jueves, 8 de noviembre de 2007

Tarde de Verano (Poema)




Ya había ardido el campo
y el agua de los pozos
huía tierra adentro
dejándose olvidadas las sortijas,
mirándose al frescor de los espejos.

Por las calles el tiempo
se ceñía a la cal aguardando la noche,
y sólo en torno de los pinos
el aire era aire inquieto
cuando cruzaba el tren, veloz, al sur,
al sur de los poetas,
al sur del mar del sur.
La muerte estaba lejos.

En el patio desierto
las avispas exactas y aburridas,
tiralíneas aéreos,
trazaban un mondrián interminable
sobre el verde callado de la alberca
como insistentes delineantes tercos.

Por los libros abiertos se veía la tarde.
No sabían los labios cuánto dura el invierno.
( autor:Olmoviejo)

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lunes, 5 de noviembre de 2007

Vaho en los cristales (relato)

"Anoche, mientras escuchaba la radio, decidí que debía dar un giro a mi vida. . Cuando me he despertado esta mañana, las palabras del periodista seguían retumbando en mis oídos, recordándome mi decisión. He caminado descalza por el salón durante unos segundos y me he dirigido a la ventana. Mi respiración entrecortada ha dibujado un pequeño cerco en los cristales. He mirado a través del vaho y he visto miles de escenas entremezcladas de lo que ha sido mi vida.
Mientras unas minúsculas lágrimas recorrían mi cara, he vuelto a escuchar las palabras del periodista y me he reafirmado en mi decisión. Seguir un minuto mas en aquella situación, no haría sino agravar mi vida un poco más, un poco más al día siguiente y así hasta que pasara un mes y un año….y… una vida. Y al final de mi vida me sentiría insatisfecha, vacía….sola.
Me he preguntado porqué, sabiendo que no había respuesta. Aunque hacía frío he abierto la ventana y he respirado hondo. El viento gélido me parecía una brisa agradable. He cerrado los ojos y he permanecido así durante unos instantes. El griterío de unos niños que jugaban, me ha devuelto a la realidad. Lo he recorrido todo con la mirada, como cuando te despides de algo. Cada objeto me sugería un momento de mi vida, de esa vida vacía que me encontraría dentro de ¡quien sabe cuantos años! He tragado saliva para darme valor y un nudo se me ha apoderado del estómago, hasta el punto de retorcerme de dolor. Me he rodeado con los brazos y me he dicho-¡ahora o nunca!- He mirado hacia abajo y un mundo minúsculo bullía en un ir y venir de cientos de personas, que apenas podía distinguir. Las lágrimas seguían recorriendo mi cara; me temblaban las manos que, con movimientos inciertos, me animaban a seguir adelante.
Así que, cuando leáis este mensaje mañana o pasado mañana ¡cómo saber cuándo me echaréis en falta!, no quiero que lloréis mi ausencia, ni intentéis haceros preguntas que no tienen respuesta. Las circunstancias son las que mandan en la vida y ya no puedo más con las mías.
Esta mañana hacía frío y cuando he querido regresar de mis pensamientos, tenía el cuerpo como un carámbano; así que he cerrado la ventana, me he dirigido al dormitorio y he cogido el abrigo y mi bolso de mano. No quiero llevar conmigo nada que me recuerde el pasado. Ignoro todavía donde iré; tomaré algún tren que me lleve muy lejos y cuando esté preparada para regresar, si consigo encontrarme a mi misma, volveréis a verme…..”


Sofía Campo Diví

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Bienvenidos al Pirineo



El Puente de Todos los Santos (para los que han tenido puente, claro) ha vestido el Pirineo con un nuevo color. Han venido miles de personas a visitarnos. El tiempo estupendo del que estamos disfrutando nos da a todos alegría. El sol radiante, las agradables temperaturas. Todo es fantástico.

Yo tengo la suerte de vivir en el Pirineo, a donde viene hace tres años. Y desde Biescas les doy la mas calurosa bienvenida a todos los que nos visitan estos días. ¡Feliz Puente!

