viernes, 5 de marzo de 2010

Como todos los martes (ficción)

Y como todos los martes se acerca hasta el parque, donde dormita esperándola, mientras sueña con ella. La recuerda hermosa, con el vestido rojo, aquel que llevaba cuando la conoció hace cuarenta años, y la sigue viendo preciosa, como si el tiempo se hubiera detenido aquel día.
Al cabo del rato, como todos los martes, siente un susurro a su lado, se gira y comprueba que ha llegado y está sujetándole la mano.
La mira con ternura y le dice “¡señorita! ¿me concede este baile?”. Ella responde bajando los ojos con timidez. Exactamente igual que entonces.