lunes, 15 de febrero de 2021

Enamorarse. Reflexión de andar por casa.

      Sus amigos de aquella época la llamaban Cataclismo, que para abreviar le decían Cata. Y es que Cata era mucha Cata para según que cosas, como las que tenían que ver con el corazón. A esas alturas de su vida ya no creía en los apasionamientos desorbitados, ni en los flechazos, y se había vuelto de los más práctica, que no estaba la vida para desperdiciarla en tonterías. 

      Después de descubrir que el príncipe azul las más de las veces desteñía, se había propuesto seguir una regla de oro, creada por ella misma, para averiguar cuándo era amor y cuándo cualquier otra cosa.

     A menudo las personas no saben si están o no enamoradas, pero ella lograba saberlo siguiendo una regla la mar de sencilla. Cuando le gustaba alguien hacía una lista de defectos del susodicho y si a pesar de todos los defectos que, a menudo eran muchos, le seguía gustando es que estaba enamorada. Una regla casi infalible y digo casi porque nada hay perfecto en este mundo y menos en el  de los sentimientos. No era muy romántica pero a ella le servía para no equivocarse. Tampoco es que se enamorara a dos por tres y cuando lo hacía , no fallaba. 

     Y es que Cata cuando amaba lo hacía de verdad, con todas sus consecuencias y si había que arrasar, lo hacía. 

     A su edad los amores platónicos estaban de más, porque demostrado estaba que con ellos casi nunca te comías un rosco y tampoco estaban las cosas como para desperdiciar años. En otra época ella había sido más romántica, pero la vida que enseña de todo, la convenció de que las sensiblerías no llevan a ninguna parte. No le importaba equivocarse y cuando se equivocaba, lo hacía con el estilo que le daban los años, que ya cargaba sobre su espalda. Que para todo hay que tener estilo. 

      Nunca se había parado a pensar cómo sería su hombre ideal, porque daba por hecho  que no existe nadie ideal, ni hombre ni mujer. Porque lo interesante era encontrar alguien que te cuadrara con todas sus anomalías e imperfecciones. Claro que lo difícil era encontrar a alguien del otro sexo que pensara como ella, porque la mayoría de la gente tiende a ser romántica en cuestiones del corazón. Tampoco entendía la idea de posesión que despertaba el amor en las personas, cuando lo bonito es dejar volar libre a quien quieres, respetar el espacio del otro y dejarle respirar, sobre todo dejarle respirar. 

     Esa era su teoría del amor incondicional, la teoría de Cataclismo. Me pregunto cuánta gente que ha celebrado este año S.Valentín pertenecen a este grupo...


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jueves, 4 de febrero de 2021

Calamidad es mucha Calamidad.

      Hace tiempo que no vemos a María Calamidad por estos lares y es que está tan aburrida y cansada de esta pandemia y de la ineptitud de los políticos que no saben por dónde cogerla, que no le quedan ganas ni de respirar.

     Pero Calamidad ha sacado fuerzas de flaqueza para expresar sentimientos; porque nos estamos olvidando del mundo de los sentimientos. Nos estamos olvidando de sonreír aunque sea con los ojos, de besar aunque sea con el alma, de abrazar aunque sea con las palabras, de caminar hacia delante aunque sea saltando vallas. Estos tiempos atroces que nos están tocando vivir están minando la moral y Calamidad está cansada. Ella vive prácticamente confinada hace meses, porque solo sale para ir al supermercado, al estanco, a la farmacia y a pasear a su perra. Y si no fuera por la perra todavía saldría menos. 

     Pero Calamidad tiene su mundo de  fantasía, que la visita un día si y otro también para recordarle que la fantasía también es un modo de vida. ¿Qué sería ella sin la fantasía? Ella no necesita atravesar un espejo para sumirse en un mundo imaginado donde pasan las cosas que tienen que pasar. A ella le basta cerrar los ojos para sentirse transportada a un mundo que solo existe en la mente de los valientes, de los incoformistas, de los luchadores. Un mundo donde se puede ser transgresora ignorando normas carentes de sentido, que llevan a la infelicidad más absoluta. Esta es mi Calamidad, la mujer que cuando hace falta sabe saltar sobre los principios porque piensa que las personas son más importantes. 