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miércoles, 31 de octubre de 2007

Una tormenta tropical


Hace unas horas, una tormenta tropical, ha provocado fuertes inundaciones y otros daños en la República Dominicana. Ha habido muertos, heridos, casas destrozadas (si se les puede llamar casas). Yo visité la R.Dominicana hace diez meses y me sorprendieron las condiciones en que viven muchos dominicanos;las casas de los poblados dejan mucho que desear, los salarios son de miseria. Ellos viven, mayoritariamente, del turismo; esperemos que con esta tormenta los viajes previstos no se anulen. En Punta Cana conocí a una dominicana que llamó mi atención por lo trabajadora que era y por la exquisitez de su trato con nosotros, atendía una de las cafeterías del hotel Catalonia Bávaro, se llama Graziela y tiene una hijita de corta edad, espero que se encuentren bien, desde Biescas les envío un fuerte abrazo. Seguro que volvemos. Hasta siempre

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martes, 30 de octubre de 2007

Brindis entre la nieve (relato)





Ha transcurrido mucho tiempo desde que aquellas vacas nos acorralaron en lo alto del Puerto aquel día de Junio. Pero, como él es como es, no ha podido evitar la tentación de verse metido en otros sucesos "majicos". Tan majos como cuando el lada nos dejó tirados en medio de la nieve. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera.
"Transcurría el mes de Febrero y a pesar de que hacía frío por causa de las recientes nevadas, no se le ocurrió cosa mejor que invitarme a dar un paseo por el monte en su cuatro por cuatro. Así que cuando salí de trabajar, porque claro él seguía sin dar golpe, a eso de las cuatro de la tarde me propuso irnos monte arriba para ver un paisaje que conocía y que era maravilloso.
Acepté, porque me encanta el monte, aunque me pareció que era algo tarde, ya que en Febrero anochece a eso de las seis de la tarde, pero ante su insistencia no me pude negar. Él puso algo en la parte trasera del vehículo, que hasta mas tarde no supe qué era; a continuación iniciamos la marcha. Hasta aquí todo iba bien.

LLegamos a la verja donde comienza la pista que habría de llevarnos al mágico lugar. Comenzamos el ascenso por entre piedras, pedruscos, baches, ramas y demás cosas maravillosas que hay en los caminos de los montes. Como he dicho antes, había nevado hacía pocos días y todo estaba precioso. ( La verdad es que mi amigo tiene ideas geniales).

Después de unas cuantas curvas, saltos, botes y sobresaltos, cuando ya empezaba a tener la espalda y el trasero algo doloridos, la nieve comenzó a hacerse mas espesa y su grosor preocupante. Yo me inquieté algo pero mi amigo me tranquilizó "no te preocupes que vamos en todo terreno". Así, que como le tengo una fe ciega, dejé de preocuparme y seguimos hacia arriba.
Nos encontramos con otro vehículo que, misteriosamente, tomó una pista que descendía mientras nosotros seguíamos subiendo (eso me hizo pensar). Le dije que sería mas seguro descender en lugar de subir, pero claro, como es mas terco que una mula, prefirió seguir adelante.
La nieve era cada vez mas espesa y abundante (hasta un punto preocupante diría yo), pero como le veía tan decidido me callé. Estábamos rodeados de pinos por todas las partes, hermosos pinos cubiertos de nieve. La pista cada vez era mas sombría y el grosor de la nieve bastante abultado. No se veían huellas ni de animal, ni de persona. De nuevo eso me hizo pensar. Comencé a preocuparme. El vehículo hacía ruidos raros, como si por debajo se rozara con algo.

