normalidad" (que dicho sea de paso ya podían haberla llamado de otra manera) ya se ha visto que no  todos la aceptamos como deberíamos. Porque viendo cómo se ha lanzado la gente como una marabunta a sus segundas residencias, no parece que para ellos la nueva  normalidad vaya a ser diferente de la antigua. Pero claro como Sánchez ha dicho "venga todos a veranear", pues allá que vamos, a pesar de que Simón ha aconsejado que solo se realicen los desplazamientos necesarios. Un toque de cordura y sensatez que no se sabe cuánta gente ha oído. Creo que casi nadie.
     A los que no nos llegaba para vacaciones en la antigua normalidad, sigue sin llegarnos en la nueva, con lo cual podremos cumplir el precepto y no nos desplazaremos si no es necesario, o sea nunca. 
    Pero hay que mover la economía, que tanto desastre nos ha traído, y para ello son necesarios los desplazamientos; hay muchos miles de personas que dependen del turismo y no iba a servirnos de nada salvarnos del covid19 si luego nos morimos de hambre.

     Y ya vemos qué nos trae esta normalidad tan poco normal, un aumento de contagios y la vuelta de las restricciones. El uso de la mascarilla es obligatorio en la práctica totalidad de las Comunidades, porque pretenden hacernos creer que ahí está el meollo de la solución para erradicar esta pandemia. PERO NO. 
Ahí está el meollo para poder decir que la pandemia no acaba porque los ciudadanos no se ponen las mascarillas. Pero resulta que nos la vamos a poner, por convencimiento propio o por miedo a las sanciones, y la pandemia no va a parar, porque, entre otras cosas, el gobierno sigue sin hacer los deberes. Sigue desoyendo el mandato de la Oms, de hacer test en cantidad para aislar los contagios. Pues señor, en este país en lugar de aislar los contagios, se aíslan  personas sanas, que es mucho más socorrido y se acaba antes con menos esfuerzos y menos medios; porque resulta que los medios o el dinero que cuestan los medios, les hacen falta a los gobernantes, seguramente para seguir robando. 
     No entendemos que después de 4 meses de pandemia el gobierno siga asegurando que hay medios en los hospitales para atender los casos y mientras tanto haya hospitales donde los trabajadores siguen echando mano de las bolsas de basura para fabricarse medios de protección.
     Después de 4 meses de pandemia por fin se hace obligatorio el uso de mascarillas para casi todo momento. ¿Esto es todo lo que ha aprendido el gobierno? Imponer mascarillas y aislar gente sana. Pues ¡vaya gobierno de habas!
     ¿Dónde están los epis que faltan?¿dónde los rastreadores que son necesarios?¿Dónde los test masivos para aislar enfermos? La respuesta es clara: están en la responsabilidad de los ciudadanos. Y con responsabilidad todo arreglado. PUES NO. Con responsabilidad permanecimos confinados en casa y seguimos las instrucciones que dio el ministerio de sanidad, a costa de nuestras libertades fundamentales, a costa de no poder salir a buscar el sustento (todavía hay miles de ciudadanos que no han cobrado los ertes), a costa de nuestra salud, porque hay mucha gente a la que la pandemia les ha hecho un agujero en la salud y no solo por el covid19. Mientras tanto el gobierno compraba mascarillas y test defectuosos, porque los países más espabilados habían comprado los buenos.Pero este gobierno no es que sea muy previsor. 
     Y no ha aprendido a serlo porque 4 meses después de iniciarse la pandemia sigue dando palos de ciego y pidiendo responsabilidad a los ciudadanos,porque él no sabe nada mejor. Así pretende camuflar sus fallos para que no descubramos su incompetencia, así si algo falla la culpa será de los ciudadanos. Ciudadanos divididos por obra y gracia de un gobierno nefasto, que sigue convencido de que mientras el río esta revuelto el divide y vencerás es la mejor arma para tener entretenida a la ciudadanía. 
            Ahora son los gobiernos autonómicos quienes tienen la competencia de sanidad, otra cabeza de turco para el gobierno central, que ya puede echar la culpa a los ciudadanos y a las Comunidades del avance de la pandemia. 