     Ella también querría ser importante para alguien. Que hubiera alguien que por ella fuera capaz de saltarse los principios y sortear los prejuicios que joroban las relaciones. Aunque mucho se teme que no existe ese alguien. 

     Calamidad solo habla con su perra desde hace meses, es la que mejor la entiende, la que siempre está dispuesta a sentarse a su lado para recibir sus caricias, caricias que enamoran el alma de la perra. 

     Calamidad tiene unos ojos que también enamoran, por lo menos eso le han dicho en algunas ocasiones. Será porque el color gris refleja la intensidad de su mirada, que no desperdicia rincones, que no pasa por alto otras miradas. Porque los ojos hablan y los de Calamidad lo dicen todo cuando la miras. No hacen falta palabras, ni gestos. Solo mira sus ojos y sabrás cómo es, cómo siente, cómo ama. Podrás descifrar lo que siente por ti, lo que le duele de ti, lo que espera de ti y lo que sabe que no le darás. 

     Mírala de cerca y observa como se estremece, con un temblor imperceptible para otros, pero no para ti. Y temblará porque te ama, o porque te odia, o porque no sabe lo que siente por ti. Pero temblará por ti. Mira de cerca su ojos y sentirás que te cuchichean al oído palabras inaudibles para otros, pero no para ti. Solo tienes que escuchar su mirada para saber que nunca una mujer estuvo al mismo tiempo tan cerca y tan lejos de ti.

     Y como siempre le pasa, Calamidad se ha dejado llevar por su imaginación y ha tirado para el monte, donde viven las cabras y se ha subido con ellas al peñasco más alto. Ella se siente bien allá arriba porque no ve peligro. Algunas personas que la han visto dicen que a veces, cuando cree que nadie la ve, de esconde tras unas rocas y mira fijamente al infinito, sin hacer nada...y pasa  horas así. Solo mira y espera...Y es que Calamidad es mucha Calamidad. 

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martes, 12 de enero de 2021

Un pueblo tirado en la cuneta. Menos reñir y más trabajar.

      Hace unos meses nos obligaron a llevar una mascarilla contra el covid y pensábamos que esto era la solución para combatir esta pandemia. Pero en  lugar de ir a mejor, hemos empeorado considerablemente y hemos llegado a unos límites que no nos imaginábamos ni remotamente. La mascarilla no es la panacea que terminará con esta pandemia, porque hasta no hace mucho no se sabía ( y si se sabía, se ignoraba) que este virus se propaga por aerosoles. Y tuvimos que tirar de diccionario para averiguar qué demonios eran los aerosoles, que a la mayoría nos sonaban a desodorantes o ambientadores al uso, y averiguamos con horror que estábamos metidos de lleno en la guarida del lobo.
     Los aerosoles son muy peligrosos en sitios cerrados y no es muy lógico que se obligue a la población a llevar mascarilla en sitios abiertos, cuando la transmisión se lleva a cabo en sitios cerrados, donde hasta hace poco nadie llevaba mascarilla. Porque incluso en nuestro domicilio deberíamos llevarla si es así. 
     Dando por hecho que la gestión de está pandemia deja mucho que desear, tenemos que constatar otros aspectos. Se primó apoyar la economía en la medida de lo posible, porque entre morir de covid o de hambre no hay tanta diferencia. Pero resulta que en sitios donde la economía ha estado más parada, tampoco se ha solucionado mejor la situación y allí donde las medidas han sido más estrictas tampoco gozan a estas alturas de mejores resultados. 
     Y entre col y col... va y llegan los españoles, que son muy bravos y algunos se saltan las medidas a la torera porque el tema no van con ellos. Que son una minoría, pero una minoría que se nota mucho y está contribuyendo a la propagación de la pandemia, provocando que gente que sí que ha cumplido las normas, enferme. Y se han criminalizado sectores de la población, lo cual es bastante injusto, porque como digo los incumplidores son los menos y no es razón de criminalizar a nadie. Sobre todo se ha criminalizado a los jóvenes cuando hay una mayoría d e ellos que están siendo cumplidores con las medidas. Porque, claro, hay que culpar a alguien. Y al gobierno le va bien que nos peleemos entre nosotros. ¿Qué si no ha hecho el gobierno durante todo este tiempo, sino hacer que parezca que la propagación de esta pandemia se deba los incumplimientos de las normas por parte de los ciudadanos y no a la gestión tan nefasta que se está haciendo de ella por parte suya?

