miércoles, 27 de febrero de 2008

Como un perro callejero (Relato)


Se ha quedado sentada sobre el suelo, con las piernas encogidas, abrazada a si misma, con la cabeza hundida en sus rodillas. Mientras, se hace preguntas que no puede responder. ¿Por qué? ¿Por qué? Y continúa llorando sin el cobijo de alguien que pueda consolarla. Permanece sola en un rincón de la habitación, de esa habitación horrible, sin ventanas, sin adornos, sin cariño. No, sabe qué hacer, ni a dónde ir, ni siquiera sabe si desea seguir viviendo. Y recuerda los días
que amaba la vida, que había ventanas en su casa, adornos, cariño, pero no sabe qué ha sido de todos ellos.
Todavía le duelen los palos sobre su espalda, las patadas sobre su vientre, las palabras injuriosas; la ira de su compañero se ha cebado con ella, como si fuera un perro callejero que no merece vivir y ha intentado quitarle la vida. Cuando se ha quedado maltrecha sobre el suelo, él lo ha creído así, y ha salido corriendo, seguramente para esconderse, lejos del remordimiento que le persigue. Y después de unos minutos, ella ha recobrado el conocimiento y se ha quedado sentada sobre el suelo. Quiere salir corriendo pero no puede, le da miedo que la busque, que la mate y no se atreve a pedir ayuda.
A duras penas ha conseguido levantarse y arrastrándose sobre sus pies ha conseguido llegar al cuarto de baño, se ha mirado en el espejo y se ha visto irreconocible, sus ojos amoratados esconden el verdadero color de su mirada, que en esos momentos es fría y dura. Ella sabe que él regresará y le pedirá perdón, prometiéndole que no volverá a pasar, que está dispuesto a cambiar. Pero ella sabe, porque ha escuchado eso muchas veces, que nunca cumple su promesa, porque no puede, porque no quiere ¡qué más da ya!
Ha recorrido su casa, cruel mazmorra de tantos años que desea olvidar, y de repente, lo ha visto todo claro. Se ha dirigido a la puerta, la ha abierto y bajando las escaleras ha llegado a la calle. Después de sentir el sol en su rostro ha pensado que merecía otra oportunidad, pero en esta ocasión se la ha dado a si misma, ha seguido caminando por la calle hasta que ha llegado a la comisaría de policía....
(Por el fin de los malos tratos y la violencia de género)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué está pasando, que morimos más mujeres a manos de nuestras parejas, que por violencia terrorista o por accidentes de tráfico? Yo creo que si a un maltratador se le tratase como a un terrorista desde la primera amenaza, no llegaría a matar con la alegría que está matando.
POR FAVOR, NO NOS CRUCEMOS DE BRAZOS ANTE ESTA LACRA.NOS INCUMBE A TODOS ACABAR CON ELLOS.

Leodegundia dijo...

Esto de los malos tratos se está convirtiendo en tan habitual que ya ni llama la atención. Me pregunto el por qué los que tienen el poder de hacer algo con las leyes no lo hacen.

JoseAngel dijo...

El homicidio "en pareja" y entre conocidos es una de las formas más repugnantes de este crimen. Y los asesinos son en general hombres, así que a vigilarlos... Pero una cosa que se suele pasar por alto es que de todas las víctimas de asesinatos y homicidios (o sea, incluyendo a los cometidos por enemigos o por desconocidos) hay muchísimos más hombres que mujeres. Pero con diferencia. Ahora, que a estos parece que los tenga que partir un rayo, visto el caso que se les hace en las noticias... las muertes de hombres no son motivo de escándalo ni alarma para nadie, si se exceptúan sus familiares.
http://www.elpais.com/articulo/
cataluna/sexo/homicidio/
elpepuespcat/20031127elpcat_3/Tes