     Y No. Si la pandemia no remite, no será culpa de los ciudadanos, será culpa de la sordera del gobierno que desoyendo el mandato de la Oms sigue haciendo lo que le sale de los cataplines. Hagan test, señores, aislen contagiados. Porque dónde se ha visto que se aislen personas sanas.Salvo en las películas de zombis en ninguna parte. 
     Me gustaría dar un voto de confianza a los gobiernos autonómicos a ver si lo hacen mejor, pero mucho me temo que siguen sin medios, aunque le pongan ganas. No sé si volveremos a confinarnos, espero que no; aunque con la obligatoriedad de llevar mascarillas a todas horas, salvo excepciones, vamos a pensar mejor cuántas veces pisamos la calle y a dónde vamos. Quizá nos reuniremos en las casas, libres de mascarillas, con lo cual no habremos echo nada. Porque lo que hay que hacer no es obligar a llevar mascarillas a todas horas, lo que hay que hacer en vigilar los núcleos de contagio, a saber, los sitios cerrados principalmente, las reuniones familiares y las aglomeraciones. ¿Qué hacemos llevando mascarillas por la calle de un pueblo, donde no es probable que te cruces con nadie? Del género absurdo es esto.
     Tan absurdo como volver a tropezar en la misma piedra una y otra vez. 

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jueves, 28 de mayo de 2020

Aburridos del reality politiquero. Reflexiones de una cabra loca.

       Lo peor de subir a una cima de un monte es que luego tienes que bajar. Y bajar del monte a veces es complicado y más difícil que subir. Mi experiencia es que bajando del monte he pasado más miedo que subiendo; ir cuesta abajo es complicado porque la inercia te empuja hacia delante y un mal paso puede hacer que tu cuerpo termine rodando. Otro ejemplo, las rodillas nunca me han dolido subiendo pero sí bajando, porque las llevas en tensión frenando mientras caminas. 
     Esto viene a que con la desescalada pasa algo parecido; algunos bajan con miedo, otros sin pensarlo, otros rodando. Porque con el ejemplo que nos está dando el gobierno ya no nos fiamos de nada y dudamos sí las obligaciones que nos vienen impuestas por el gobernante (ya que solo manda uno)de verdad sirven para algo.
     Porque se han pasado la pandemia diciendo que las mascarillas solo eran necesarias para el personal sanitario y cuando más carga vírica había en las calles, todo el mundo íbamos sin ellas. Ahora que la carga vírica es mucho menor, las hacen obligatorias porque como ya han llegado a los mercados ahora hay que gastarlas. Porque esto ha ido así: no hay mascarillas en el mercado, no son obligatorias; hay mascarillas en el mercado, son obligatorias. Mientras tanto siguen sin hacer los test que serían necesarios, que es lo que verdaderamente hace falta para frenar los posibles brotes que vayan surgiendo. 
     Para que parezca que el gobierno hace algo, nos mantienen en confinamiento; porque si no fuera por la desescalada a ver qué iban a estar haciendo nuestros políticos entre rueda de prensa y rueda de prensa, que nos tienen aburridos. Y con esto de la desescalada menuda la que han liado, que la gente de a pié ya no sabe lo que puede hacer, lo que no, ni por donde le sopla el aire. Cada semana o cada quince días cambiando. Que seguramente será cómo hay que hacerlo, pero un poco de por favor. 
     Mientras desescalamos se suceden todo tipo de cosas raras, ha empezado el baile y ya se ven cabezas rodando, porque, parece ser, que el cortar cabezas es lo normal para deshacer equipos y cambiarlos por otros que tengan la confianza del gobierno. Es decir, que digan amén a cada una de las palabras que el susodicho pronuncie. Han empezado los insultos, las amenazas, en definitiva todo despropósitos que nos tienen hasta el moño. Y lo peor es que muchos de estos han sucedido dentro del congreso. Así son nuestros políticos. El día que comienza el luto oficial por las víctimas, ellos se lo pasan discutiendo, con insultos y con gritos. Que no pretendan luego que los ciudadanos hagamos caso de los mandatos. Porque para muchos han perdido la autoridad, porque demostrado queda que el pueblo no es que les importe demasiado. 
     Se rompió la unidad que parecían tener al principio. Pero solo era apariencia por lo visto. Hubieran sido grandes políticos si hubieran sobrevivido a ellos mismos y a sus ideologías, para entregarse por entero a un pueblo que todavía sigue esperando que hagan lo que deben y se dejen de tonterías. El mismo Sánchez ha provocado esta desunión con su extraño comportamiento y sus pactos in extremis y como contrapunto ha dejado de atender a quienes lo apoyaron en serio porque creían que proteger al pueblo era una prioridad. Él ha provocado la desunión cuando ha desatendido algunas Comunidades dejándolas a su suerte y verdad para que se apañen como puedan y que salga el sol por Antequera. Y todo porque Sánchez quiere ser él y solo él. 
     No sé si seguiré comentando más cosas, porque me tienen aburrida y cansada. 
     Porque mientras ellos descalabraban este país, la vida ha seguido; ha muerto gente, han nacido niños, parejas se han enamorado. Otras parejas han roto. Otras vuelven a intentarlo. La vecina del 5º sigue sola esperando que la liebre salte por casualidad. Los conservadores se han vuelto más conservadores. Los liberales más liberales. Los obreros se marchan a la obra o al taller. El super huele diferente, está medio vacío. No hay alegría en las calles. Nos miramos de soslayo con miradas de reproche porque hace dos días te han visto sin mascarilla, o han visto que salías fuera de hora. Eso es lo que queda, ciudadanos enfrentados porque la policía les incitó a denunciar y han denunciado, sin pensar que la pandemia terminaría algún día y tendrían que mirar a los ojos a esos mismos vecinos a los que un día denunciaron y ya no será lo mismo, porque no hay nada tan malo como un pueblo dividido. También gracias al gobierno. 

