domingo, 13 de noviembre de 2011

Un antes y un después

A menudo nos encontramos en la vida con situaciones que se convierten en el eje y solemos decir que desde entonces habrá  un antes y un después. Porque a veces los sucesos que vivimos nos cambian y pueden hacernos mejores o peores personas. A menudo no encontramos explicación, o al menos la explicación que desearíamos, a todas esas situaciones. Es entonces cuando nos lanzamos a una vorágine de búsqueda de respuestas, en un intento desesperado de volver del revés esa situación que no creemos merecer, que pensamos que nuestros seres queridos tampoco deberían merecer.
Pero ¡quién dijo que cada pregunta tenga su respuesta! El silencio ocupa todos los huecos que esos interrogantes horadan en nuestro interior, un tremendo silencio que ahogado entre lágrimas, que nunca debieron derramarse, nos recuerda que tampoco esta última pregunta tiene respuesta.
Y, aunque lo sabemos, nos preguntamos ¿por qué? y miramos a nuestro alrededor con insistencia, en un intento también desesperado de que ocurra algo que lo cambie todo. La impotencia se apodera de nosotros agarrándonos con las crueles zarpas de la realidad, nos zarandea en un intento también desesperado de que recobremos la consciencia y asumamos que esta situación, como muchas otras, es real y quedará marcada para siempre con un antes y un después.