viernes, 30 de noviembre de 2007

Solo mis manos (para quienes buscan sentido a su vida)





En una ciudad, cuyo nombre no importa, ocurrió lo que voy a contaros esta tarde.
Una niña se paseaba por las calles en busca de un poco de ….bueno no importa lo que buscaba, eso sería materia para otro cuento; el caso es que después de caminar toda la tarde, pasó por delante de una joyería en cuyo escaparate se exponía un extraño diamante que brillaba hasta el punto de cegarla.
Empujada por la curiosidad se aproximó para ver que era aquello y cuando estuvo cerca se maravilló de tal manera ,que se quedó como petrificada. Jamás había contemplado una piedra tan bonita, ella hubiera jurado que esas piedras solo se encuentran en los cuentos.
Desde el mismo momento en que lo vio se enamoró de él y deseó con todas sus fuerzas que aquel diamante le perteneciera algún día.Pero pasaban los días y por más que lo contemplaba no había manera de hacerse con él. Muchas veces se quedaba observándolo de lejos, sin que él se diera cuenta y veía cómo otras personas se le acercaban y lo admiraban, pero él permanecía impasible y quieto.
Mientras tanto en su interior ella se preguntaba a si misma qué haría con él, en caso de que pudiera obtenerlo algún día, y se veía en un futuro imaginario cuidándolo cuidadosamente, mimándolo, acariciándolo. Imaginaba que lo miraría todos los días para procurar que no le ocurriese nada.
No se cansaría de mirarlo porque el resplandor, que emanaba de él, sería para ella dicha suficiente mientras viviera. No pensaba que pudiera necesitar ninguna otra cosa más para ser feliz.
Pero…….un buen día cuando se aproximó hacia el escaparate comprobó aterrorizada que había desaparecido. No lo podía creer, pero no le quedó más remedio que resignarse ante la impotencia de poder conseguirlo algún día.
Claro, pensaba ella, ¡cómo iba a ser para ella una cosa tan bonita! Si no tenía ningún estuche apropiado para conservarlo; seguramente lo habría comprado alguna persona rica, ó lo habrían robado aquella noche, ó simplemente habría desaparecido.
¡Cómo iba a ser para ella aquella cosa tan bonita, si no tenía más que sus pequeñas manos para guardarlo!.
Aquella noche, después de llorar durante horas cayó profundamente dormida y soñó con aquella piedra, cómo se había caído sin que nadie se diera cuenta y se había roto en mil pedazos.
Entonces despertó y supo lo que había pasado. Corrió hacia la joyería, entró en su interior y miró hacia el suelo, el diamante todavía seguía allí, desparramado por el suelo. Se arrodilló y lentamente fue cogiendo los pedacitos uno a uno y los fue guardando en sus manos, intentando darles calor; los miró con ternura, los acarició y se los quedó mirando. ……entonces supo que eran sus manos el único estuche que aquel diamante había deseado silenciosamente cada día que pasó en aquel escaparte. Ahora estaba convertido en mil pedazos, pero a ella no le importaba. Porque en ningún momento dejaría de amarlo. Aunque estuviera roto en pedacitos, aunque se apagara su brillo.
Se lo llevaría con ella, lo cuidaría y lo mimaría hasta que sus pedazos volvieran a unirse y su brillo volviera a él. Se lo quedó mirando de nuevo…..¡ Jamás había visto cosa más bonita!





1 comentario:

unjubilado dijo...

Precioso relato, quizás el diamante no volviera a unirse, pero ella consevaría sus pedacitos como si fueran retazos de su vida.
Un abrazo