     A ver  que nos deparan hoy las noticias de este reality politiquero, a ver si queda alguna emisora o algún canal de televisión que diga las cosas como son y no como lo dice el gobierno. Que no tengamos que decir como dijo Valles del telediario de antena 3 el otro día, "esto sería una magnífica noticia...si fuera cierta" refiriéndose a una estadística del Cis. 



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viernes, 15 de mayo de 2020

"No dejaremos a nadie atrás". Comentarios de una ciudadana cualquiera.

                                                 Seguimos más o menos igual. Los despropósitos se suceden cada día sin que veamos luz. Y conforme pasa el tiempo estamos más convencidos de que la gestión de la pandemia es cada vez más un tema político. La improvisación se ha convertido en la panacea donde hay sitio para las decisiones más dispares y para los comentarios más estúpidos. Pero sobre todo lo que mejor se ve es la prepotencia de los políticos que por lo visto creen que por gritar más tienen más razón. El "lo digo yo y punto" es una tónica cada vez más patente y más utilizada por el Psoe cuando se le terminan los argumentos y ya no sabe ni de dónde viene ni a dónde va. Porque después de escuchar  la respuesta, que lindaba con la falta de educación,  que le dió la ministra de hacienda al diputado de Compromís, no puedo menos que alterarme y preguntar a dónde van nuestros políticos con  tantos gritos y con ordinariez tan patente. Deben estar muy nerviosos cuando se les está acabando la poca educación que tenían. 

              No se puede tratar así a nadie, pero menos a los partidos que un día le dieron apoyos para que pudieran gobernar y a quienes , quieran o no, siguen necesitando. Qué poca vista política tienen en estos tiempos que todos deberíamos ser uno, por no saber conservar la alianza con esos apoyos. Hace falta ser burros (con perdón de los burros). Y es que la prepotencia es mala consejera y cuando haces uso de ella es porque no vales una moñíga y necesitas gritar alto por si a fuerza de gritos consigues lo que no consigues con la inteligencia o con la razón. Señora ministra, que el congreso no es el colegio y si grita lo único que consigue es ponerse en ridículo. A ver si de una vez por todas conseguimos que los políticos te traten con educación, porque, señores, la educación soluciona muchas papeletas.

              Solucionar lo que se dice solucionar no es que estén solucionando mucho; porque desde la Oms siguen pidiendo que hagamos test , y como si nada. Es una pena que los que se hacen los estén promoviendo particulares. Y digo yo ¿qué gato habrá encerrado para que un test que cuesta 9 o 10 euros
sea tan difícil de normalizar? 
               Pues nada, seguiremos dando palos de ciego y diciendo barbaridades, como la que dijo hace unos días la delegada de sanidad de Aragón, refiriéndose a los epis caseros, "que era bueno que se los hicieran los mismos sanitarios porque así se incentivaban" . ¿De dónde ha salido usted , si puede saberse? ¡Hace falta ser burra y no solo pensar algo así, sino también decirlo en público! Para eso, señora delegada, les dé a los sanitarios  una bofetada en toda la cara y seguro que les duele menos. Que no puede subestimar de esa manera a personas que se están jugando la vida. Es como reírse en sus narices , porque no quiero ni pensar cómo se habrán sentido al escucharla, después de que han estado sacando tiempo para hacer epis caseros, con la carga de trabajo que ya tenían.

