miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Sabemos escuchar?

Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar. (Winston Churchill)

6 comentarios:

angelpito injurioso dijo...

No es lo mismo oir que escuchar,ni ver u observar.Tampoco es lo mismo empapelar que te empapelen.

carlos de la parra dijo...

Concuerdo.Recibe bienvenida a:
http://www.themicrostories.blogspot.com

Pizpireta dijo...

¿esto salía en barrio sésamo?

pelarinrinrin dijo...

Por desgracia pocos saben escuchar de verdad, del mismo modo que pocos dicen algo cuando hablan.

Clara dijo...

Hay gente que no habla,nos pueden interesar, pero a veces solo indica que no tienen nada que decir.
Todos podemos ser una gran oreja y seguramente, no nos perderiamos tantas cosas.

Bsss

Palas Atenea dijo...

Qué gran verdad estas palabras de Churchill, un tipo de lo más agudo. Hay mucha gente que no escucha a la gente sensata que se levanta para hablar, y hay veces que hay que levantarse para ello. Por ejemplo, estoy muy indignado porque me he paseado por la sección de libros de el Corte Inglés, la Casa del Libro y la Fnac, he llamado por teléfono a otras tiendas de estas empresas y se han retirado de la venta todos los ejemplares de ‘Coincidencias’, una novela de Sergi Durà, tras la presión de la cadena de radio religiosa por excelencia a los grupos que la distribuyen y la demanda civil presentada por cierto partido político conservador contra Sergi Durà. Por lo visto, ya sabemos lo mal que les sienta a algunos que un libro mezcle sexo, chicas con minifalda y políticos corruptos. El dueño de Ambra, la pequeña librería que me lo ha conseguido, no sin dificultad, me ha dicho que, entre altas dosis de sexo, se burla sin clemencia alguna de políticos corruptos y de otras cosas. Y se han presionado para librarse de ella sólo por párrafos como éste, sobre la corrupción:

"... Pasa, sobrino, pasa y siéntate. Te decía que os sentáis con el concejal a comer y os lo inventáis; no se te habrá ocurrido dejar a cuarenta obreros en el paro y a mi amigo Pablito sin negocio, ¿verdad? Pues entonces. Hombre, yo que sé, pues que desmonten una avenida y la vuelvan a montar. Organizáis un concurso público que sólo cumpla las condiciones Pablito y ya está".

La novela no tiene desperdicio, parece ser, pero para haceros con ella tendríais que encargarla. Es una pena que se obstaculice la circulación de algunas obras; da mucho coraje y le hace pensar a una en qué país vivimos.