jueves, 24 de diciembre de 2009

Ante el Portal (cuento de Navidad)



Manuel llevaba doce meses en el paro y el peso de los pagos que debería haber hecho se le estaba apoderando. Era Navidad, pero este año no podría celebrarla de ninguna manera especial, sin dinero ni para comprar lo más elemental ¡cómo iba a permitirse comprar regalos o comida de festejo! Sus hijos este año no tendrían regalo de reyes, ni turrón, y es posible que ni siquiera ilusión.
Y tan desesperado estaba ante esta perspectiva que se lanzó a caminar por las calles abarrotadas de gente con inmensos paquetes, llenas de lucecitas de colores, de cantos de villancicos que animaban a comprar, comprar y comprar.
De pronto, cuando pasó ante el portal de Belén, situado en mitad de la plaza de Pilar, se le ocurrió una idea, acercarse hasta el Nacimiento y pedirle un milagro al Niño Jesús.
Y mientras pensaba qué le diría al Niño, vio que una niña de unos nueve años estaba hablando con el Niño con una actitud de súplica. Se acercó lo más que pudo y pudo oír sus palabras: " Tu que lo sabes todo debes de saber que hace tiempo que voy al médico desde que me diagnosticaron una enfermedad rara que nadie entiende. Veo como la vida se apaga en mi cuerpo y aunque tengo ganas de vivir, las fuerzas se van marchando cada día y la tristeza se apodera de mí. Mi madre está triste, porque sabe que me queda poco vida y, aunque intenta disimular para que yo no me cuenta, veo el enorme sufrimiento que le produce la idea de perderme. No me importan los dolores a los que ya estoy acostumbrada, pero querría pedirte un regalo por Navidad. Quiero vivir, para que mi madre deje de sufrir, quiero volver a ser una niña como las demás, para que ella vuelva a sonreír"
Emocionado ante estas palabras, Manuel se colocó ante el Nacimiento y cuando la niña se hubo marchado se dirigió ante el Niño y le pidió su regalo de Navidad: "concédele su deseo a la niña, permítele vivir"
Y regresó a casa con una extraña sensación entre congoja y bienestar, le dio gracias a Dios por la familia que le había dado, dejaron de importarle sus problemas, porque sabía que tarde o temprano saldrían adelante.
Aquella noche iba a ser la mejor Noche Buena que había vivido.Cuando llegó a casa abrazó a su mujer y a su hijas y se sintió el hombre más afortunado del mundo.

1 comentario:

Julita Fernández (Profesora) dijo...

Sofi, mis mejores deseos para ti y para los tuyos en este 2010 que va a comenzar y durante los 150 años que seguirán.
Un abrazo. ¡Feliz Navidad!