            Una hermana mía dice, que "que tonterías dice la radio cuando no tiene pilas". Pues a estos se les acabaron hace días, seguramente el mismo día que supieron que se acercaba una pandemia, allá por enero, y en lugar de coger el toro por los cuernos, jugaron al despiste por si la pandemia pasaba de largo de España, por nuestra cara bonita. Resultó que no solo no ha pasado de largo sino que se ha cebado con nuestro país de manera cruel. Y mientras tanto ellos, que si compran test, que si vienen defectuosos, que si ahora los devolvemos, que si los volvemos a comprar, que si los volvemos a devolver; que si hacemos test, que si mejor no, que si a quiénes, que si dónde, que si cómo. O sea. Nada. Que si conseguimos salir de esta, que saldremos, no le deberemos nada a un gobierno tan nefasto, cuyo líder, ególatra con visos de narcisismo, no piensa más que en gobernar solo él, caiga quien caiga, desoyendo las voces de quienes piden ayuda y a cambio no están recibiendo nada. Porque aquella frase famosa del principio de la pandemia de que "no dejaremos a nadie atrás" lejos de ser cierta, no ha sido verdad. Porque  mucha gente se está quedando no solo por las cunetas, sino que también están cayendo a pozos profundos, donde los ha lanzado el gobierno con su incompetencia. 
             
             

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viernes, 17 de abril de 2020

Esperando resultados. Reflexión de andar por casa.


   

            Es verdad que hay que ser positivo. Las últimas semanas no 
  dejamos de ver esta frase por el ciberespacio. Estoy de acuerdo solo  a medias, porque aunque seamos positivos no podemos olvidarnos de lo esencial y a veces la verdad no es la que nos gustaría ver. 
      Y digo esto porque me cuesta quedarme callada ante determinadas circunstancias que algunos pretenden acallar, porque como hay que ser positivo no es conveniente mencionarlas. Y digo esto recordando una frase que escuché hace dos días en boca de un miembro del gobierno (el nombre no importa) que, cuando le reprochaba el periodista que la actuación del gobierno en lo que respecta al covid-19 no había sido rápida ni eficaz, le respondió que lo mismo había pasado en el resto de Europa. Me quedé a cuadros. Es decir que ahora es política del gobierno ¿el mal de muchos consuelo de tontos? Ya es lo que nos faltaba por oir. No es una respuesta y mucho menos para un ministro. Y para intentar arreglarlo añadió que España era el lugar que tenía "restricciones más severas". Aunque olvidó decir que esas restricciones  no han funcionado como deberían, porque el gobierno no estuvo fino a la hora de anticiparse a lo que iba a pasar, que fijándose en el resto del mundo, sobre todo Italia, no hubiera sido muy difícil.
        El mismo ministro  también dijo que el gobierno no tenía ni idea de cómo iba a ser la salida del confinamiento. Si nos tenemos que quedar en casa hasta que lo sepan, lo tenemos claro. Ellos y nosotros, porque no creo que, aunque se nos ha pedido sacrificio y paciencia, la paciencia nos dure hasta que sus señorías se pongan las pilas: que sí, que parece que están haciendo mucho, pero lo que están haciendo es hablar mucho; o sea entretener a la población para que sigamos teniendo paciencia. Y ya se sabe que cuando se habla mucho, a lo mejor lo único que se está haciendo es suplir con palabras la falta de acción. Porque si hicieran como hablan, hace tiempo que tendríamos test y mascarillas para todos. Y si hicieran lo que deben no tendrían tanto tiempo para hablar.
       No me gustan las estadísticas pero comprendo que pueden darte una idea, aunque no exacta, de lo que está pasando. La última que escuché ayer es que si se hubiera declarado el estado de alarma una semana antes, habría habido un 50% menos de casos. Ahí lo dejo. 
       Y decía antes que se nos está acabando la paciencia y si esto se alarga mucho más, no digo que no terminemos haciendo una manifestación, aunque sea desde los balcones, para pedir al gobierno que o consigue test y mascarillas o tendrán que dimitir en pleno, que no hacen más que discutir y vergüenza debería darles no ir todos a una por el bien de la nación. Que ya vale de pamplinas, que ellos ni  han dejado de cobrar por lo que no han visto peligrar sus salarios, ni viven en casa de 40 metros, y cuando han enfermado han tenido test, mascarillas y guantes antes que nadie. O sea que lo menos que podían hacer es ponerse a trabajar unidos y sacarnos del atolladero en que nos han metido. Y cuando nos saquen ya veremos si  les cambiamos por otros más responsables y leales a los españoles; que por cierto, no estamos solo para pagarles el sueldo: QUEREMOS RESULTADOS. En cualquier empresa sin resultados hace tiempo que estarían en la calle. 
(continuará)