De repente se quedó parado y si la memoria no me falla me atrevería a decir que las ruedas se quedaron suspendidas en el aire, mientras que la panza de vehículo se apoyaba sobre la nieve. Nos habíamos quedado atascados.
¡Ya le podía dar marcha al motor ya! que como no saliera volando lo teníamos francamente difícil.
Después los dos descendimos del cuatro por cuatro y nos pusimos a mirar alrededor, como queriendo encontrar una rama lo suficientemente grande como para sacarnos del atolladero. Pero en eso estaban pensando las ramas, en dejarse ver, con lo abrigaditas que estaban debajo de la gruesa capa de nieve.
Después de hacer varias intentonas sin éxito, mi amigo se dirigió a la parte trasera del coche, levantó el portón y sacó algo. Pensé que había ido a buscar alguna herramienta que nos sirviera de ayuda. Pero estaba equivocada. Cuando ví lo que llevaba en las manos me quedé atónita. Se dirigió hacia a mi y me ofreció una copa de esas para beber cava, pensé que se estaba yendo del bolo pero no. En la otra mano, que escondía tras su espalda, llevaba una botella de cava. Ante mi sorpresa llenó mi copa, me propuso un brindis por el paseo maravilloso y, aunque no conseguimos llegar al lugar previsto, nos sentimos satisfechos de poder contemplar aquel paraje. Por supuesto, los árboles seguían escondidos bajo la nieve, pero en ese momento eso no importaba mucho. Después hincamos la botella en la nieve, que se convirtió en una cubitera improvisada y perfecta.


A todo esto las ya débiles luces de la tarde estaban empezando a ceder el paso a la oscuridad y, como no era nuestra intención quedarnos tirados en aquella pista ( por supuesto que no se nos había ocurrido coger una linterna), nos terminamos de beber la botella de cava (y claro, sin comer nada, a mí me estaba empezando a hacer efecto, no solo por las ganas de hacer pis, sino por la risa que me entró y la juerga que llevaba encima) y nos rendimos a la evidencia poniéndonos a caminar, esta vez monte abajo; porque abajo, muy abajo quedaba Biescas, donde vivíamos.
Yo por lo menos llevaba botas pero él llevaba zapatos de vestir ¡así que imaginar el numerito!. A mi solo de pensar lo que nos había ocurrido, me entraba la risa y bajé durante todo el rato soltando la carcajada. Él se reía al verme mientras seguíamos caminando (menos mal que era cuesta abajo). Con tanta risa y cachondeo a dos por tres me entraban ganas de hacer pis, así que a dos por tres montando numeritos en la oscuridad mientras él se carcajeaba a mi costa.

Después de caminar durante una hora y media (seguíamos riéndonos por supuesto) llegamos a Biescas sanos y salvos (aunque claro, como el oso pardo está extinguido, las probabilidades de que nos pasara algo eran mínimas, y si no para eso le tenía a él que seguro que hubiera vuelto a salvarme como cuando me protegió con su cuerpo de aquellas enormes vacas).
Dos semanas mas tarde, cuando la nieve se había derretido bastante, tuvimos que recorrer el mismo camino a la inversa, o sea, subimos caminando hasta donde se había quedado el vehículo (por voluntad propia) para poder recuperarlo. Y allí estaba esperándonos, como si tal cosa, impasible en medio de la pista forestal sano y salvo. Ya solo fue cuestión de un par de maniobras (hechas por mi amigo que es muy agudo) y salió del atasco rápidamente.
Así que, satisfechos por aquello, nos volvimos a Biescas y tengo que decir que después de un año, todavía seguimos contándolo. Desde entonces me pregunto a menudo cuál será nuestra próxima aventura. Y de una cosa estoy segura, que las contrariedades no consiguen jamás que dejemos de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

Sofía Campo Diví





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domingo, 28 de octubre de 2007

Una hora más o menos



Estamos en el último fin de semana de Octubre, lo que significa que esta noche hemos retrasado los relojes una hora, por la consabida reducción del gasto de energía. Al menos eso dicen los que inventaron este cambio tan drástico del tiempo. No puedo investigar todo el mundo, pero es fácil deducir que a partir de hoy, hay millones de hogares que, por la mañana encenderán la luz una hora mas tarde, pero por la noche , lo harán una hora antes. ¿Dónde está pues el ahorro?. Y sin embargo, donde tienen que controlar el gasto de energía, no lo hacen. Por ejemplo, todavía hoy, en miles de hogares, hay sistemas de calefacción sin termostato individual, lo que significa que para mantener calientes los pisos superiores, en los inferiores hace tanto calor que hay que abrir las ventanas, con la consiguiente pérdida de energía. Y esto por decir solo un ejemplo...que hay muchos mas.

Lo que no compensa de manera alguna es que miles de bebés, ancianos, enfermos vean alteradas sus costumbres en una hora. Porque este cambio les perjudica y severamente. Incluso a los que no estamos en ninguno de esos grupos, nos afecta.