     Y ,como si no fuera bastante larga la lista de despropósitos, nos cae encima un temporal y nieva donde no suele hacerlo y ¡venga, todos a  tirarnos bolas y a presentarnos en lugares públicos abarrotados de gente, que la nieve es muy bonita!, en lugar de quedarnos en casa aprovechando la circunstancia para contribuir a frenar la pandemia. Lo que deberíamos saber es que  la nieve es bonita en otras circunstancias, no ahora, cuando estamos  con la soga al cuello. Luego vienen los patinazos, las caídas, los golpes, que nos obligan a saturar las urgencias, más de lo que están, contribuyendo a una situación que nunca debería haberse dado en estas circunstancias porque mientras se pone yeso en una pierna rota, se deja de vacunar a equis personas o de atender a equis covid. 

    Un poco de sentido común, que aunque sea el menos común de los sentidos, debería darnos las claves de lo que podemos o no hacer, independientemente de la mala gestión de esta crísis. Porque ellos, los políticos, ya tienen bastante con echar balones fuera, inculpándose unos a otros todo el rato, olvidando lo que hace meses les rogaron los ciudadanos: que hicieran un frente común y se pusieran a trabajar por este pueblo que les necesita y al que han dejado tirado en la cuneta. Porque sí, así es y así nos sentimos todos. 

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jueves, 5 de noviembre de 2020

Más batiburrillo .

  Esta mañana he abierto el facebook que me ha preguntado "¿Qué estás pensando Sofía?" Y si yo le dijera lo que estoy pensando igual me echaban del facebook. Así que seré cauta y precavida y escribiré solo los pensamientos que se puedan leer.

Por si no era suficiente el batiburrillo politiquero que tenemos montado, ahora vienen los estado unidenses a liarla m ás gorda todavía. Bueno, ellos no, pero parece que D. Trump la está preparando bien pero que bien gorda. Ya se veía que él no era de perder, o mejor dicho, de bien perder. Pero como no se sabe todavía qué va a pasar, de momento dejo este tema.
Que por ahora ya tenemos bastante con lo nuestro y nuestro modo de afrontar la pandemia, que no es otro que hacer cada cual lo que nos parece. Valga esto también a nivel de administraciones, que tenemos tantas que no sabemos qué hacer con tanta norma. Porque primero viene el presidente de la nación y pone sus normas, luego están los presidentes autonómicos y añaden las suyas; pero es que luego están los alcaldes que siguen añadiendo otras. Y con tanta norma, llegamos a un punto que no sabemos qué norma vale y qué norma no, qué norma era de ayer que ya no vale hoy y qué norma de hoy seguramente no valdrá mañana. Luego están las recomendaciones, que se mezclan con las normas y nos pasamos el día preguntándonos "¿esto será norma o recomendación?" Porque claro las recomendaciones se cumplen a criterio de cada cual y todos tenemos mucho.

Mientras tanto los ciudadanos de a pié, esperamos con preocupación que no vuelvan a confinarnos en casa, que bastante tuvimos la otra vez. Porque los confinamientos trajeron muchas consecuencias colaterales, que todavía pululan por el ambiente. Pero lo que más nos preocupa es si volverán la gestapo de los balcones y las miradas tras los visillos, inquisitivos ambos, intentando coger in fraganti infractores para dar aviso a las fuerzas del orden, que en su día pidieron colaboración ciudadana y algunos se lo han tomado muy a pecho.
Una de las cosas que he aprendido de esta pandemia es que yo casi siempre vivía en fase 2, con lo cual la desescalada se me terminó antes. Si yo, con que me dejen caminar con mi Chula doce kilómetros todos los días me conformo. No es mucho pedir. Pues ya verás como viene alguien y lo jode.