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martes, 14 de abril de 2020

Los grandes olvidados. Otras consecuencias más de la pandemia.

       Hoy vuelven al trabajo los prescindibles, que no lo son tanto si tenemos en cuenta que este país no saldría adelante si no fuera por los miles de  autónomos que lo componen. Pero parece ser que no son tan prescindibles cuando apenas quince días más tarde de confinarlos en casa, se les ha hecho volver al trabajo. Porque sí, sus cuotas a la seguridad social le hacen falta a este país. Sus cuotas y las de los trabajadores que tienen a cargo, claro.  Porque sin ellos se para la economía y vamos al desastre (y aún así veremos qué pasa). No es que el gobierno haya pensado en ellos y les permita trabajar para que no pasen hambre y lleguen a fin de mes; eso al gobierno le importa un bledo, lo que le importan son sus cuotas de autónomos y sus cotizaciones. 
     Y no son los autónomos los únicos olvidados de este gobierno, que  ya veremos si después de este desastre muchos de ellos se libran de echar el cerrojo para siempre. Porque, aunque mucha gente no lo entienda, no es nada fácil ser autónomo. Autónomo: esa clase rara en peligro de extinción (si por el gobierno fuera) que solo tiene obligaciones y nulos derechos. Ya se verá toda esa "ayuda" que van a recibir del estado, si llega o no llega o pasa como lo que pasó en Lorca, después del terremoto, que todavía están esperando cobrar. 
      Y digo que no son los únicos olvidados, porque gobernar a golpe de decreto es lo que tiene, que se hace con prisa, con precipitación y se olvidan aspectos importantes. Si comparamos con otros países (aunque las comparaciones son odiosas) nos es difícil darse cuenta de las diferencias en cuanto a la evolución de esta pandemia. Y es que en otros países, con medidas restrictivas menos exigentes que las nuestras han logrado doblegar la curva, eso que tanto le gusta decir al gobierno. Han dejado salir a la calle a practicar deporte e incluso sacar a los niños y han tenido menos casos y muchísimos menos muertos que nosotros. Que no se le llene la boca al gobierno diciendo que tenemos las medidas más rectrictivas de la comunidad europea, porque aún así lo hemos hecho mal y peor. Y no estoy pensando en los chinos, que en un principio tampoco lo hicieron bien, ya que cuando cerraron el foco del covid 19 , había cinco millones de chinos viajando por todo el mundo y transmitiendo el virus. Y China lo sabía mucho antes y tampoco hizo nada, pero luego supo rectificar e impuso mascarillas obligatorias para todos. Esa, es a mi parecer la clave. Mascarillas para no contagiar. Aquí hemos tenido que llegar a varios miles de muertos para darnos cuenta de que las mascarillas son efectivas como muro de contención, si las lleva todo el mundo, porque si nadie contagia, nadie enferma. 
     Pero, claro, como resulta que en este país no hay dinero, vilmente saqueado por tantos años de corrupción y ajustes, no se podían traer mascarillas a tiempo y nos vendieron que no era necesario que la población las usara. Vaya manipulación. Ahora nos están empezando a vender que llevando mascarillas es seguro volver al trabajo, pero ¿de verdad? Ahí lo dejo.
    Hace unos días le oí a no sé bien qué ministra que era falso que hubieran habido ajustes en sanidad. Claro que hubo ajustes y si no que nos pregunten a quienes tuvimos familiares ingresados tiempo atrás, que contaremos si los hubo o no, porque se dieron situaciones de vergüenza y hubo carencias importantes que hacían peligrar la vida de los pacientes. Y no me refiero a que faltaran empapadores para las camas, que faltaban, me refiero a que faltaban medicinas. Pero esto es tema de otro costado.
     Y los grandes olvidados han sido además, los niños, sobre todo los más pequeños, porque con medidas tomadas a tiempo hubieran podido salir a tomar el sol un poco. Los grandes olvidados han sido también los enfermos que por prescripción facultativa necesitaban caminar para no agravar sus dolencias, porque en su día un médico les dijo que si no hacían ejercicio verían acortada su vida y resulta que ya llevan un mes sin caminar haciendo de tripas corazón, porque temen las consecuencias que esto puede traerles; que seguramente no morirán de covid 19 pero morirán de cualquier otra cosa. Porque, señores del gobierno, a todo el mundo no le da para comprarse una bicicleta estática, que ya se han encargado los medios de comunicación de decir que había aumentado la venta de estas bicicletas, como dando ideas y dando a entender que el que no hace ejercicio es porque no quiere. Pués no. Los que ahora no hacen ejercicio es porque no pueden, porque en su día hubo un decreto que se olvidó de ellos.
      Recuerdo que al principio de conocerse el decreto de alarma el jefe superior de policía dijo que se tendrían en cuenta todos los casos. No entiendo bien a qué se refería, porque lo que está pasando es que nos están haciendo pasar  a todos por el mismo rasero, al que le sobra por el que le falta y aquí todo el mundo sin rechistar, a cumplir. 
     La mía, una reflexión como otra cualquiera ni más pero tampoco ni menos. 
(continuará)
     