A ver, si de una vez por todas, los gobiernos miran más a las personas que a sus intereses. Porque estoy convencida de que esto del cambio horario, no es un simple argumento para el ahorro de energía......

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viernes, 26 de octubre de 2007

La Carta (relato)



La mirada ausente de Iván y su postura sobrecogida explicaban con exactitud el momento por el que estaba atravesando. Aquella carta, que guardaba apretujada entre las manos, le había impresionado de tal manera que no podía contener el sollozo, que le salía desde lo mas profundo de su corazón.
Se preguntaba una y mil veces por qué no había conocido antes la existencia de aquella carta; que de ser así su comportamiento hubiera sido muy distinto. Ahora, que la había leído y releído hasta la saciedad, era demasiado tarde. Tarde para enmendar tantos errores injustificados, para pedir tantas disculpas, para dar tantos abrazos. La persona que la había escrito, había fallecido hacía unos meses sin tener la oportunidad de entregársela. Y ahora, reuniendo fuerzas para recoger sus pertenencias, se había dirigido a la casa, en la que vivió algunos años, encontrando aquel mensaje encima de una de las mesitas de noche.

En el primer momento no podía salir de su asombro y aunque pensó que quizá se trataba de una carta de despedida, conforme iba leyendo se iba dando cuenta de que no era así, aquella carta había sido escrita mucho antes de su fallecimiento. Por el encabezamiento no cabía duda de que iba dirigida a él.

"Querido Iván:
El paso de los años nos ha distanciado, aunque no físicamente, si en lo mas interno de nuestros corazones. Es posible que no hayas logrado asimilar mi comportamiento y las decisiones que me vi obligada a tomar hace tiempo. De repente un día me di cuenta de que las alegres sonrisas de niño se habían transformado en ti en huraños comportamientos que no acababa de entender. Cada día me preguntaba por la causa de tus acciones, pero no lograba saber en qué momento exacto habían comenzado. Es posible que se fueran fraguando poco a poco sin que ni tú ni yo nos diéramos cuenta, hasta que el proceso estuvo muy avanzado.
Dejaste de abrazarte a mi cuello con la frecuencia que solías hacerlo, hasta que un día descubrí que esos abrazos habían desaparecido por completo. No quiero que pienses que te lo reprocho porque yo tampoco estaba exenta de culpa. En aquellos momentos estaba atravesando el peor momento de mi vida y tú eras todavía pequeño para entenderlo. Por ello también me volví una mujer seria y triste, porque el agobio de los problemas que teníamos no me dejaba ni un atisbo de tranquilidad. Te veía crecer y conforme pasaba el tiempo me daba cuenta de que te me estabas yendo de las manos.


Y aunque entendía que también era difícil para no me resignaba a creer, que no eras capaz de prestarme un poco de apoyo. Pero un día comprendí que no hubieras podido hacerlo, aunque hubieras querido, porque en aquellos días caminabas por la cuerda floja debido a tu comportamiento y a las malas compañías, con las que solías compartir la mayor parte de tu tiempo.
Aquellos abrazos que me dabas de pequeño se volvieron puñaladas en el corazón y bofetadas en el alma. Pero ahora, que ha pasado el tiempo, es posible que no recuerdes todo aquello; y eso será buena señal; porque querrá decir que no sentías lo que me decías. Yo siempre pensé que era así.
Ha pasado mucho tiempo desde aquello y las dificultades que rodeaban tu vida han desaparecido. Has luchado por salir adelante y estoy orgullosa de . Y aunque pasaste días amargos, quedan lejos ya; por fin comienza a salir el sol en nuestras vidas. Por eso quisiera decirte ahora, que todos estamos mas relajados y felices, todas aquellas cosas que no te dije de niño.
Muchas noches, cuando dormías, entraba en tu habitación para ver la expresión de tu carita inocente y feliz. Me preguntaba qué clase de sueños tendrías porque si tu imaginación era grande de día, no me hacía una idea de cómo sería de noche. Pero seguro que soñabas con dinosaurios, porque ¿sabes una cosa? te encantaban. Los tenías de todos los tamaños. Seguro que soñabas con cochecitos, que se contaban por cientos esparcidos por toda la casa. Seguro que soñabas con un mundo mejor, que yo no te podía dar en aquella época; luego te besaba en la mejilla, te acariciaba y te arropaba con ternura.

