jueves, 25 de febrero de 2010

¡Levanta la pierna, salta la valla!

Tenían una habilidad especial para meterse en situaciones complicadas (María Calamidad y su amiga Ahcan) y desde que se conocieron habían pasado más de un apuro, intentando sortear alguno de los imprevistos, que se les ponían por delante. Como aquella tarde, cuando se dirigían a un colegio de Zaragoza, para dar unas clases de técnicas de estudio, y una valla (no demasiado alta, todo hay que decirlo) se puso en su camino. Habían elegido la distancia más corta para acceder al recinto, pero ¡cual sería su sorpresa! cuando se dieron cuenta de que no habían contado con la presencia de una dichosa valla, que había que saltar si querían llegar al Centro.
¿Qué hacemos ahora?, le preguntó Ahcan a Calamidad con mirada de horror. Ésta le respondió: ¡levanta la pierna y salta la valla!. El problema no hubiera sido grave, a no ser por la circunstancia de que Ahcan, llevaba falda y, claro, como levantar la pierna bastante, era lo único que podían hacer para llegar al otro lado, el problema era evidente.
Calamidad comenzó a reír, con una risa contagiosa, que hizo que Ahcan comenzara a reír también , viéndose obligada a desistir del intento de saltar. Tal era la situación, que no había manera de pasar al otro lado, porque era imposible montar el numerito entra tanta risa.
Hay que decir que las protagonistas no eran unas chiquillas precisamente, andarían por los treinta y tantos más o menos, con lo que quedaba demostrado que su agilidad, para sortear este obstáculo dejaba algo que desear. Las dos se miraban y viéndose tan ridículas volvían a reír. La gente las miraba con ojos de sorpresa y hacían muecas, que mejor no descifrar, porque solo de pensarlo, les daba más risa todavía.
Finalmente (después da varios intentos) fueron capaces de saltar la valla, para acceder al centro educativo, donde impartieron sus respectivas clases.
Aprendieron una lección de esta anécdota, no volver a usar falda, por si las vallas, no fuera a ser que se volvieran a ver en la situación, de tener que demostrar de nuevo sus habilidades deportivas. ¡Qué decir tiene! que recuerdan esta anécdota a menudo y vuelven a reír como entonces, recordando esos viejos tiempos pasados que ¡quién sabe! si volverán algún día!.
Dedicado a Ahcan.
(Si lee esto alguno de aquellos que pasaron aquel día por allí recuerden, que cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad)

3 comentarios:

María dijo...

Parece una anécdota divertida, me imagino a las dos de tal guisa, no os metáis en más líos, por favor. Saluda

José Luis dijo...

Anda que ya os vale.Pero no deja se ser una situación diverida, que me gustaría haber visto. Besos

Lola dijo...

A mí tambien me hubiera gustado estar, solo por verlas reir. Seguro que yo tambien me lo habría pasado igual que de bien que ellas.
¡Cuidado con las faldas!
Un saludo.