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miércoles, 21 de octubre de 2020

Otra vez noviembre. (Reflexiones de andar por casa)

      Lo he escrito otros años. No me gusta noviembre, nunca me ha gustado y desde hace un tiempo  menos. Es un mes frío, triste, melancólico. Y eso que en la Comunidad Valenciana todo comienza ahora a vestirse de color naranja. Nunca mejor dicho. 

     Cuando pintaba de pequeña, aunque pintaba poco, porque ni me gustaba ni lo hacía bien, nunca elegía este color para mis dibujos. Sin embargo ahora reconozco que es un color que decora el ambiente y anima cuando sales a pasear. Porque otra cosa no , pero sitios para pasear, todos los que quieras. Y como hoy no tengo ganas de reivindicaciones politiqueras, me dedicaré a reflexionar en voz alta. Porque esta cabra loca o calamidad de mujer, aprovecha los largos paseos obligados con Chula, que es mi perra, para pensar en todo tipo de cosas. 

     Si todos pensáramos más es posible que el mundo fuera mejor; pero la prisa de la rutina y de los quehaceres diarios nos sumerge a veces en un sinsentido del que nos es imposible salir. Porque no pensamos. Yo tengo el defecto de pensar demasiado y, aunque no arreglo el mundo, saco conclusiones sobre los acontecimientos que me rodean día a día. Tengo que reconocer que me dan ganas de salir corriendo, mejor dicho, huyendo. Pero ya descubrí hace tiempo que las huidas solo llevan a demorar soluciones que deberían llegar más bien pronto que tarde o que nunca. Así que dejaré de huir, aunque mis reflexiones a menudo me inciten a ello.

     Antes pensaba que ya lo tenía todo hecho, que, con la edad que tengo, no necesitaba descubrir nada nuevo. Y me equivocaba. Porque a pesar de la edad, ahora es cuando necesito descubrir esas cosas o tener esas sensaciones que la vida te pone por delante para que las disfrutes. Con la edad aumenta la libertad que tienes para disfrutar, porque vas de vuelta de muchas cosas y has terminado de descubrir que si no disfrutas, nadie lo hará por tí. Ya no nos importa lo que piensen los demás, o nos importa mucho menos. No necesitamos dar explicaciones de nuestros actos, aunque siempre haya alguien que nos las pida. Vemos el concepto libertad de diferente manera y sobre todo, nos atrevemos a disfrutar, quizá mejor que cuando éramos más jóvenes; no nos ruborizamos, no nos asustamos de nada, no nos rasgamos las vestiduras. Porque el paso de los años nos enseña a vivir de diferente manera, en plenitud. 

     Por ello quiero  reorganizar mi vida, porque me niego a pensar que mi única función en esta vida sea la de ser una vieja cascarrabias, que hace de criada del ocupa de  su hijo  todo el tiempo. De ahora en adelante no quiero ser solo madre porque necesito SER PERSONA ante todo y que la gente me vea como persona. Porque cuando tienes hijos parece que te encorseten en el papel de madre y de ahí ya no sales, dejas de ser persona para ser la madre de tal o de cual. Pero esa es una faceta que debe dejar sitio a todas las demás que nos convierten en seres vivos pensantes. 

     Por eso a partir de ahora QUIERO SER UN SER VIVO PENSANTE, le pese a quien le pese. Y PERSONA.