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jueves, 9 de abril de 2020

Mientras, seguimos esperando la LIBERACIÓN (reflexiones de una guerra inesperada)


  

       Una de las cosas que más rabia me da de todo lo relacionado con la pandemia es la deificación de los chinos por su bien hacer las cosas. Vamos a ver. El covid 19 apareció en China en diciembre  de 2019 y no fue hasta febrero de 2020 que los chinos empezaron  a tomar medidas. Los chinos acallaron las voces de quienes en enero alertaron de la situación y de la llegada de esta pandemia, llegando a detener al médico que descubrió que un virus letal amenazaba el mundo. Dicho médico, por cierto, falleció semanas más tarde debido a un infarto (eso dicen). Mientras tanto el virus estuvo rondando a su libre albedrío por China y, dado que los chinos viajan mucho, por todo el mundo, también por España. Dejando esto claro seguimos.
     La pandemia se fue extendiendo progresivamente  como una enorme ola desde China a todas las partes del mundo. A nadie le pilló por sorpresa, tampoco a los chinos, que tuvieron todo el mes de enero para tomar medidas y no lo hicieron. Y a pesar de que el factor sorpresa no ha existido, el ser humano ha sido tan engreído que solo ha tomado medidas cuando no ha tenido más remedio, es decir, cuando era demasiado tarde. 
     Sobre todo nuestro gobierno, que viendo que la pandemia estaba llegando a Italia fortaleciéndose allí con fuertes raíces, que siguió en la inopia haciéndose el despistado como si la cosa no fuera con él. Porque cuando el virus llegó a Italia era de suponer que llegaría también a nuestro país. Pues allí tuvimos a la portavoz de nuestro gobierno alentando al mundo de que el nuestro era un país seguro a donde se podía venir de vacaciones. Y venga a venir gente. Fuimos así de chulos. Venga turistas, equipos de fútbol , venga reuniones, y el portavoz epidemiólogo  venga a decir que no se tomaban medidas porque se estaba calibrando el desastre económico que se produciría si se llevaban las mismas medidas que en otros países (que por cierto han apaciguado la pandemia antes y mejor)y que no compensaría tomar unas medidas que no eran necesarias "todavía". 
       Y llegados a este punto no puedo menos que sentir una enorme rabia, porque mientras se obviaban esas medidas, el virus correteaba libre ya por nuestro país, pese a lo que diga la versión oficial. Porque no me fío de las versiones oficiales que solo manifiestan el diez por cierto de la verdad. Y menos aún ahora , que cansada de escuchar las ruedas de prensa manipuladas que da el gobierno, donde se ofrecen estadísticas cuyos números no cuadran. Una cosa ha ignorado el gobierno, que los españoles tenemos la manía de pensar y sacamos nuestras propias conclusiones. 
     Y claro, sin medidas a tiempo, el gobierno las ha tenido que tomar a destiempo, dejando que caiga quien caiga y poniendo sus pies en polvorosa; porque si os habéis dado cuenta, el presidente y la mayoría de los ministros que se dejan ver, ya usan mascarillas y guantes, que hoy por hoy y por mucho tiempo seguirán estando vetados a todos los españoles, que ya no sabemos qué más hacer ni a dónde ir para conseguirlos. Mira que guapos. 
     Mientras tanto nos tienen en un confinamiento que nadie merecíamos y que hubiera podido evitarse si, a la primera señal de alarma se hubiera hecho lo que se tenía que hacer, primar la salud frente a un desastre económico del que finalmente no nos hemos librado. Y para más inri, los que supuestamente deberían defender a los ciudadanos, les están alentando para que denuncien a quienes se saltan el confinamiento, sin darse cuenta de que cuando esto acabe se encontraran con pueblos y ciudades divididas, donde unos contra otros ya no sabremos de quién podemos fiarnos o no. Porque este C.S.I. de los balcones tendrá sus consecuencias.   Por no hablar de la frase más dicha en todas estas semanas "quédate en casa que salvas vidas". Vamos a ver, salvar salvas tu vida, pero si eres transmisor pones en peligro la de tu familia o la de quienes vivan contigo. Y si sales a la calle, cuando vas a comprar etc, si guardas la distancia tampoco pones en peligro a nadie: que parece que de repente todos somos asesinos por pisar la calle. Cuando los principales asesinos son aquellos que cuando estaban a tiempo no pusieron remedio. 
     Porque sí, ahora estamos confinados por culpa de este gobierno absurdo que nos ha tocado en suerte y que nos ha vendido el confinamiento como si fuéramos héroes de guerra (y no somos héroes porque hacemos  lo que hacemos porque no nos queda más remedio), no os confundáis. Por culpa del mismo gobierno que ha permitido que los nuestros se mueran solos, sin una mano dónde agarrarse que le consuele en los últimos momentos; por los mismos que nos incitan a aplaudir día tras día, porque mientras pensamos en aplaudir no planeamos  ninguna otra cosas menos conveniente. Aplausos que le sacan las lágrimas a muchos que luego le dan la espalda a esas mismas personas que ahora aplauden, a muchos que no pensaron en los demás y se lanzaron en el supermercado a hacer acopio de todo tipo de productos que otros también necesitaban. 
     Y aquí estamos todos los españoles, encerrados en nuestras casas cumpliendo los decretos que dicta el gobierno. Decretos que los ayuntamientos están acotando más todavía quizá porque tampoco se fían, sin pensar que están confundiendo a los ciudadanos que ya no sabemos qué o qué no podemos hacer. 
     