Yo no era una mujer cariñosa y he pensado muy a menudo, que debería haberte besado en muchas más ocasiones. Que debería haberte dicho lo mucho que te quería, lo orgullosa que estaba de . Pero me callaba, porque el peso de los problemas se me había apoderado y el cansancio de la lucha cotidiana, había hecho estragos en mí.

Por eso ahora, que la vida se me escapa de las manos, no quiero irme sin haberte dicho antes tantas cosas que no te dije. No recuerdo haberte dicho nunca lo mucho que te quiero, que eres una gran persona, que tu fortaleza ha vencido las dificultades y que estoy muy orgullosa de . Que eres un luchador y que por ello triunfarás en lo que te propongas. Que he olvidado esos malos momentos que atravesamos, porque las ilusiones que ahora nos rodean nos han devuelto la alegría de vivir. Gracias por seguir adelante, por no desfallecer nunca y por tener esperanza en la vida. Yo nunca perdí la esperanza de que sería así ¿sabes por qué?. Porque tienes un corazón grande y unos sentimientos profundos que acabarían conduciéndote por el buen camino.
Ha salido el sol en nuestras vidas y ese pasado tan amargo queda lejos, enterrado en lo mas profundo de algún lugar. Gracias, hijo mío, por haber llegado hasta aquí. Gracias por conseguir ser feliz. Gracias por todo lo que has logrado. Gracias por haberme guardado un rincón en tu corazón.

Espero que algún día leas esta carta y cuando ese día llegue no quiero que pienses que ha sido demasiado tarde. Yo siempre confié en ti y supe lo mucho que me querías. Y con la misma seguridad creo que me has querido siempre con todo tu corazón. Recibe con esta carta todos los besos que no te dí, todos los abrazos que debí darte y, como siempre, todo el cariño de mi corazón.
Tu madre."


Los ojos de Iván estaban arrasados por las lágrimas y, como ella le había pedido en aquella carta, no quería pensar que era demasiado tarde. En el fondo de su corazón se sentía muy feliz y sabía que su madre tenía razón. Y como si su infancia pasará ante sus ojos, recordó todas aquellas cosas que acababa de leer en la carta. Y de una manera especial aquel sueño que tenía muchas noches, cuando veía a su madre entrar en la habitación y mirarle durante mucho rato, cuando ella le besaba en la mejilla y le acariciaba dulcemente, arropándole después. Cuántas veces al despertar por la mañana se preguntaba qué pensamientos pasarían por la cabeza de su madre, cuando en sus sueños le miraba tan fijamente.
Aquella carta le estaba dando la respuesta.
Y era verdad que soñaba con dinosaurios y cochecitos de todas las clases. Era verdad que soñaba con un mundo mejor.
Había quedado impresionado por la lectura de la carta y decidió que volvería otro día para recoger la casa, cerró con cuidado la puerta de la habitación, de pronto le pareció que algo de su madre descansaba en su interior; salió de la casa y mientras bajaba las escaleras iba dando vueltas a todo que había leído y se sentía feliz. Era verdad que había salido adelante, aunque hubo un momento en su vida que pensó que no lo lograría. Pero había habido algo que le había dado fuerzas. Muy a menudo cuando se metía por derroteros poco recomendables su madre le decía "tienes que salir de ahí, hijo mío"
Aquellas palabras le habían hecho eco en su interior durante toda su vida porque eran algo mas que palabras, en aquella frase él estaba escuchando a su madre decirle lo mucho que lo quería y lo orgullosa que estaba de él. Era curioso, pero todas las veces lo había sentido así. Entonces comprendió que su madre le había dado mas besos y mas abrazos de los que ella misma pensaba.
Y ahora que sabía que era verdad y no un sueño que ella le visitaba cada noche, comprendió que quizá aquel detalle de su infancia, era el que le había salvado la vida.

Sofía Campo Diví



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