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miércoles, 19 de agosto de 2020

Mascarillas, normativas y otros sinsentidos politiqueros

  •      Cada día estoy más convencida de que nos encontramos en un "déjà vu", porque yo diría que se repiten las mismas situaciones de la primavera pasada. A pesar de que no se esperaba la segunda ola de la pandemia hasta entrado el otoño, la tenemos aquí hace días, en pleno verano. Y mientras los mismos errores del pasado se suceden en una interminable sucesión de sinsentidos, algunos nos preguntamos si las medidas que se están tomando son todo lo eficaces que pretende el gobierno. 
  •     Permitidme que lo dude, porque algunas medidas se están llevando a unos extremos sin horizonte. El uso de las mascarillas al aire libre, por ejemplo, me parece absurdo cuando se puede mantener la medida de seguridad. Además de que las mascarillas nos pueden dar una sensación de seguridad peligrosa; porque a ver ¿quién la cambia cada cuatro horas?. Nadie. Porque el precio excesivo te impide utilizarlas como se debería. Hace falta un buen presupuesto extra para hacer acopio de todas las mascarillas que hacen falta en un hogar de 4 personas para todo el mes. Y como muchos se han quedado en el paro o tienen bajos ingresos no pueden permitirse hacer ese gasto; con lo que las mascarillas se reutilizan durante días, cuando solo deberían durar 4 horas. En esa situación esas mascarillas dejan de ser seguras, porque ni protegen a los demás ni al que las lleva. 
  •     Desde hace días  no me fío de la gente que lleva mascarillas, porque ya doy por hecho que están sobre utilizadas, o sea inservibles. Sumando a esto toda la gama de mascarillas de tela que se están vendiendo de todas las formas, colores y estilos, que, váyase usted a saber si de verdad protegen o solo te sirven para que no te pongan una multa. Porque esa es otra. Yo llevo mascarilla no porque crea que es útil y protejo a los demás, que no lo creo (todo es una industria de intereses creados), sino para que no me multen. Es triste desgracia. 
  •      Aunque parece ser que este temor a las multas, que nos ha estado acosando desde hace meses, no lo es tanto para tantos insensatos que acuden o acudían (porque ahora lo van a tener más difícil) a los botellones o eran asiduos del ocio nocturno. Ya que no tenían ningún miramiento en hacer toda clase de tropelías con tal de hacer de la diversión su objetivo más fundamental de existencia. 
  •      Para muchos la obligatoriedad de las mascarillas no es sino un obstáculo más que les impide salir a la calle, porque,  yo me cuento entre ellos, solo de pensar que tienes que estar todo el día con la mascarilla puesta se te quitan las ganas de salir. Ya solo queda la opción de reunirse en casa, que será lo siguiente que nos prohiban, cuando vean que la gente que ha dejado de salir, se lo monta en casa y se sigue contagiando. Al final no dejarán que vivamos. Porque poco a poco nos van quitando junto con la libertad, la vida misma. 
  •      Mientras tanto el presidente,  de vacaciones; cuando el noventa por ciento del país se ha quedado sin ellas debido a la pandemia, él por su cara chula se va de vacaciones, dejando el país sumido en el desconcierto. Pero la política es así, aunque no ha sido así en los países donde sus mandatarios han permanecido al pie del cañón. Porque sí, en una situación como la que estamos viviendo no queda sitio para descansar cuando la nación entera está en pie de pandemia. Lo malo va a ser que ahora, cuando vuelvan de vacaciones nos a poner la soga al cuello con más normas y van a terminar de cargarse la poca libertad que todavía nos queda, o debo decir, quedaba. 
  •      Y si las mascarillas son tan efectivas ¿cómo es que cada día siguen aumentando los contagiados? Porque con mascarillas o sin ellas, seguimos como seguimos y la ola pandémica sigue su evolución. Yo creo que, independientemente de que debamos cuidarnos, las actuales normas no sirven para nada. Como no sirvió de nada quedarnos en casa, cuando nos quitaron la libertad de desplazarnos para procurarnos el sustento. 
  •      Mientras tanto vemos hundirse negocios cada día, porque lo que se ha hecho con los autónomos es obligarles a un suicidio sin precedentes. Si, se les permitió aplazar las cuotas a la seguridad social; pero ahora hacienda se está quedando la devolución que les correspondería de la declaración de sus rentas. La seguridad social está retrasando el pago de los ertes, abocando a tantos empresarios a una muerte indigna de sus negocios. Para que mientras tanto nuestro presidente se vaya de vacaciones, sin  sentir el más mínimo escrúpulo por abandonar el barco y mirar por su recreo, cuando esos ciudadanos a quienes ha despojado del pan caminan hacia el precipicio. ¡Qué valiente es nuestro presidente! 
  •      Ignoro cómo podrá sobrevivir gran parte de la hostelería, si no se reinventa, a todo este despropósito; no sé cómo podrán salir adelante tantos miles de familias si el gobierno corta la fuente de sus ingresos. Porque quitar el ocio nocturno es a mi parecer una barbaridad. ¿Acaso el virus solo se transmite a partir de la una de la madrugada?¿Me quieres decir que hay más movilidad a esas horas, que a las ocho o a las dos de la tarde? 
  •     Sin duda que no, pero hay que prohibir algo para que parezca que quienes gobiernan y se han ido de vacaciones, están haciendo algo. Algo si que están haciendo, dar palos de ciego y si aciertan será por pura casualidad no porque haya habido inteligencia en el golpe. 
  •      Ignoro qué nos queda por hacer sino tener paciencia y esperar que el virus caiga derrotado, no sé si por el efecto de una vacuna o porque alguna de las medidas que se han tomado haya funcionado de casualidad. 
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domingo, 19 de julio de 2020

