lunes, 12 de noviembre de 2007

En los límites (relato)




En los limites entre la realidad y los sueños, del consciente y el subconsciente, del día y la noche, del calor y el frío. Exactamente allí se ha desarrollado toda mi vida. He vivido a caballo entre ambos lados del espejo, unas veces aquí otras allá. Y en algunas ocasiones he llegado a confundir ambos lados, sin saber exactamente en cual de ellos me hallaba. No sabía si estaba despertando de un sueño y regresando a mi realidad, o me escapaba de la realidad para vivir una pesadilla. A veces me sentía tan bien que no quería despertar y en cambio en otras ocasiones intentaba despertar por todos los medios de aquellas horribles pesadillas y no podía. Y casi siempre me hubiera gustado que los sueños fueran realidad y que la realidad fuera una pesadilla.

Pero la vida está allí y ni los sueños se cumplen, dejarían de ser sueños, ni la realidad puede ignorarse, seríamos zombis si lo hiciéramos.

Una vida atemporal en cada momento porque nunca los momentos vividos se correspondían con los que me hubieran tocado vivir. Una madura infancia inhabitual en una niña de corta edad. Viviendo cada época a destiempo, como vivir mis cincuenta años a los siete, y mis dieciocho a los cincuenta. Es una extraña manera de vivir la vida, pero ha sido mi extraña manera de vivir, la que me ha convertido en la que soy y aunque no repetiría ninguna de mis etapas anteriores, no me arrepiento de ninguna de ellas, ni rectificaría nada de lo que hice, aún sabiendo que iba a sufrir las mismas consecuencias.
Con una pesada carga a mis espaldas he logrado sobrevivir y subir a la cima donde me encuentro y como cada vez estoy mas arriba la carga cada vez me pesa menos.
Con unos pocos buenos amigos, muchos sufrimientos y desencantos y algunas pequeñas alegrías he conseguido llegar a donde estoy y aunque he descubierto que la felicidad no existe he conseguido de alguna manera aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, que casi siempre pasan desapercibidas, pero están allí para recordarte que la vida sigue.

Y ahora que todo me parece lejano, aunque lo veo entre neblina, comienzo a verlo con la claridad de los ojos, que miran más allá de lo material para descubrir la verdadera esencia de las cosas. Porque una de las cosas que me ha enseñado la vida es a mirar mas lejos de los colores, para descubrir la fuente del color, más lejos de los sonidos para encontrar la primera palabra, y mas lejos de las palabras para llegar al mas puro pensamiento, incluso mas lejos del pensamiento…mucho mas lejos, para encontrarse con uno mismo.

Comencé mi vida luchando, ya que casi muero nada mas nacer, y desde entonces no he parado de luchar. He tenido que batallar las mas nimia brizna de felicidad, el logro mas pequeño; cuando a otros se les ha regalado casi todo yo he tenido que hipotecar mi vida para conseguirlo. Pero no me lamento por ello. Cada cual debe vivir su vida sin mirar a los que tiene más pero tampoco a los que tienen menos. Cada uno es una experiencia sin repetición que no tiene parangón con nada que exista en otro lugar.

Por eso me he considerado siempre una mujer única, no por extraordinaria, sino porque me he querido conceder a mi misma el capricho de pensar que ninguna otra mujer podría ser jamás como yo, porque es imposible que otra haya vivido lo mismo que yo, haya sentido como yo, haya sufrido como yo y que sea capaz de mirar la vida, como la miro yo, de ver lo que yo veo, de escuchar lo que yo escucho y de sentir lo que yo siento en cada momento. Y sobre todo ninguna otra mujer ha podido ser capaz de entregarse y de amar como yo lo he hecho.

Quiero pensar que mi vida irrepetible ha sido tan densa que ninguna otra persona hubiera podido aguantar lo que he tenido que aguantar yo, no porque yo esté hecha de una materia diferente, sino porque la constancia y la tenacidad con que he vivido mi vida, no la he notado nunca en ninguna otra persona. Y a pesar de que en algunas ocasiones he pensado incluso en prescindir de mi vida, en estos momentos por nada del mundo renunciaría a ella.

Siofía Campo Diví

2 comentarios:

geraldo dijo...

Querida Sofia,
Os limites são áreas em que realmente não sabemos direito onde estamos. Chega a nos confundir.
Depende muito do estado de espírito que nos encontramas na ocasião.
Um abraço
Geraldo

unjubilado dijo...

Yo casi siempre he estado a este lado del espejo aunque en ocasiones lo he llegado a dudar.

Este fin de semana espero pasar por Cotefablo, y si nevara mucho a la vuelta lo haría por Ainsa y Barbastro.
Saludos