      Ésta es mi reflexión, una reflexión más, como cualquier otra y tan válida como cualquiera. Mientras, Seguimos esperando la LIBERACIÓN. 
(continuará mientras esperamos que hayan mascarillas y guantes para todos)
(próxima reflexión "origen de la pandemia, pobres pangolines que han cargado con el muerto")
   
   
 
     


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martes, 7 de abril de 2020

Hasta siempre María Dolores.

       Hoy es un día triste, muy triste. Hace apenas dos horas que he sabido que nos ha dejado María Dolores, una amiga de Biescas a la que apreciaba mucho. Compartimos buenos momentos que ahora me vienen a la mente como si fuera una cascada desbocada que no puedo contener. 
    María dolores era una buena mujer y excelente persona, que gracias a su sentido positivo  superó muchas dificultades en esta vida. Lo que más me maravillaba de ella era su sentido del humor, tan magnífico y gratificante. Siempre dispuesta a recitarte una poesía, a contarte una anécdota, a pasear por las calles del pueblo. Calles que recorrí a menudo en su compañía cuando salíamos a pasear o a tomarnos unas cañitas.
     Pero lo que más le gustaba era contarte historias, entrañables historias de los que habían vivido con ella y de ella misma. Sabía sacarte una sonrisa y a veces una carcajada. Compensaba así los malos ratos de la vida. 
     Se ha ido en unas circunstancias duras, en medio de una pandemia que no ha permitido a sus hijos despedirse de ella. Me pongo en su lugar y se me pone la piel de gallina a la vez que siento una enorme rabia por dentro. Porque aunque saben que ella sigue con ellos tienen que estar pasándolo muy mal. Ella sigue a su lado, seguro. Más cerca que nunca.
 Desde este blog quiero mandar un abrazo especial y fuerte para sus hijos, nietos  y  toda la familia. 
       Seguro que ya está con los mejores. 
     

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