El retorno de lo absurdo y vuelta a tropezar con las mismas piedras.

     
     Después del descanso politiquero que me he  tomado, aburrida de tanto desatino y cansada de ver cómo nuestros políticos se pelean, retomo mi blog con la esperanza de poder comentar algún día alguna cosa positiva, como por ejemplo que ha terminado la pandemia. 
    Mucho me temo que tenemos todavía covid19 para rato, porque con la vuelta a la "nueva normalidad" los brotes se han disparado de nuevo. Puede ser  que la  gente no tiene claro todavía que hay que mantener distancia de seguridad y usar mascarilla. Porque tenemos los dos contrapuntos, los que la llevan a todas horas y los que no la llevan nunca. Pero claro si cada día estamos viendo las disputas y rencillas de quienes gobiernan ¿cómo vamos a creer que están en lo cierto cuando nos imponen estas medidas y que verdaderamente nos van a servir para algo?
     Podían empezar por renunciar a las dietas por desplazamiento, ya que no se han desplazado, salvo unos pocos. Porque es una vergüenza que solo un político lo haya hecho, Odón Elorza. Además de que tampoco han trabajado pero sí que han cobrado su sueldo íntegro. ¡En qué país vivimos! 
     En cuanto a la "nueva normalidad" (que dicho sea de paso ya podían haberla llamado de otra manera) ya se ha visto que no  todos la aceptamos como deberíamos. Porque viendo cómo se ha lanzado la gente como una marabunta a sus segundas residencias, no parece que para ellos la nueva  normalidad vaya a ser diferente de la antigua. Pero claro como Sánchez ha dicho "venga todos a veranear", pues allá que vamos, a pesar de que Simón ha aconsejado que solo se realicen los desplazamientos necesarios. Un toque de cordura y sensatez que no se sabe cuánta gente ha oído. Creo que casi nadie.
     A los que no nos llegaba para vacaciones en la antigua normalidad, sigue sin llegarnos en la nueva, con lo cual podremos cumplir el precepto y no nos desplazaremos si no es necesario, o sea nunca. 
    Pero hay que mover la economía, que tanto desastre nos ha traído, y para ello son necesarios los desplazamientos; hay muchos miles de personas que dependen del turismo y no iba a servirnos de nada salvarnos del covid19 si luego nos morimos de hambre.

     Y ya vemos qué nos trae esta normalidad tan poco normal, un aumento de contagios y la vuelta de las restricciones. El uso de la mascarilla es obligatorio en la práctica totalidad de las Comunidades, porque pretenden hacernos creer que ahí está el meollo de la solución para erradicar esta pandemia. PERO NO. 
Ahí está el meollo para poder decir que la pandemia no acaba porque los ciudadanos no se ponen las mascarillas. Pero resulta que nos la vamos a poner, por convencimiento propio o por miedo a las sanciones, y la pandemia no va a parar, porque, entre otras cosas, el gobierno sigue sin hacer los deberes. Sigue desoyendo el mandato de la Oms, de hacer test en cantidad para aislar los contagios. Pues señor, en este país en lugar de aislar los contagios, se aíslan  personas sanas, que es mucho más socorrido y se acaba antes con menos esfuerzos y menos medios; porque resulta que los medios o el dinero que cuestan los medios, les hacen falta a los gobernantes, seguramente para seguir robando. 
     No entendemos que después de 4 meses de pandemia el gobierno siga asegurando que hay medios en los hospitales para atender los casos y mientras tanto haya hospitales donde los trabajadores siguen echando mano de las bolsas de basura para fabricarse medios de protección.
     Después de 4 meses de pandemia por fin se hace obligatorio el uso de mascarillas para casi todo momento. ¿Esto es todo lo que ha aprendido el gobierno? Imponer mascarillas y aislar gente sana. Pues ¡vaya gobierno de habas!
     ¿Dónde están los epis que faltan?¿dónde los rastreadores que son necesarios?¿Dónde los test masivos para aislar enfermos? La respuesta es clara: están en la responsabilidad de los ciudadanos. Y con responsabilidad todo arreglado. PUES NO. Con responsabilidad permanecimos confinados en casa y seguimos las instrucciones que dio el ministerio de sanidad, a costa de nuestras libertades fundamentales, a costa de no poder salir a buscar el sustento (todavía hay miles de ciudadanos que no han cobrado los ertes), a costa de nuestra salud, porque hay mucha gente a la que la pandemia les ha hecho un agujero en la salud y no solo por el covid19. Mientras tanto el gobierno compraba mascarillas y test defectuosos, porque los países más espabilados habían comprado los buenos.Pero este gobierno no es que sea muy previsor. 
     Y no ha aprendido a serlo porque 4 meses después de iniciarse la pandemia sigue dando palos de ciego y pidiendo responsabilidad a los ciudadanos,porque él no sabe nada mejor. Así pretende camuflar sus fallos para que no descubramos su incompetencia, así si algo falla la culpa será de los ciudadanos. Ciudadanos divididos por obra y gracia de un gobierno nefasto, que sigue convencido de que mientras el río esta revuelto el divide y vencerás es la mejor arma para tener entretenida a la ciudadanía. 
            Ahora son los gobiernos autonómicos quienes tienen la competencia de sanidad, otra cabeza de turco para el gobierno central, que ya puede echar la culpa a los ciudadanos y a las Comunidades del avance de la pandemia. 

     Y No. Si la pandemia no remite, no será culpa de los ciudadanos, será culpa de la sordera del gobierno que desoyendo el mandato de la Oms sigue haciendo lo que le sale de los cataplines. Hagan test, señores, aislen contagiados. Porque dónde se ha visto que se aislen personas sanas.Salvo en las películas de zombis en ninguna parte. 
     Me gustaría dar un voto de confianza a los gobiernos autonómicos a ver si lo hacen mejor, pero mucho me temo que siguen sin medios, aunque le pongan ganas. No sé si volveremos a confinarnos, espero que no; aunque con la obligatoriedad de llevar mascarillas a todas horas, salvo excepciones, vamos a pensar mejor cuántas veces pisamos la calle y a dónde vamos. Quizá nos reuniremos en las casas, libres de mascarillas, con lo cual no habremos echo nada. Porque lo que hay que hacer no es obligar a llevar mascarillas a todas horas, lo que hay que hacer en vigilar los núcleos de contagio, a saber, los sitios cerrados principalmente, las reuniones familiares y las aglomeraciones. ¿Qué hacemos llevando mascarillas por la calle de un pueblo, donde no es probable que te cruces con nadie? Del género absurdo es esto.
     Tan absurdo como volver a tropezar en la misma piedra una y otra vez. 

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